Los trabajadores no son los culpables

Mónica Melle Hernández es miembro de Economistas Frente a la Crisis

Una versión de este artículo, se publicó en Agenda Pública de eldiario.es

La huelga general supone el fracaso del dialogo social y la negociación colectiva en los países desarrollados ¿Es necesaria en estos momentos? ¿Quiénes son los responsables? ¿Cuáles son las razones económicas que la justifican?

La crisis actual ha antepuesto la ideología a la economía. Los mercados financieros han ocupado el espacio que la política les ha permitido, y su especulación se ha demostrado insaciable.

Nos quejamos de la acción interesada e influencia del monopolio de las agencias de calificación, que van encareciendo progresivamente las emisiones de deuda española y favoreciendo así el enriquecimiento de los especuladores. Sin embargo, los Gobiernos no han cambiado las reglas que les dan su poder ni han sido capaces de crear alternativas a su función.

Basta ver la evolución histórica de la prima de riesgo española (esto es el diferencial del rendimiento del bono español a diez años con el bono alemán, en puntos básicos) para darnos cuenta de que los mercados financieros, que originaron la crisis, son insaciables. Y los Gobiernos neoliberales que dictan el futuro de Europa y España lo aceptan.

En España, después de modificar la Constitución en mayo de 2010 para introducir la “regla de oro” de cumplimiento de un déficit estructural global máximo del 0,4% del PIB, las agencias de calificación respondieron quitando a España la triple ‘A’, y los mercados financieros elevando la prima que marcó su máximo histórico entonces en 170 puntos básicos.

Desde entonces, la actuación efectiva de los mercados y los políticos neoliberales han ido aplicando fielmente su programa ideológico máximo. Primero con una reforma laboral que, con el argumento de flexibilizar el mercado laboral, ha incentivado los despidos y la temporalidad -en sólo 6 meses contamos con 500.000 desempleados más y un incremento del 80% de la temporalidad-.

Después, con el proceso de reestructuración del sistema financiero, que además de acabar con las cajas de ahorros y su papel en la financiación de las PYMES y en el desarrollo de una política industrial territorial, ha supuesto ya más de 140.000 millones de euros de ayudas públicas a la banca. Para terminar creando el “banco malo” para privatizar las ganancias y nacionalizar o socializar las pérdidas. Sin exigir responsabilidades a los banqueros sobre la evolución de eso que ahora llaman “activos tóxicos” en sus carteras, cuando la toxicidad la han generado ellos mismos aplicando criterios irresponsables en la concesión de créditos hipotecarios.

Pero la prima de riesgo y las exigencias de los mercados y los gobiernos neoliberales han seguido su escalada. Ni la reforma laboral, ni el rescate europeo de 100.000 millones de euros para la banca, ni los mayores ajustes de la democracia aplicados por el Gobierno de Rajoy de 65.000 millones en julio de 2012, fueron suficientes. Y la prima llegó a alcanzar 638 puntos en julio de 2012.

Los recortes continúan en los recientes Presupuestos del Estado y de las Comunidades Autónomas para 2013. Y con ellos el desmantelamiento de una de las fortalezas de la economía española: nuestro Estado del Bienestar. Los servicios públicos cuentan ya con 350.000 trabajadores menos que hace dos años. La sanidad ya no es gratuita y universal con la generalización del repago. Con la grave reducción de becas (47,8 millones de euros menos) y el aumento de tasas, la educación pública deja de estar al acceso de todos los jóvenes, perjudicando la igualdad de oportunidades. Se paraliza la aplicación de la Ley de la Dependencia dejando a los más débiles sin protección.

Al tiempo los Gobiernos Europeo y Español siguen sin incorporar estímulos al crecimiento y al empleo. En 2013 en España habrá, sólo en inversiones reales y transferencias de capital, 2.236 millones de euros menos que en 2012. Los recortes en inversión productiva, educación e investigación y desarrollo merman nuestros factores de competitividad y frenan la recuperación de nuestra economía.

Pero los mercados no se calman. La prima de riesgo vuelve a los 450 puntos. La sumisión a los mercados financieros y las políticas neoliberales que provocaron la crisis continúan agravándola. La espiral de recortes y disminución del gasto público no tiene fin.

Es una política económica errónea que ha aumentado el déficit. Según la Comisión Europea llegará al 8% del PIB este año (y no al 7,3% previsto por el Gobierno), al 6% en 2013 (frente al 4,5% del Gobierno) y al 5,8% en 2014 (versus 2,8% del Gobierno). El Gobierno volverá a tomar medidas adicionales de ajustes.

Y los ajustes agravan la recesión. Las previsiones van de mal a peor, para el FMI la economía española se contraerá un 1,5% en 2012 y un 1,3% en 2013, y para la Comisión Europea decrecerá un 1,4% este año y otro 1,4% adicional en 2013.

Se incrementa angustiosamente el paro. Por primera vez, la tasa de paro supera el 25%, con 5.778.100 personas paradas según la EPA del tercer trimestre de 2012, cifra máxima de la encuesta iniciada en 1964. Con un paro de larga duración que afecta a más del 50% de los desempleados, y con más del 52% de nuestros jóvenes en paro condenados a la exclusión social y a la emigración, el panorama sobre el futuro del país es aterrador.

Y mientras el paro está disparado y no deja de aumentar, la respuesta del Ejecutivo es recortar las prestaciones por desempleo, haciendo todavía más delicada la situación de cientos de miles de personas.

Sin crecimiento económico y sin creación de empleo, el Gobierno con su errónea política económica está inmerso en la espiral de la austeridad. Sin actividad y sin consumo no aumenta la demanda interna y se reducen los ingresos públicos, al tiempo que aumenta el gasto en prestaciones por desempleo. El Estado se ve obligado a endeudarse aún más (en 2013 los gastos financieros aumentarán un 33,7% alcanzando los 38.660,23 millones de euros), y de nuevo para tratar de cumplir con el objetivo de déficit, a una política de mayor austeridad.

Política que sufren los trabajadores, a quienes se les recortan sus derechos fundamentales laborales y sociales; sufren una pérdida considerable de su poder adquisitivo por las reducciones salariales unidas a los incrementos del IVA, el IBI, el IRPF, la luz, los transportes, las tasas,…; lo que nos conduce a una mayor desigualdad y a la llamada devaluación interna o empobrecimiento de la población. Hoy unas 300.000 familias sobreviven gracias a la pensión del abuelo, según un Estudio Social de la Fundación La Caixa. En contrapartida, Crédit Suisse predice que el número de multimillonarios se duplicará en España de aquí al fin de la crisis, por supuesto en detrimento del 22% de los españoles que ya viven por debajo del umbral de la pobreza.

El sacrificio no es compartido. Las ayudas públicas a la banca, que generó la crisis, han sido una constante desde el inicio de la misma y los privilegios de los banqueros apenas se han alterado. Sin embargo, sigue sin fluir el crédito a la economía real, y vivimos escandalizados el drama social de más de 500 desahucios de media al día.

No se ataca con decisión el fraude fiscal, ni se exige mayor esfuerzo a las grandes empresas y grandes patrimonios. Y con la amnistía fiscal a quienes defraudan se dejan de recaudar 38.500 millones de euros. Las élites económico financieras se salvan de la crisis e incluso sacan beneficio de ella. Y todo porque los Gobiernos no ponen límites ni regulan.

La política económica neoliberal no sirve para reactivar la economía y puede llevar a la quiebra de nuestro modelo social.

Esperemos que el éxito de las movilizaciones del 14 de noviembre a escala europea convocada por la Confederación Europea de Sindicatos (CES) con el objetivo de expresar el rechazo a los recortes y a las medidas de austeridad, haga rectificar a nuestros gobernantes, reorientado su actual política económica fallida

Desde Economistas Frente a la Crisis hemos hecho un seguimiento de la huelga en España mediante un indicador de consumo eléctrico, que permite certificar su autentico alcance a través del cálculo de la incidencia de la huelga general sobre la actividad productiva. Los resultados se pueden consultar aquí.

Confiemos en que nuestros gobernantes tengan altura de miras y se acuerden de cómo en el New Deal, cuando el Presidente Roosevelt estaba ajustando sus medidas económicas, recibía a sindicatos y organizaciones progresistas que le hacían las peticiones que creían justas. El Presidente las valoraba y al despedirse de ellos les decía algo parecido a: “¿Creen en ellas? Pues presiónenme desde la calle”. Lo hicieron y las movilizaciones sociales jugaron un papel crucial para conseguir avances sociales y para evitar recortes en derechos. Lo cuenta Naomi Klein (2007) en La doctrina del shock. No basta con que las cosas sean justas, es necesario que se conviertan en una fuerza que contrarreste otras presiones de los poderosos. La economía es también eso.

Un pensamiento en “Los trabajadores no son los culpables

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