El Colegio de Economistas de Madrid se mueve

Carlos Berzosa*

publicado en EL SIGLO

En los últimos años, el Colegio de Economistas de Madrid languidece de tal forma que la situación a la que se ha llegado conduce a preguntarse si tiene algún sentido pertenecer a una organización que no aporta casi nada a los economistas. A esta pregunta muchos han contestado dándose de baja y otros ni siquiera se han dado de alta. Es cierto que se ofrecen una serie de servicios, cursos de formación y una revista, pero esto no es suficiente de lo que uno espera de un Colegio que agrupa a miles de economistas que pertenecen a varias generaciones de licenciados y graduados, sobre todo cuando se sufre un verdadero terremoto económico.

El Colegio, así por lo menos lo entiendo yo, además de defender intereses profesionales, que no tienen que ser gremialistas, y de ofertar diferentes servicios, debe ser un centro de debate intelectual, de confrontación de ideas diferentes, de reflexión, y de intervención en la vida pública. Todo ello ha brillado por su ausencia. Lo que más llamativo resulta de todo esto es el silencio de los economistas ante una situación grave y que no habíamos vivido con anterioridad. Se dan propuestas individuales, o de determinados colectivos, pero institucionalmente el Colegio permanece callado. Es evidente que al Colegio pertenecen economistas que tienen diferentes ideas, valores, y posiciones políticas. En consecuencia también se diverge en proposiciones de política económica. Por esto es por lo que no es una tarea fácil que el Colegio o la junta directiva haga declaraciones de naturaleza institucional. Pero una cosa es ser consciente de que no existe una posición unánime y otra cosa es que este hecho sirva como coartada para no decir nada.

La crisis económica ha cuestionado el paradigma que ha dominado en la enseñanza de la economía desde los años ochenta del siglo XX, y las acciones de política económica, que se han seguido en casi todos los países y a escala global, sustentadas en ese planteamiento económico cuyo eje central ha sido el fundamentalismo de mercado. La reacción ante la crisis ha sido, por lo general, la misma en la que se basaban esos enfoques teóricos. Tras un periodo de desconcierto y actuaciones urgentes y la puesta en marcha de políticas de estímulo, se ha vuelto a hacer lo mismo que se venía haciendo con anterioridad a la crisis. Las políticas de ajuste se han impuesto en la Unión Europea (UE), aunque muchos economistas hemos advertido de las consecuencias negativas que de ello se derivaban.

Tal como están desarrollándose los acontecimientos, cada vez más economistas y líderes políticos se están dando cuenta de los errores cometidos, y tratan de remediar las cosas con propuestas que ya algunos veníamos reclamando desde hace algún tiempo. En España, las cosas han ido mal y se trata, por tanto, de plantear otro tipo de política económica, que es la que, al igual que en otros países, parecía que se iba a realizar cuando la crisis hizo su aparición. Se preconizó incluso el regreso de Keynes, pero todo se quedó en agua de borrajas, cuando los fundamentalistas de mercado volvieron como zombis, tal como dice Krugman, pero a fin de cuentas regresaron tras una pausa de silencio y desconcierto que sufrieron al observar que la realidad no se desenvolvía como ellos en sus postulados teóricos habían previsto.

Por esta serie de razones, un conjunto de economistas hemos lanzado una candidatura ante las próximas elecciones para dirigir el Colegio de Economistas de Madrid, y para ello se ha elaborado un manifiesto con el nombre de Economistas frente a la crisis y que se puede encontrar en http://www.economistasfrentealacrisis.com, que pretende fundamentalmente posicionarse ante lo que está sucediendo y las respuestas que convendría dar. Se trata, por tanto, de comprometerse, y no quedar al margen, con una visión económica determinada, que difiere de la oficial y de la que se predica con cierta insistencia desde diferentes foros y medios de comunicación. La falta de predicción acerca de lo que se avecinaba y las malas respuestas dadas han desprestigiado ante la opinión pública a nuestra profesión, y a ello nos oponemos todos los que no hemos sido ni partícipes ni cómplices de lo que ha sucedido.

El objetivo principal es restaurar el prestigio perdido, algo que le incumbe al Colegio, así como participar del debate desde una plataforma tan importante como es esta institución, y comunicar a la opinión pública que no todos los economistas pensamos lo mismo, ni que todos estamos de acuerdo con las medidas de política económica que se están aplicando. En suma, lo que se persigue es acabar con el silencio que ha predominado hasta ahora, dar proposiciones, y regresar a enseñanzas que recibimos en la facultad por maestros que tuvimos realmente merecedores de ese título, y desechar el paradigma de las nuevas enseñanzas que han conducido a este retroceso teórico y de economía aplicada. En concreto, dar vida a una institución que se encuentra moribunda.

*Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Complutense. Concurre a la Junta del Colegio de Economistas de Madrid por la candidatura de ECONOMISTAS FRENTE A LA CRISIS

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