Austericidio

Josep Borrell es co-autor del libro de Economistas Frente a la Crisis “No es economía, es Ideología”

Este artículo fue publicado en el digital república.com

Hoy en España no deberíamos hablar de otra cosa que del drama que representan los insoportables niveles que ha alcanzado el paro. Los datos de la última EPA muestran que la situación sigue agravándose y es de temer que así seguirá durante el 2013.

¿Y como no iba a ser así? En realidad los casi 6 millones de parados y la disminución de la población activa en 176.000 personas no deberían sorprender a nadie dadas las políticas que se están aplicando. Si a un avión se le paran todos los motores lo más probable es que se caiga. Y a la economía española se le están parando todos los impulsos al crecimiento tanto desde el sector público como el privado. El Gobierno aplica una brutal política de ajuste recortando gastos y subiendo impuestos que disminuye el poder adquisitivo de las familias, reduce el consumo y por lo tanto el empleo y las perspectivas de rentabilidad en la inversión. Ahorramos para invertir pero invertimos para consumir, dice un adagio de los economistas. Pero el ahorro, que el miedo (la precaución diría Keynes) hace crecer, no se traduce en inversión porque nadie va a invertir para que lo producido no se consuma. Y tampoco habría financiación porque los circuitos de crédito están cortados. Y los bancos tardarán en absorber su excesivo endeudamiento. La inversión pública, y el empleo por ella inducido, se ha reducido a cero. El sector público y el privado generan impulsos recesivos y las exportaciones, único sector que había mostrado un relativo dinamismo, chocan con un valor excesivamente alto del euro y con la baja demanda de los países, como Alemania, a los que su situación les permitiría relanzar su consumo pero se niegan obstinadamente a ello.

En estas condiciones la austeridad impuesta por Europa, es decir por Berlín, es tan excesiva y contraproducente como lo fueron las alegrías de antaño. Hasta el FMI nos lo recuerda desde hace algún tiempo advirtiendo de los efectos negativos de unos ajustes excesivamente rápidos que están asfixiando la economía.

Hemos pasado de negar la existencia de los “multiplicadores fiscales”, es decir el efecto inducido que sobre el crecimiento tiene la expansión de la inversión pública, a tener que el FMI tenga que reconocer que se había equivocado y que realmente en estos tiempos de crisis el efecto contractivo de la reducción del déficit es mayor de lo que habían calculado. Y en consecuencia las políticas de austeridad (¡que mala manera de utilizar una bien noble palabra!) han provocado una contracción mayor de lo previsto instalando a algunas economías, como la griega y la española, en una depresión sostenida de la que no se ve cómo se va a salir mientras esperamos los efectos milagrosos de las “reformas estructurales”.

Entre ellas, la reforma laboral, que iba a propiciar el empleo porque, en palabras del ex gobernador del Banco de España los empresarios ya no tendrían miedo a contratar, no ha servido para nada salvo para acelerar los despidos. Nos dicen que ese es un efecto de corto plazo y que superado el trago amargo estaremos en mejores condiciones para iniciar un nuevo ciclo de crecimiento. Admitiendo que quizás sea así, hay que preguntarse por la resistencia social para aguantar hasta ese medio plazo salvador. Las heridas sociales que está acumulando la sociedad española, con 1,8 millones de hogares en los que nadie trabaja, 16 % más en un año, necesitan cuidado urgente no basta con prometer que con el cambio de ciclo y el retorno de la confianza (¿cuándo y por qué retornará?) las cosas mejoraran.

Por eso es positivo que al menos el Gobierno haya decidido mantener la ayuda de última instancia de 400 euros hasta que el paro no baje al menos del 20 %. No hace mucho se proponían suprimirla porque creían que era un desincentivo para que los parados volvieran a trabajar…, pero ahora las situaciones de necesidad son ya demasiado dramáticas como para seguir creyendo en ese mito neoliberal.

También Merkel desde Davos, al parecer preocupada por el nivel de paro de los jóvenes españoles, propone medidas transitorias de apoyo hasta que las reformas surjan efecto y eso puede tardar 3 ó 4 años. No se sabe muy bien en qué consistirían esas medidas, lo que si sabemos es que en Bruselas están dispuestos a que la inversión pública no compute en el déficit pero solo para los países que tengan sus haciendas en orden, es decir con menos del 3 % de déficit lo que excluiría a los países más necesitados de estímulos al crecimiento como España.

No somos los únicos en ver cómo los efectos del austericidio agravan la situación de la actividad y el empleo. En Francia es noticia de última hora que el paro ha crecido en el último trimestre del 2012 en 270.000 personas superando los 3.300.000. Muy lejos de nuestras pavorosas cifras pero con una tendencia al alza que está minando peligrosamente la credibilidad de Hollande.

¡Cómo han cambiado las cosas en poco tiempo!. Releyendo viejos periódicos veo como Le Monde del 30 de junio del 2007 titulaba que “el paro masivo está desapareciendo de Europa”. Los dirigentes de la UE, decía el artículo, se felicitan de la continua reducción del paro, que entonces estaba en el 7,1 % en el conjunto de la UE de 27 países y en el 8,6 % en España, casi el mínimo histórico (en el IV trimestre del 2006 era del 8,3 %). Resulta deprimente releer ahora los argumentos según los cuales ni la mundialización ni el avance tecnológico estaban creando el desempleo masivo que se temía. Ya preocupaba el paro juvenil pero con la flexibilidad a la danesa y manteniendo los ritmos de crecimiento se podía arreglar. Zapatero decía que la legislatura de 2009 sería la del pleno empleo y no era el único, Sarkozy también lo veía posible.

Es decir, estábamos al borde del abismo y nadie lo veía. La desindustrialización de Europa, con la excepción alemana, que ahora tanto se lamenta, se estaba ya incubando pero seguíamos creyendo en las consecuencias positivas de la globalización económica y financiera.

Desde el cuarto trimestre del 2007 al del 2012 la tasa de paro en España ha pasado del 8,6 al 26 % y no es mayor porque la población activa también se ha reducido como consecuencia del desánimo de unos y de la emigración de cada ve más potenciales buscadores de empleo. En números absolutos el paro ha crecido en algo más de 4 millones de personas. Una catástrofe que nadie vio venir y que en buena medida es el resultado de terapias equivocadas para una situación causada por los excesos del endeudamiento privado cabalgando sobre un modelo de crecimiento insostenible.

Tan insostenible como es ahora pretender recuperar el crecimiento manteniendo parados todos los motores que podrían impulsarlo. No veo cuál es la racionalidad en base a la cual el Gobierno anticipa signos de recuperación a lo largo del 2013 (otra vez los “brotes verdes” de los que nos hablaban los ministros socialistas en el 2009 ). Más bien es de temer que si seguimos con las mismas políticas de austeridad a escala nacional y europea tendrá razón el FMI y llegaremos al 30 % de paro. Y no hay sociedad que resista esto.

2 pensamientos en “Austericidio

  1. Estoy totalmente de acuerdo con el Sr. Borrell así como lo que comenta. Dicho lo cual, me gustaria que las personas que son referencia como él empezaran, manteniendo este discurso, a acompañarlo de actuaciones a nivel micro. En este sentido, la reivindicación de un nuevo modelo de gestión más participativo es una buena forma de hacer y el reto, posiblemente, es avanzar en generar espacios de confianza y en procesos de gestión participativa tanto en la empresa pública como en la privada, lo que significa compartir no sólo los sacrificios sino también el control o mejor dicho el desarrollo”
    http://www.desdelafrontera.com/2013/01/como-gestionar-con-futuro-comparte-el.html

  2. Pingback: Austericidio | Economía-Empresa-Organiza...

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