The ECB’s Battle against Central Banking


J. Bradford DeLong

2011-10-31

BERKELEY – When the European Central Bank announced its program of government-bond purchases, it let financial markets know that it thoroughly disliked the idea, was not fully committed to it, and would reverse the policy as soon as it could. Indeed, the ECB proclaimed its belief that the stabilization of government-bond prices brought about by such purchases would be only temporary.

It is difficult to think of a more self-defeating way to implement a bond-purchase program. By making it clear from the outset that it did not trust its own policy, the ECB practically guaranteed its failure. If it so evidently lacked confidence in the very bonds that it was buying, why should investors feel any differently?

The ECB continues to believe that financial stability is not part of its core business. As its outgoing president, Jean-Claude Trichet, put it, the ECB has “only one needle on [its] compass, and that is inflation.” The ECB’s refusal to be a lender of last resort forced the creation of a surrogate institution, the European Financial Stability Mechanism. But everyone in the financial markets knows that the EFSF has insufficient firepower to undertake that task – and that it has an unworkable governance structure to boot.

Perhaps the most astonishing thing about the ECB’s monochromatic price-stability mission and utter disregard for financial stability – much less for the welfare of the workers and businesses that make up the economy – is its radical departure from the central-banking tradition. Modern central banking got its start in the collapse of the British canal boom of the early 1820’s. During the financial crisis and recession of 1825-1826, a central bank – the Bank of England – intervened in the interest of financial stability as the irrational exuberance of the boom turned into the remorseful pessimism of the bust.

In his book Lombard Street, Walter Bagehot quoted Jeremiah Harman, the governor of the Bank of England in the 1825-1826 crisis:

“We lent…by every possible means and in modes we had never adopted before; we took in stock on security, we purchased exchequer bills, we made advances on exchequer bills, we not only discounted outright, but we made advances on the deposit of bills of exchange to an immense amount, in short, by every possible means consistent with the safety of the Bank, and we were not on some cases over-nice. Seeing the dreadful state in which the public were, we rendered every assistance in our power…”

The Bank of England’s charter did not give it the legal authority to undertake such lender-of-last-resort financial-stability operations. But the Bank undertook them anyway.

Half a generation later, Britain’s Parliament debated whether the modifications of the Bank’s charter should give it explicit power to conduct lender-of-last-resort operations. The answer was no: granting explicit power would undermine confidence in price stability, for already there was “difficulty restrain[ing] over-issue, depreciation, and fraud.” Indeed, granting explicit lender-of-last-resort powers to the Bank of England would mean that the “millennium of the paper-mongers would be at hand.”

But the leaders of Parliament also believed that the absence of a codified authority to act as lender of last resort would not keep the Bank of England from doing so when necessity commanded. As First Lord of the Treasury Sir Robert Peel wrote: “If it be necessary to assume a grave responsibility, I dare say men will be willing to assume such a responsibility.”

Our current political and economic institutions rest upon the wager that a decentralized market provides a better social-planning, coordination, and capital-allocation mechanism than any other that we have yet been able to devise. But, since the dawn of the Industrial Revolution, part of that system has been a central financial authority that preserves trust that contracts will be fulfilled and promises kept. Time and again, the lender-of-last-resort role has been an indispensable part of that function.

That is what the ECB is now throwing away.

J. Bradford DeLong, a former assistant secretary of the US Treasury, is Professor of Economics at the University of California at Berkeley and a research associate at the National Bureau for Economic Research.

Copyright: Project Syndicate, 2011.
http://www.project-syndicate.org

Los efectos devastadores de la austeridad


José Carlos Díez

Si pinchas aquí podrás acceder al informe trimestral de la economía española. En su resumen ejecutivo de las dos primeras páginas hacen una visión certera de la situación coyuntural de la economía española. El Banco estima que el crecimiento trimestral se estancó 0.0% en el 3tr11. No obstante deja la posibilidad de error ya que el INE revisará las series históricas por metodología aprobada en Eurostat para todos los países europeos. Este economista observador ya anticipó tras el dato de EPA que el dato estaría entre 0.0% y 0.1% por lo que el dato está dentro de lo esperado pero como suele ser habitual el Banco se sitúa en el rango bajo. El Banco usa los mismos modelos de estimación del INE pero son modelos con margen de error y el error nunca ha supuesto una desviación superior a una décima.

La descomposición remarca aún más la tendencia de dualidad que se mantiene desde 2009. Nuestras exportaciones de bienes y turísticas mantienen su dinamismo y confirman que nuestros supuestos problemas de competitividad eran una ilusión óptica provocada por la burbuja inmobiliaria. Pinchada la burbuja ha aflorado las mejoras de competitividad y productividad del resto de sectores, especialmente el industrial y de servicios de exportación que ayudan a explicar el buen comportamiento de nuestras exportaciones.

Pero la demanda interna dobla su caída en el 3tr11 con respecto al trimestre anterior hasta el 3% anualizado. El Banco confirma que tanto el consumo como la inversión privada crecen y mejoran con respecto al 2tr11. Es el consumo y la inversión pública la que explican el desplome de la demanda interna. Por lo tanto, el Banco confirma lo que este economista observador lleva advirtiendo desde la primavera cuando se reavivaron las tensiones financieras. Nos estamos pasando de medicación de austeridad y el enfermo volverá a recaer, pero no sólo en España el problema es generalizado para toda Europa y para la economía mundial.

El 75% de los 2.8 millones de trabajadores públicos prestan servicios en ayuntamientos o comunidades autónomas. Llevan cuatro años de crisis sin apenas recortar gasto y lo hacen todas a la vez, condicionadas por el ciclo político pero en el peor momento del ciclo económico. La reducción de personal reduce en la misma proporción al salario el consumo público que explica el 20% del PIB. Hablar de inversión privada en comunidades y ayuntamientos es un eufemismo ya que lo que me cuenta la gente del sector es que ha frenado en seco. Los que tanto criticaron el Plan E ahora tiene el resultado del no Plan E; recesión.

El problema de la economía española no es de potencial de crecimiento, como demuestran nuestras exportaciones, es de acceso a la financiación internacional. En 2012 vencen 130.000 millones de bonos bancarios, el 13% del PIB. Los bancos están captando 60.000 en nuevos depósitos pero es insuficiente. El porcentaje de esos bonos que se puedan refinanciar determinarán la intensidad de la restricción de crédito el próximo año y por ende el crecimiento, la creación de empleo y la tasa de paro.

La clave es que Europa solucione la crisis griega y el contagio. En clave doméstica el nuevo gobierno tendrá que adaptar la política económica a estas complejas circunstancias. Pero es clave entender la psicología de los inversores con el fin de facilitar la renovación de dichos vencimientos. Si las exportaciones pierden fuelle y la economía entra en recesión, los inversores aumentarán sus dudas sobre nuestra capacidad de pago, aumentará la prima de riesgo, tendremos más dificultades para refinanciar los vencimientos y la restricción de crédito profundizará la recesión.

En estos momentos es necesario que el cirujano mantenga la calma, que acierte con el diagnóstico y sobre todo con el tratamiento. Y en el tratamiento la clave es acertar con la intensidad de medicación ya que la dosis actual está provocando graves contraindicaciones. Es tan sencillo como retrasar un año nuestro compromiso de llegar al 3% de déficit en 2014, en vez de en 2013. De momento de los dos candidatos Rubalcaba ya ha dicho basta pero Rajoy sigue cómo Paco Martínez Soria en Don erre que erre.

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El Colegio de Economistas de Madrid se mueve


Carlos Berzosa*

publicado en EL SIGLO

En los últimos años, el Colegio de Economistas de Madrid languidece de tal forma que la situación a la que se ha llegado conduce a preguntarse si tiene algún sentido pertenecer a una organización que no aporta casi nada a los economistas. A esta pregunta muchos han contestado dándose de baja y otros ni siquiera se han dado de alta. Es cierto que se ofrecen una serie de servicios, cursos de formación y una revista, pero esto no es suficiente de lo que uno espera de un Colegio que agrupa a miles de economistas que pertenecen a varias generaciones de licenciados y graduados, sobre todo cuando se sufre un verdadero terremoto económico.

El Colegio, así por lo menos lo entiendo yo, además de defender intereses profesionales, que no tienen que ser gremialistas, y de ofertar diferentes servicios, debe ser un centro de debate intelectual, de confrontación de ideas diferentes, de reflexión, y de intervención en la vida pública. Todo ello ha brillado por su ausencia. Lo que más llamativo resulta de todo esto es el silencio de los economistas ante una situación grave y que no habíamos vivido con anterioridad. Se dan propuestas individuales, o de determinados colectivos, pero institucionalmente el Colegio permanece callado. Es evidente que al Colegio pertenecen economistas que tienen diferentes ideas, valores, y posiciones políticas. En consecuencia también se diverge en proposiciones de política económica. Por esto es por lo que no es una tarea fácil que el Colegio o la junta directiva haga declaraciones de naturaleza institucional. Pero una cosa es ser consciente de que no existe una posición unánime y otra cosa es que este hecho sirva como coartada para no decir nada.

La crisis económica ha cuestionado el paradigma que ha dominado en la enseñanza de la economía desde los años ochenta del siglo XX, y las acciones de política económica, que se han seguido en casi todos los países y a escala global, sustentadas en ese planteamiento económico cuyo eje central ha sido el fundamentalismo de mercado. La reacción ante la crisis ha sido, por lo general, la misma en la que se basaban esos enfoques teóricos. Tras un periodo de desconcierto y actuaciones urgentes y la puesta en marcha de políticas de estímulo, se ha vuelto a hacer lo mismo que se venía haciendo con anterioridad a la crisis. Las políticas de ajuste se han impuesto en la Unión Europea (UE), aunque muchos economistas hemos advertido de las consecuencias negativas que de ello se derivaban.

Tal como están desarrollándose los acontecimientos, cada vez más economistas y líderes políticos se están dando cuenta de los errores cometidos, y tratan de remediar las cosas con propuestas que ya algunos veníamos reclamando desde hace algún tiempo. En España, las cosas han ido mal y se trata, por tanto, de plantear otro tipo de política económica, que es la que, al igual que en otros países, parecía que se iba a realizar cuando la crisis hizo su aparición. Se preconizó incluso el regreso de Keynes, pero todo se quedó en agua de borrajas, cuando los fundamentalistas de mercado volvieron como zombis, tal como dice Krugman, pero a fin de cuentas regresaron tras una pausa de silencio y desconcierto que sufrieron al observar que la realidad no se desenvolvía como ellos en sus postulados teóricos habían previsto.

Por esta serie de razones, un conjunto de economistas hemos lanzado una candidatura ante las próximas elecciones para dirigir el Colegio de Economistas de Madrid, y para ello se ha elaborado un manifiesto con el nombre de Economistas frente a la crisis y que se puede encontrar en http://www.economistasfrentealacrisis.com, que pretende fundamentalmente posicionarse ante lo que está sucediendo y las respuestas que convendría dar. Se trata, por tanto, de comprometerse, y no quedar al margen, con una visión económica determinada, que difiere de la oficial y de la que se predica con cierta insistencia desde diferentes foros y medios de comunicación. La falta de predicción acerca de lo que se avecinaba y las malas respuestas dadas han desprestigiado ante la opinión pública a nuestra profesión, y a ello nos oponemos todos los que no hemos sido ni partícipes ni cómplices de lo que ha sucedido.

El objetivo principal es restaurar el prestigio perdido, algo que le incumbe al Colegio, así como participar del debate desde una plataforma tan importante como es esta institución, y comunicar a la opinión pública que no todos los economistas pensamos lo mismo, ni que todos estamos de acuerdo con las medidas de política económica que se están aplicando. En suma, lo que se persigue es acabar con el silencio que ha predominado hasta ahora, dar proposiciones, y regresar a enseñanzas que recibimos en la facultad por maestros que tuvimos realmente merecedores de ese título, y desechar el paradigma de las nuevas enseñanzas que han conducido a este retroceso teórico y de economía aplicada. En concreto, dar vida a una institución que se encuentra moribunda.

*Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Complutense. Concurre a la Junta del Colegio de Economistas de Madrid por la candidatura de ECONOMISTAS FRENTE A LA CRISIS

Be bold, Mario, put out that fire


Martin Wolf, FT- 26th october 2011

Dear Mario,

Congratulations and commiserations: next week, you will take up one of the most important central banking jobs in the world; but you will also bear a frightful responsibility. The European Central Bank alone has the power to quell the eurozone crisis. You must choose between two paths: the orthodox one leads towards failure; the unorthodox one should lead towards success.

The eurozone confronts a set of complex longer-term challenges. But the members will not get the chance to make needed adjustments and implement required reforms if it does not survive. The immediate requirements include putting Greece on a sustainable path; avoiding a meltdown in public debt markets of several large countries; and preventing a collapse of banks. Of these, it is the last two that matter.

The economist who has best explained the role of the ECB is Paul De Grauwe of Leuven university.* Why, he has asked, do rates of interest on the debt of several big eurozone member countries exceed the UK’s, even though the latter’s fiscal position is far from superior: Spain’s deficits and net public debt are lower than the UK’s; Italy’s debt ratio is higher but its deficit far smaller; and the French deficit is smaller, though its debt is slightly larger (see charts).

It is surely surprising that markets view UK debt less sceptically than those of the others. It is not because Anglophones have devised a cunning plot to destroy the euro; they are not that clever. To put Prof De Grauwe’s alternative explanation starkly, it is the central bank, stupid.

What, after all, determines the price of sovereign debt? Governments offer no collateral, while claims on tax revenue offer illusory security.

Consider the example of Italy: the net public debt is 120 per cent of gross domestic product; average maturity is seven years; and the fiscal deficit is 4 per cent of GDP. So its government needs to raise a fifth of GDP each year. Every creditor knows this. Suppose creditors feared that the government might be unable to borrow such vast sums. Could Italy survive by slashing spending? No. If the country tried to redeem its debt out of revenue, it would need to slash spending by far more than a fifth of GDP, overnight, since the very attempt would tip the country into a depression. No sane creditor imagines that a country could roll over its debt in this situation.

Government debt markets are lifted by their own bootstraps: the willingness to lend depends on the perceived willingness of others to do so, now and in future. Such markets are exposed to self-fulfilling runs and so need a credible buyer of last resort: the central bank. The UK has one. Your members do not. In effect, they borrow in foreign currency.

Of course, members can reduce the risks. They can have lower debts and deficits, though Spain actually began the crisis with less of both than Germany. They can borrow long: in the 19th century, much UK debt was irredeemable. They can promise fiscal austerity, though whether that helps depends on the expected outcome: a promise of endless austerity rarely breeds credibility.

Any effort by the ECB to be the lender of last resort that members need will start a firestorm of protest. People will argue that the central bank may lose money, exacerbate moral hazard and stoke inflation.

To the first of these objections, the right response is: so what? The central bank’s aim is to stabilise economies, not make money. Indeed, it is far more likely to lose money through half-hearted interventions than through forceful interventions that succeed. On the second, a clear understanding of the rules governing fiscal and economic policy is needed. You also need to decide whether a country is credibly solvent. Surely, Italy and Spain are. On the third, no good reason exists to expect an out-of-control inflationary process as a result of central bank monetary operations. The expansion of base money does not lead automatically to an expansion in the overall money supply, as you know well. Indeed, during the current crisis, the monetary base has become disconnected from the money supply in all big economies. That is what a financial crisis means.

Suppose the ECB did succeed in stabilising government bond markets in this way. It would also automatically stabilise the banks, since it is fears of sovereign defaults that are driving worries over banking insolvency. The capital to protect the European banking system from big defaults by important sovereigns simply does not exist. It is particularly ridiculous to suppose that sovereigns can provide effective insurance against their own default. Yet since there is no good reason for a well-managed eurozone to suffer such defaults in the first place, the answer is to stop them – at source.

The qualification is deliberate. A well-managed eurozone is one in which growth is sustained and adjustment promoted. Again, the ECB has the central role to play.

The eurozone as a whole did not suffer huge asset bubbles and consequent financial crises: these were limited to a few peripheral members. No good reason existed for a big recession and subsequent weak growth. Yet the ECB has permitted nominal GDP and the money supply (supposedly, the “second pillar” of its policies) to stagnate. In the second quarter of 2011, nominal eurozone GDP was a mere 1.4 per cent higher than three years before. Broad money grew at a compound annual rate of just over 2 per cent in the three years to the end of August. Again, core inflation – the only relevant target when commodity prices are so erratic – has run at a compound rate of 1.4 per cent a year in the three years to September. To any sensible observer, all this screams that ECB policy has been far too tight. If the eurozone is to enjoy any hope of adjustment with growth this must change, and now.

The eurozone risks a tidal wave of fiscal and banking crises. The European financial stability facility cannot stop this. Only the ECB can. As the sole eurozone-wide institution, it has the responsibility. It also has the power. I am sorry, Mario. But you face a choice between pleasing the monetary hawks and saving the eurozone. Choose the latter. Explain why you are making the choice. And remember: fortune favours the bold.

Yours,

Martin

* Only a more active ECB can solve the euro crisis, Centre for European Policy Studies, August 2011, www.ceps.be/book/only-more-active-ecb-can-solve-euro-crisis

martin.wolf@ft.com

Copyright The Financial Times Limited 2011. You may share using our article tools.

Entrevista al candidato a Decano, Jorge Fabra Utray


“El Colegio de Economistas de Madrid está callado, ausente del debate social”

http://www.nuevatribuna.es/articulo/economia/2011-10-23/-el-colegio-de-economistas-de-madrid-esta-callado-ausente-del-debate-social/2011102312433800604.html

La candidatura progresista encabezada por Jorge Fabra para las elecciones al Colegio de Economistas de Madrid que se celebran el próximo 3 de noviembre defiende la necesidad de que los economistas se pongan a disposición de las demandas sociales y de que contribuyan a cambiar los paradigmas dominantes.

nuevatribuna.es | | Actualizado 23 Octubre 2011 – 17:20 h.

Nuevatribuna.es | El próximo 3 de noviembre se celebran elecciones a la Junta de Gobierno del Colegio de Economistas de Madrid. Usted encabeza una candidatura junto a otros ex decanos como Juan Ignacio Bartolomé y Angel Mullor. ¿Qué les ha impulsado a dar el paso de presentarse?

Jorge Fabra | Fue un impulso moral. Por distintas razones, un grupo de economistas, echamos en falta una institución que suministrara a los economistas una plataforma independiente, solvente y rigurosa que permitiera debatir algunas cuestiones que nos preocupaban sobre la interpretación, los diagnósticos y las proposiciones que se estaban y se están haciendo desde la derecha europea sobre esta crisis que vivimos radiada y televisada en tiempo real.

A esta iniciativa también se han incorporado economistas muy jóvenes que tienen una elevada formación como, que conocen a la derecha de este país y que les preocupa, como nos preocupa a nosotros, el desplazamiento de toda posición progresista en las instituciones, sean cuales fueren estas, que están o van a estar controladas por los sectores más conservadores de nuestra sociedad, incluida, tras las próximas elecciones, la Administración General del Estado. Sobre esto no nos caben, lamentablemente, demasiadas dudas. No podíamos quedar indiferentes, mirar para otro lado.

El Colegio de Economistas de Madrid está callado, ausente del debate social

Llevamos ya más de tres años sumidos en una profunda crisis y a los economistas sólo se les oye desde instituciones como el Instituto de Estudios Económicos de la CEOE, del Banco de España, de FEDEA… no hay instituciones que den soporte a un pensamiento crítico con la política económica que se impulsa desde la instituciones europeas, abrumadoramente bajo control de gobiernos conservadores y cuyas proposiciones son pro cíclicas y, por consiguiente, contractivas. Esto nos deja perplejos. Nos parece que estas proposiciones infringen el sentido común que hemos adquirido como economistas en la Universidad y en nuestra experiencia profesional.

Y en esta perplejidad hemos reparado en que el Colegio de Economistas de Madrid, que agrupa a miles de economistas, está callado, ausente del debate social, mudo ante planteamientos económicos que la realidad está refutando, consintiendo que el pensamiento económico se invoque en vano. El Colegio es una institución muerta, sin pulso, ausente de la sociedad como si la realidad no fuera con el gobierno actual de la institución. Y habiendo reparado en que –aunque parezca mentira- el Colegio de Economistas de Madrid existe, decidimos impulsar una candidatura que intentara que el Colegio exista de verdad, que vuelva a hacer acto de presencia en la sociedad, que se constituya en una plataforma abierta a la sociedad para el debate y las propuestas.

En la actualidad muy poco se conoce en la sociedad madrileña de cuáles son las funciones del Colegio de Economistas. ¿Considera que el Colegio de Economistas de Madrid puede ser un organismo que recupere su actividad social y ser un altavoz de los debates económicos? ¿Cómo harán para abrirse a la sociedad?

El Colegio de Economistas vive una vida introvertida, presta servicios asistenciales a sus asociados como seguros médicos, seguros de vida, fondos de pensiones, organiza los turnos de oficio para atender solicitudes periciales de los tribunales y poco más. Poco más desde el punto de vista corporativo. Esto apenas ocupa al Colegio, apenas consume los recursos que obtiene por las cuotas colegiales. Los economistas forenses, los economistas auditores, los economistas asesores fiscales tienen sus propias asociaciones nacionales a las que acceden siendo colegiados en sus respectivos colegios de economistas y poco necesitan al Colegio mas allá de cumplir con el requisito formal de la colegiación, obligatoria para estos menesteres. Los recursos del Colegio están comprometidos, casi en su totalidad, en la Escuela de Economía a través de la cual el Colegio subvenciona cursos prácticos que aumentan la empleabilidad de los economistas en paro o en situación de empleo precario. Esto está bien. Pero el colegio debe ser algo más que una academia. Y subvenciona una magnifica revista de economía “ECONOMISTAS” que es necesario mantener y fortalecer en su autonomía académica frente a la intervención de la Junta del Colegio, al mismo tiempo que se incorpore, desde su autonomía y desde la libertad de su consejo de redacción, al debate y a la reflexión sobre la crisis y sobre la política económica que nos debe sacar de esta crisis. Así lo planteamos en nuestros compromisos electorales y así haremos si ganamos las elecciones.

Bajo su presidencia y la de sus compañeros de candidatura, se pusieron en marcha la revista Economistas, la Escuela de Economía y el Registro de Auditores Economistas. ¿Qué propuestas hace usted hoy para el mejor funcionamiento de estos servicios del Colegio? ¿Propondrá la creación de alguno nuevo?

Efectivamente, todo lo que hoy es el Colegio de Economistas de Madrid –y me atrevería a decir que también otros colegios de economistas de otras circunscripciones colegiales de España- fue puesto en marcha en los años 70 (finales) y 80 , con la culminación de la recuperación democrática de los colegios de economistas. Naturalmente, sus actividades han crecido y se han desarrollado a lo largo de los años, pero no cualitativamente sino sólo cualitativamente y hoy es necesario algo más. Algo que ya iniciamos cuando fue necesario un fortalecimiento de la sociedad civil, y que, en la crisis, como si la historia se repitiera, es necesario recuperar: la presencia activa de los economistas en la sociedad, una presencia necesaria para cortar la superchería tan abundante que maltrata y manipula el pensamiento económico, que tergiversa las enseñanzas de nuestros maestros. Poner, en fin, nuestros conocimientos al servicio de la sociedad, de una sociedad que nos ha suministrado, ella misma, a través de las universidades y de la enseñanza pública, los conocimientos que los economistas tenemos.

¿Qué intereses o criterios cree que les diferencian de la actual Junta de Gobierno? ¿Cómo definiría su candidatura?

El Estado del Bienestar no es un derroche sino la propuesta de Europa al mundo

Nuestra candidatura es una candidatura progresista que considera que el estado del bienestar no es un derroche sino la propuesta de Europa al mundo. Nosotros no consideramos que el dinero siempre está mejor en manos de los individuos: el Estado tiene una función esencial en la redistribución de la riqueza y en la orientación del progreso; consideramos que el Estado debe redistribuir la renta, que redistribución y crecimiento no son conceptos antagónicos sino complementarios. No creemos en la afirmación de que antes es necesario crecer para luego distribuir. Sostenemos que sin distribución el crecimiento es de baja calidad e insostenible. La sanidad, las pensiones, desde luego, la protección social a los parados. También el cambio climático y el deterioro del medio ambiente, cuyos costes son de difícil internacilización, constituyen una responsabilidad pública que los mercados gestionan mal porque una buena gestión genera externalidades positivas que los individuos ni el mercado ni perciben ni pueden internalizar. Y es insostenible una sociedad que no apuesta decididamente por la enseñanza pública, por la investigación, por la innovación, por la educación con mayúsculas sin más. La Institución Libre de Enseñanza en nuestra memoria, lo mejor que la Historia de nuestro país nos ha dado. Ahí no puede haber recortes sino más gasto. Eso es inversión, aunque lo llamemos gasto. Es la mayor riqueza que un país puede crear. Los economistas lo tenemos que decir. No podemos quedar callados.

¿Qué pasos van a dar para informar a todos los colegiados y convencerles que vayan a votarles, como la mejor opción para gestionar el Colegio los próximos cuatro años?

Recuperar el prestigio de nuestros conocimientos como profesionales de la economía es nuestra tarea

El prestigio social. El prestigio, sin más. El prestigio ante la sociedad. Los economistas fallamos en los diagnósticos y en las soluciones. Pero fallamos como fallan los médicos, o los arquitectos o los ingenieros o cualquier otro colectivo especialista en cualquiera otra actividad en el diagnóstico y en las soluciones que les corresponde gestionar. Pero fallamos menos que los que carecen de los conocimientos necesarios para comprender la complejidad de los procesos económicos y sociales que gobiernan los intereses económicos que concurren en nuestra sociedad. ¿O acaso pondríamos nuestra salud en manos de curanderos y no de médicos? ¿O acaso encomendaríamos los cálculos de resistencia de los pilares de un puente a un veterinario o a un charlatán y no a un ingeniero? ¿O acaso dejaríamos que nuestro perro o nuestro gato fueran curados por un economista si dispusiéramos de un veterinario para ponerlos en sus manos? Recuperar el prestigio de nuestros conocimientos como profesionales de la economía es nuestra tarea, la tarea del Colegio, de la institución que agrupa a miles de economistas. Nuestra tarea, si los economistas nos encomiendan el gobierno del Colegio, es reconstruir una institución que dé prestigio a sus asociados y no lo contrario. Lograr que los economistas sientan que ser miembros del Colegio les aporta valor y no se lo quita. Nuestra tarea es incorporar al Colegio a los economistas cuyo prestigio prestigie al Colegio y a sus colegiados y no sólo a los que cumplan los requisitos de una burocracia corporativa y excluyente.

Y para ello, el Colegio y su gobierno tienen que estar a disposición de las demandas sociales, de las demandas de las instituciones que gobiernan los asuntos públicos, de los ciudadanos.

¿Qué opina de la Resolución de fecha 19-7-2011 del Tribunal de Defensa de la Competencia de Madrid relativos a los problemas de competencia derivados de las restricciones para el acceso a las listas del Turno de Actuación Profesional de Economistas colegiados en ámbitos distintos al del Colegio de Economistas de Madrid?

No puedo estar de acuerdo con la persistencia de restricciones corporativas y locales al ejercicio profesional de profesionales que acrediten su competencia en los asuntos de los que se trate. No me considero un experto en estas materias y es posible que alguna cuestión pueda escapárseme, pero la competencia me parece bien y la competencia es más perfecta cuanto mayor sea el ámbito del mercado. El Colegio no debe ser instrumento de privilegios corporativos.

En un reciente artículo firmado conjuntamente con Juan Ignacio Bartolomé, usted sostiene que las políticas de ajuste son una excusa de la derecha en Europa para disminuir el papel del Estado en la economía. El Gobierno español se ha subido en cierta manera a esa ola de recortes y ajustes hasta el punto de reformar la Constitución para limitar el gasto. ¿Cree que durante el último año se podrían haber hecho las cosas de otra manera?

Las tensiones financieras y la actual composición política e ideológica de los órganos de gobierno de la Unión Europea dificultan políticas distintas a las que han sido puestas en marcha. España no puede arriesgar el verse comprometida a un rescate bajo condiciones inasumibles como las que se implantan en Grecia y Portugal, y además está altamente interesada en permanecer en la zona euro. Pero, más allá del mantenimiento de las señas de identidad de la construcción europea, basada en la economía social de mercado, innecesariamente perdidas en la aplicación de una política impuesta desde una nueva mayoría conservadora europea, es cierto que pocas alternativas existen en el actual marco institucional europeo al que pertenecemos.

Esto es así. No podemos negarlo. Pero los economistas sí podemos contribuir a cambiar los paradigmas dominantes desde los que se diagnostica y gestiona la crisis porque, al fin, las crisis económicas son para los economistas una oportunidad para refutar toda proposición que se revele en abierta contradicción con la realidad.

Las crisis económicas son para los economistas una oportunidad

Más allá de este empeño que es el que nos corresponde a los economistas, si creo que Rodriguez Zapatero, aun acatando las directrices del Consejo Europeo a cuyo colegio y a cuya mayoría España no tiene otro remedio que someterse, podría haberse convertido en un líder europeo si hubiera mantenido un discurso de oposición a la política conservadora de la Unión Europea, movilizador de los ciudadanos europeos.

Las políticas solo pueden ser transformadas y sólo pueden ser impulsadas desde la fuerza de la movilización de la opinión ciudadana y del voto. Creo muy firmemente que nuestro Presidente debería haber hecho algo de este tipo. Su prestigio hubiera alcanzado cotas enormes, dentro y fuera de España y hubiera contribuido a moderar una política conservadora que ha tenido muy poca contestación porque la que ahora tiene, desde los movimientos del 15 M, (un movimiento positivo y estimulante), está profundamente desorientada, carente de dirigentes formados que reaccionan disparando en todas direcciones. En ocasiones con tino. En otras con desatino. Culpan a los políticos y a la política. Pero los políticos son los servidores públicos por excelencia y la política la actividad más noble y digna a la que un ciudadano pueda dedicar sus esfuerzos. No es una contestación consistente, porque aunque positiva, carece de alternativas reales y en ocasiones sirve a quienes les niegan.

¿Considera que está en peligro el Estado del Bienestar?

Sí. Claro que sí. Está en peligro su alcance y su calidad. La Comunidad de Madrid es el ejemplo de lo que digo.

De sus planteamientos también destaca (en alusión a ese mismo artículo) la necesidad de que los economistas en España no permanezcan como meros espectadores de la crisis. Usted critica el “silencio” de los Colegios de Economistas. ¿Cómo se puede revertir esta situación?

Esa situación sólo se podrá revertir si quien gobierne el Colegio abre sus puertas de par en par a la sociedad. Si “Economistas Frente a la Crisis” hubiera tenido la responsabilidad sobre el gobierno del Colegio, el Colegio se hubiera puesto a disposición del afán de entender y de comprender que derrochan los ciudadanos indignados sobre qué es lo que está pasando. No puede ser que la sociedad crea que el pensamiento económico es solo el que traslucen los economistas de FEDEA –por cierto, magníficos economistas cuyos diagnósticos no siempre se compadecen con sus propuestas- el Instituto de Estudios Económicos o el Banco de España.

En el blog de nuestra web numerosos economistas, de prestigio y solvencia fuera de toda duda, expresan otros puntos de vista. Abrir el debate a la sociedad, poner nuestros conocimientos a su disposición. Esa debe ser hoy la misión prioritaria del Colegio de Economistas de Madrid.

Por último, nos gustaría que hiciera una valoración sobre la importancia de las próximas elecciones generales del 20N en un escenario de crisis que está lejos de amainar.

Las próximas elecciones nos traerán otra vez la mantilla y la peineta con una derecha que “hará gala de lo que son, de lo que han sido y de lo que quieren ser”. No hay por qué no creer a Dolores de Cospedal. Es persona de palabra.

Así es que, ante este panorama, la recuperación de las instituciones que nutren la sociedad civil es una de las condiciones para iniciar en este país la restitución del sentido del progreso en la sociedad, en las instituciones políticas.

Nuestros candidatos en Informe Semanal


Tiempo de Recortes

Juan Ignacio Bartolomé, candidato a Vice Decano a partir del minuto 15:20 y Felix Lobo, suplente 1º a partir del minuto 16:30.

http://www.rtve.es/alacarta/videos/programa/informe-semanal-tiempo-recortes/1224415/

SÍNTÉSIS DEL PROGRAMA ELECTORAL DE ECONOMISTAS FRENTE A LA CRISIS


1. El Colegio de economistas de Madrid debe acrecentar su representatividad, su visibilidad y su presencia social. Es necesario prestigiar el Colegio. Ello redundará en el prestigio de los economistas en la sociedad y en la consideración de su trabajo profesional.

 

2. La Bolsa de Trabajo del Colegio debe convertirse en una autentica agencia de colocación en colaboración con universidades y otras instituciones. Acercamiento del Colegio a los jóvenes economistas. Se creará la figura del pre-colegiado con estudiantes de último año.

 

3. En los últimos años el Colegio de Economistas de Madrid ha sufrido el abandono de un tercio de sus afiliados. Es un síntoma inequívoco de su pérdida de prestigio y relevancia social. Hacemos una llamada a la recuperación del Colegio por los economistas,

 

4. El Colegio de economistas debe de ser una vía eficaz en la participación de los economistas, en el conocimiento, en el debate y en las propuestas económicas. La Revista del Colegio “ECONOMISTAS” será uno de los soportes de este planteamiento.

 

5. El gasto público debe de ser fiscalizado con rigor y en función de su rentabilidad económica y social. Esta es la cuestión relevante. Partidas como la educación, la sanidad, la investigación o la creación de infraestructuras, contribuyen decisivamente a la eficiencia del sistema productivo y son esenciales para determinar nuestra posición en un mundo globalizado.

 

6. La responsabilidad de los economistas ante la sociedad, sobre todo en un contexto de profunda crisis económica, es ineludible. La no asunción de esta responsabilidad genera el desprestigio de nuestra profesión.

 

7. Ejercicio libre de la profesión. Promoveremos una mayor presencia de los economistas en todos los ámbitos laborales, aprovechando la Escuela de Economía para incrementar la empleabilidad de los economistas.

 

8. Plan “e-Colegio”. Todas las gestiones se podrán hacer vía telemática. Se implantarán mecanismos necesarios, vía internet, para fomentar la participación activa de los economistas y la transparencia de la gestión del Colegio.

 

9. España dispone de un tejido empresarial competitivo que debe adaptarse permanentemente en función de los requerimientos de los mercados globalizados. Este tejido está amenazado de extinción por el estrangulamiento al que le somete los problemas del sistema financiero y la debilidad de la demanda efectiva. Los economistas están presentes en todas las áreas y sectores de la actividad económica, auditorías, asesoría fiscal, consultoría, análisis financiero, comercialización, producción, laboral, prestación de servicios, economía forense y peritajes independientes, actividad de emprendedores, etc. No podemos eludir nuestra responsabilidad.

 

La candidatura ECONOMISTAS FRENTE A LA CRSISIS, encabezada por Jorge Fabra Utray, Juan Ignacio Bartolomé y Concha Toquero pretende ser un revulsivo para que el Colegio, desde el conocimiento, el rigor y la actividad profesional de los economistas, contribuya con el debate y las propuestas a la superación de la difícil situación que atraviesa la economía y nuestro país.

 

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Statistics Have A Well-Known Keynesian Bias


http://krugman.blogs.nytimes.com/2011/10/19/statistics-have-a-well-known-keynesian-bias/?smid=tw-NytimesKrugman&seid=auto

October 19, 2011, 1:05 PM

OK, several correspondents have weighed in on the story I’d heard about the economics department that abandoned econometrics because it was rejecting its models. It wasn’t quite as alleged, but close enough.

The department in question was the University of Minnesota. For those readers new to this discussion, “freshwater-saltwater” was a distinction originally due to Bob Hall, who noted that the economics departments that had rejected Keynes and anything reminiscent of Keynes were inland schools like Minnesota, Chicago, and Rochester, whereas the places that retained a belief in the usefulness of monetary and fiscal policy were places like MIT, Princeton, and Berkeley.

So the story as I now have it was that there was harsh conflict between the macroeconomic theorists at UMinn, especially Prescott, and the econometricians who had the nasty habit of showing that those models didn’t work. And for at least some period econometrics was dropped as a required course for the Ph.D. — I don’t know whether it has been restored.

I think it’s worth putting two quotes up, one after the other:

Robert Lucas in 1980 (pdf):

At research seminars, people don’t take Keynesian theorizing seriously anymore; the audience starts to whisper and giggle to one another

Chris Sims, 2011:

Professor Sims doesn’t want to be pigeonholed. “I’m not ‘non-Keynesian,’ ” he said, adding that he has been an active “promoter of new Keynesian macroeconomic models,” because they “are the place in our profession where theory and data and policy decision-making are coming together.”

I’d just add that correspondents tell me that the anti-Keynesians pretty much blockade any hiring of new Keynesians in their departments.

Surprise Anti-Austerians


 It is indeed a mixed-up, muddled-up, shook-up world. Right now, the two most prominent institutions calling for an end to the disastrous turn to short-run austerity are … Goldman Sachs and the International Monetary Fund.

Brad has written about the Goldman memo, which calls for a nominal GDP target — that is, a future dollar value of GDP — that would in effect both promise a significantly higher inflation rate over the medium term and require very large quantitative easing. We need to be careful about this: it’s a proposal from the excellent Jan Hatzius, not official GS policy. But still.

Meanwhile, the IMF special report for the G20 (pdf) is essentially a declaration that the focus on universal austerity was wrong, wrong, wrong. It’s a lot milder than it should be — the Fund is still, for example, endorsing the Cameron austerity plan. But it pretty much flatly says that Congress should pass the Obama jobs bill.

What’s going on, I believe, is that serious economists — Hatzius at Goldman, and Olivier Blanchard — are rightly frightened by the economic outlook. And those organizations that listen to the right people are trying to get the message out.

Unfortunately, it may take a long time before policy actually turns around.