La unión bancaria: un modelo equivocado.

Editorial de El País 14/12/12

La unión bancaria impuesta por Alemania fractura el mercado financiero europeo

 Europa ya tiene su embrión de unión bancaria y es dudoso que, en las condiciones pactadas, dicha unión sirva para que la economía del euro recupere competitividad en los mercados. El acuerdo, en sus términos básicos, responde punto por punto a las exigencias alemanas: el supervisor bancario único (el BCE) solo tendrá potestad para controlar las grandes entidades financieras europeas, aquellas que dispongan de un volumen de activos superior a 30.000 millones; y habrá una separación rigurosa de funciones en el BCE entre las estrictamente monetarias y las de supervisión. Angela Merkel ya se ha encargado de explicar en el Bundestag que el acuerdo es un triunfo alemán; es el momento de explicar por qué el triunfo para Alemania puede ser un error para Europa en términos financieros. Otra cosa es que en términos políticos o burocráticos un acuerdo tan técnicamente discutible sea mejor que nada.

Tal como ha salido de Bruselas, el acuerdo sobre el supervisor único segmenta el mercado bancario europeo en dos grandes bloques: las grandes entidades, supervisadas por el BCE, y las que tengan activos por debajo de los 30.000 millones, que serán supervisadas por los Gobiernos nacionales. La triunfante propuesta de Schäuble tiene como objetivo principal ocultar la situación poco halagüeña de las cajas alemanas y los bancos de los länder. El pretexto que encubre ese objetivo es que se trata de poner bajo supervisión del BCE todo el riesgo sistémico europeo. Pero el hecho es que, como demuestra el caso de España, las pequeñas entidades también son capaces de intoxicar el sistema bancario nacional. Esta circunstancia es la que invalida el argumento alemán de que la supervisión nacional de sus cajas y bancos regionales no es relevante, porque Alemania pagaría el eventual saneamiento de sus entidades. El riesgo no está en la quiebra, sino en la contaminación de los activos.

No está clara tampoco la unidad de supervisión. Lo ideal hubiera sido un supervisor único para el conjunto del sistema euro y controles delegados en los bancos centrales nacionales. Pero con el modelo alemán, es muy alto el riesgo de que el Santander o el Deutsche Bank sean inspeccionados con unas reglas y las pequeñas entidades nacionales con otras. En el caso de España, el criterio de tamaño dejará fuera de supervisión europea el 20% de los activos bancarios y dentro apenas a 15 entidades. Un efecto secundario adicional es que en función del rigor de una supervisión u otra, los bancos más pequeños pueden ceder a la tentación de no crecer para librarse de la supervisión europea.

Frente a una unión bancaria dudosa, plena de aplazamientos e indecisiones, brilla la decisión real de la Reserva Federal estadounidense. Bernanke se ha comprometido a mantener los tipos próximos a cero y a comprar deuda hasta 85.000 millones de dólares en tanto el desempleo no baje hasta el 6,5%. Estados Unidos sí parece comprometido en una política económica de reactivación, cueste lo que cueste. Para ejemplo de Europa.

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