Nubarrones en la Eurozona

Este artículo ha sido publicado en eldiario.es

José Moisés Martín es economista y miembro de Economistas Frente a la Crisis.

Pese a sus anodinas declaraciones, la reunión de ayer día 8 de octubre del Eurogrupo ha supuesto un importante giro en los acontecimientos que, desde el verano, soplaban favorables para los intereses españoles. La falta de decisión del gobierno de España, y la totalmente irresponsable actitud del gobierno Alemán de querer dar marcha atrás a los acuerdos del Consejo Europeo del 29 de Junio, sitúan a España, y por tanto, a la eurozona, de nuevo camino del precipicio.

La alegría en casa del pobre

El 29 de Junio, el Consejo Europeo acordó iniciar la puesta en marcha de un sistema de supervisión bancaria de alcance europeo, que incluyera un mecanismo de rescate para las instituciones financieras europeas sin pasar por los presupuestos nacionales. Esta decisión tenía un carácter vital para los intereses españoles, en la medida en que podría evitar que los 100 mil millones de euros solicitados como rescate bancario pasaran a engrosar la deuda pública Española.

El 6 de septiembre, Mario Draghi presentaba al público el nuevo programa denominado “Outright Monetary Transactions”, (OMT) un programa de compra ilimitada de deuda pública con vencimiento a corto plazo, destinado a rebajar sustancialmente el coste de financiación de los países con problemas de acceso a los mercados –como España- que tuvo como consecuencia la bajada inmediata de la Prima de Riesgo y un breve respiro para la Economía Española.

Poco duró la alegría en casa del pobre y desde esa fecha, las malas noticias no han hecho sino multiplicarse.

En primer lugar, los gobiernos de Alemania, Holanda y Finlandia, en una interpretación unilateral de los acuerdos del Eurgrupo, se retractaron de su intención de establecer el mecanismo de rescate europeo bancario con carácter retroactivo, de manera que los fondos destinados a la recapitalización bancaria computarían como deuda pública y los intereses que devenguen impactarían en défcit. Asimismo, la participación del MEDE en el “banco malo”, de próxima creación, no será asumida a escala europea, sino que al tratarse de un préstamo al FROB deberá ser asumido en su totalidad por España.

En segundo lugar, el Bundesbank reaccionó muy negativamente ante la puesta en marcha del programa de compra de deuda del Banco Central Europeo, señalando que se saltaba su mandato e incluso los tratados, haciendo una interpretación extremadamente rígida de la claúsula de “no bailout”, por la cual el Banco Central Europeo no podría comprar deuda de los estados miembro, bajo ningún concepto.

Estas noticias llegan al mismo tiempo que se bloqueaban las negociaciones del próximo presupuesto comunitario –correspondiente al período 2014-2020- y que debería ser el presupuesto impulsor del crecimiento a través de los fondos estructurales y de cohesión, en la lógica de la estrategia 2020 y del programa de crecimiento aprobado también en la cumbre del 29 de Junio.

Por su parte, la troika y Grecia continuaban unas dificilísimas negociaciones para sacar adelante el programa de rescate, exigiendo a Grecia unas condiciones leoninas de recorte de gasto público y eliminación de derechos sociales y laborales.

Mientras tanto, el Gobierno de España coquetea con la posibilidad de no presentar la solicitud del rescate, con la idea de que la bajada de la prima de riesgo –debida sin duda a la proximidad del mismo- era suficiente para mantener un cierto equilibrio en las cuentas públicas. Las citas electorales de País Vasco y, sobre todo Galicia, están también en la agenda política del gobierno, que intenta manejar los tiempos para evitar más desgaste electoral del estrictamente irremediable, como ya intentó hacer en marzo ante las elecciones andaluzas. De manera simultánea, ha presentado unos presupuestos antisociales y cuyo cuadro macroeconómico es extraordinariamente optimista y del cual existen serias dudas sobre su viabilidad.

Es triste pedir… pero más triste es que no te lo den.

Con todos estos elementos confluyendo, se puso ayer en marcha el Mecanismo Europeo de Estabilidad, que viene a sustituir al Fondo Europeo de Estabilidad Financiera. Sin embargo, su día de puesta en marcha no ha supuesto un alivio para la eurozona, sino más bien al contrario: la falta de liderazgo, la primacía de los intereses electorales –Españoles pero también Alemanes- y las constantes rectificaciones sobre los acuerdos anteriormente tomados han llevado a la eurozona a una situación de gran incertidumbre.

Por su parte, Alemania ha descubierto que España puede solicitar el rescate financiero sin usarlo, simplemente para activar el programa de compras del BCE. Esta opción, ya barajada por algunos especialistas, sería lo más parecido a un “rescate blando”, en el que España sería intervenida con un programa de ajuste macroeconómico muy similar al que ya tiene en marcha a través del Procedimiento de Déficit Excesivo de la Comisión Europea, no solicita –o solicita muy limitadamente- la intervención del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), pero sí solicita la puesta en marcha del OMT. Esta opción, muy ventajosa para España, permitiría reducir sustancialmente el coste de financiación de la deuda pública española –que pasaría a situarse en un rango de entre 200 y 300 puntos básicos de prima- al mismo tiempo que evitaría el coste político de un rescate completo.

Para los países del norte, esta opción es una puerta de atrás para evitar el rescate, utilizando además un mecanismo muy ampliamente criticado como es el OMT. Pese a que Draghi ha expresado en numerosas ocasiones que el OMT estará sujeto a “estricta condicionalidad”, su uso levanta todo el rechazo de Alemania, Finlandia y Holanda.

Por parte de España, es notorio que ya ha habido conversaciones sobre la fórmula del rescate y que se están valorando las opciones necesarias para ponerlo en marcha. Aunque el gobierno insiste en que no será necesaria más condicionalidad de la ya establecida en el programa de estabilidad y en el programa nacional de reformas –ahora recocinados como “Estrategia Española de Política Económica”- es evidente que en Bruselas preocupa la situación del sistema de pensiones, así como la supuesta rigidez del mercado laboral. Con una alta probabilidad, estos dos son dos de los aspectos que serán motivo de nuevos recortes y ajustes. El informe de la OCDE sobre España, a punto de ver la luz, sin duda va a insistir en ambas reformas.

Si Mariano Rajoy no solicita ya el rescate, es debido a que estos aspectos de la condicionalidad exigida todavía no están resueltos, y, mientras no lo estén, se corre el riesgo de que Alemania no lo apruebe, con los terribles efectos que esto tendría para España –que se vería abocada, tarde o temprano, a realizar una reestructuración de su deuda- y para el conjunto de la Eurozona.

De poco han servido las advertencias del Fondo Monetario Internacional sobre la atonía del crecimiento europeo, y los efectos perversos de esta indefinición de políticas. Con Hollande recuperando los viejos hábitos del dúo Merkozy, lejos queda el impulso generado en primavera y verano para lograr un nuevo marco de crecimiento. En su lugar, aparece un otoño cargado de nubarrones para la Eurozona, y, de paso, para todo el proyecto europeo, que hace aguas ante la pasividad, irracionalidad, falta de generosidad, miopía y cortoplacismo de lo que sin duda es la peor caterva de líderes europeos desde el período de entreguerras.

 

Este artículo ha sido publicado en eldiario.es

4 pensamientos en “Nubarrones en la Eurozona

  1. Leí el artículo en eldiario.es y, aparte de agradecer la información y la claridad expositiva, sugiero desde mi mediana ignorancia que ustedes, los economistas, que saben más que nosotros de estos temas y que, como usted, no parecen estar “a sueldo” ni “a halago” de los poderes fácticos, hagan un esfuerzo por explicarnos las siguientes cuestiones:

    ¿Tenemos obligación moral de pagar deudas que, en su mayor cuantía, no hemos contraído, ni nos han beneficiado?

    ¿Creen ustedes que realmente esas deudas podrán pagarse sin sangre? Y me refiero a muertos de los de verdad (de hambre, o en conflictos).

    ¿Por qué, si los Estados habrán de terminar ejerciendo de “responsables subsidiarios” de tanto disparate y rapiña, no tendrían la responsabilidad de “cortar por lo sano” y cambiar las reglas de juego, aplicando los palmetazos que corresponda a quien corresponda?

    Soy consciente de que una cosa es “deber”, otra “querer” y otra “poder”.

    Pero pienso que si la ciudadanía estuviera bien informada no sólo respaldaría dichas decisione,s sino que las exigiría y las forzaría.

    Muchas Gracias.

    • Buenas cuestiones todas, que se escapan del ámbito de la economía. Hay todo un movimiento sobre el tema de no pagar la deuda, que está inspirado en los movimientos contra la deuda externa en América Latina. Propugnan realizar una auditoría de la deuda para saber cuál es su origen y, a partir de ahí, determinar si se tiene que pagar o no. Sin tener esa información, es difícil saber si son deuda “legítima” o “ilegítima” y si existe la obligación moral o no de pagarla. Historias de impagos -o reestructuraciones, o quitas- ha habido bastantes en los últimos años. De hecho España ya declaró el impago varias veces en su historia. Las consecuencias de una quita de deuda son bastante imprevistas, aunque todas apuntan a un pequeño alivio financiero a corto plazo seguido de una importante falta de financiación durante un tiempo indeterminado. En cualquier caso, España no podría hacer una quita unilateral de su deuda pública porque es inconstitucional. (reforma de 2011).

      En relación a la segunda pregunta yo creo que: NO. Es muy probable que por falta de financiación en el sistema sanitario alguien muera injustamente de algo que podría haber sido tratado en tiempo y forma. También es muy probable que en el clima de descontento social y de represión que se vive en algunas manifestaciones ocurra alguna desgracia -ya ha estado a punto de ocurrir, por cierto. Y es probable que, quizá no de una muerte inmediata, pero sí en términos de esperanza de vida, los más golpeados por la crisis accedan a peores condiciones vitales y su esperanza de vida se vea mermada -hoy mismo he leido que la diferencia de esperanza de vida entre barrios ricos y pobres en barcelona es de 8 -OCHO- años. En conclusión, tiene usted razón si teme o sospecha que esto se va a cobrar la vida de algunas personas.

      Buena pregunta también. Desde los ochenta, centros de pensamiento, universidades, fundaciones, etc… vienen machacando a la gente sobre la necesidad de que el Estado deje de ser el árbitro y regulador de la vida económica, para dejarlo convertido en un jugador más. Así nos va. Es una religión que no admite la más mínima crítica empírica.

      • Gracias por las respuestas, aunque no coincida del todo con alguna de las afirmaciones o, aún coincidiendo, ello no modifique esencialmente mi opinión.

        Por ejemplo: asumo plenamente que el país habría que ser muy cuidadoso y muy autocrítico a la hora de plantearse el impago de parte de la deuda, aparte de que, efectivamente, hace usted bien en recordarme que, en una vergonzosa sesión parlamentaria, los diputados de los dos grandes partidos (con la honrosa excepción de D. Antonio Gutiérrez) y la connivencia de Conveniencia y Unió (que al final no pudo sumarse al apaleamiento) acordaron atarnos de piés y manos no fuera a ser que, en un ataque de lucidez, nos diera por tener algún “mal pensamiento” como me ha ocurrido a mí.

        Nunca se lo agradeceremos lo suficiente a los diputados del partido que se decía “socialista y obrero”

        También de acuerdo en que, muy probabablemente, habríamos de pagar una elevada factura por nuestro atrevimiento.

        Pero mi duda es, si ésta no sería menor que seguir pagando al chantajista hasta el momento en que ya no podamos pagar más y, finalmente, nos pase la susodicha factura.

        Exactamente lo mismo me planteo con respecto a los “muertos”.

        Evidentemente, ya los hay y habrá más.

        La cuestión es intuir cuántos y de qué manera, en cada una de las alternativas.

        Y a ese respecto tengo mis dudas de que vayan a ser menos, y menos crueles, si nos quedamos quietos y callados.

        Y, finalmente, aclarar que he hablado de “cortar por lo sano”, “cambiar las reglas de juego” y “propinar palmetazos a quienes corresponda”.

        Ni siquiera he propuesto nacionalizar la banca y los servicios básicos (aunque me gustaría), ni mucho menos en convertir al Estado en un jugador más de semejante casino.

        En todo caso, los Estados no deberían ser nunca unos jugadores más, sino los dueños del casino.

        Y, además, el gobierno de los ciudadanos no debiera ser un casino sino una responsabilidad ejercida con exquisito cuidado y mucha firmeza, por mucho que le pese al “libre mercado” y al “sistema financiero”.

        Mercado que es tan libre y tan eficiente como lo acreditan los métodos de fijación del “Libor”, o el “deficit de tarifa”

        Y sistema financiero que, en mi opinón, está quebrado y se asemeja bastante al tren de la película de los hermanos Marx.

        Todo esto dicho sin ánimo de tocar las narices.

        Y, consciente de que las cosas no son tan sencillas como las vemos quienes no las conocemos a fondo.

        Y, sobre todo, dicho desde la indignación que me produce el ver cómo, en nombre de unas falacias, masacran a los ciudadanos más débiles y les obligan (de por vida) a pagar el precio de las ganancias que el eficiente y sacrosanto mercado, con la connivencia de los gobernantes y reguladores y el aplauso de “los 100 economistas” (de aquí y de allá), permitieron acumular en sus bolsillos a una serie de buscavidas y parásitos sociales.

        Gracias, de verdad.

        Y reciba un saludo.

  2. Interesantes reflexiones que, desde mi punto de vista, nos acercan al fondo del problema: ¿quién gobierna la nave? Estamos viendo cómo los gobiernos, a los que todos los ciudadanos miramos en busca de soluciones, no saben cómo responder (ni mínimamente) a los retos que tenemos planteados.
    “Desde los ochenta, centros de pensamiento, universidades, fundaciones, etc… vienen machacando a la gente sobre la necesidad de que el Estado deje de ser el árbitro y regulador de la vida económica, para dejarlo convertido en un jugador más. Así nos va. Es una religión que no admite la más mínima crítica empírica.”
    ¿No será que hemos consentido que los gobiernos se vacíen totalmente de poder y el poco que tienen esté comprometido con los grandes grupos de presión?
    Pregunta: ¿Cuánto pesa la deuda en términos relativos sobre el tráfico de drogas, de armas, de personas (prostitución…)? !Ah! ¿y cómo se organizan de bien esos negocios? A ver si va a resultar que son más poderosos que los propios estados. Eso sín hablar de los negocios “legales”: ¿cómo se entiende el rescate financiero sin sospechar que los bancos tienen más poder sobre los políticos (de derechas o izquierdas, pues ambos han colaborado) que sus propios votantes?
    Puede que los ciudadanos nos equivoquemos en la elección de nuestro gobierno. Puede que incluso nuestros gobiernos equivoquen las medidas. pero, yendo más allá, ¿podemos esperar que nuestro gobierno realmente sea eficaz en la búsqueda del bien público en el contexto que hemos creado?
    Probablemente sea el momento de desenmascarar aquellos que realmente toman las decisiones: grandes defraudadores, grandes delincuentes, grandes grupos de presión capaces de financiar (o dejar de…) a países enteros con la riqueza que esos propios países les han permitido acaparar.
    Soy el primero al que da miedo un gobierno omnipotente. El problema es que ya es pavoroso el mundo de los gobiernos inoperantes. Así pues: !retomemos la soberanía! ¿Un nuevo comunismo ? Sabemos que la ausencia de iniciativa privada es sinónimo de desastre, pero la pura ley de la selva neoliberal -que aspiraba a hacernos a todos consumidores- nos deja un mundo de parados (o esclavos) sin esperanza ninguna, pobres parias de una clase de élite (proveniente de negocios más que sospechosamente oscuros) cada vez más y más reducida.
    No hay más remedio: hagamos la revolución de retomar nuestra propia soberanía, aunque sea a costa de que no nos presten ni un euro más (total, ¿acaso realmente nos lo van a prestar?)

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