Otros economistas

Para cumplir con los compromisos con Bruselas, Rajoy hizo una primera evaluación de la reducción del déficit público de 16.500 millones de euros en 2012. La Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas) acaba de prever que esa cifra llegará a los 40.000 millones de euros, cuatro puntos del PIB español. Recuérdese que en mayo de 2010, cuando Zapatero tomó las medidas de austeridad que llevaron a los socialistas a la ruina electoral, el esfuerzo fue de 15.000 millones de euros.

El debate sobre cómo conseguir que el déficit no supere el 4,4% del PIB el año que viene (y el 3% en 2013) es central para la vida pública. La economía es una forma privilegiada de la acción política y no solo pasto de los tecnócratas, como se ha puesto de moda en Europa. No se puede desposeer al poder democrático de la soberanía en el campo de la política económica.

Una cosa es la despolitización de la política y otra que los expertos no tengan voz en la polémica. Hace más de dos años que Krugman dio la voz de alarma (¿Cómo pudieron equivocarse tanto los economistas?) sobre el papel de los científicos sociales en el diagnóstico de la crisis y sus eventuales salidas. Y más de un lustro desde que el director de estudios de la Escuela de Altos Estudios de Ciencias Sociales de París, Jacques Sapir, publicó su estudio sobre los intereses inconfesables de los falsos expertos en economía (Economistas contra la democracia; Ediciones B). Skidelsky, el biógrafo de Keynes, ha calificado a quienes con su ceguera o mudez voluntaria han acompañado a la desregulación que dio lugar a la Gran Recesión de “mayordomos intelectuales de los poderosos”.

Afortunadamente, en España empiezan a ampliarse los territorios de la autocrítica de la profesión, muchas veces amparados en las redes sociales. El colectivo Economistas Frente a la Crisis (www.economistasfrentealacrisis.com) -nacido para frenar el ambiente de mediocridad y silencio instalado en el Colegio de Economistas de Madrid en los últimos años- acaba de lanzar su segundo manifiesto. En los dos textos se subraya su preocupación por la manipulación del lenguaje de quienes siempre exigen más en la demanda de sacrificios de la ciudadanía: austeridad no equivale a déficit cero, liberalización y desregulación no es idéntico, reformar y reducir los derechos no es una acción intercambiable automáticamente, el problema no son los mercados sino su ausencia en beneficio de los oligopolios… Otro colectivo, formado sobre todo por economistas, pero no solo por ellos (www.econonuestra.net), pretende que el debate económico no se realice en exclusiva desde las posiciones que califican de “fundamentalistas del mercado”.

Unos y otros participan de la tesis de que un economista deja de ser ciudadano cuando intenta imponer una representación del orden social no a través del debate, sino mediante la pretensión de poseer la clave de las leyes naturales de la organización de la sociedad. –

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