Economía, ideología y reforma laboral

A propósito de la presentación en Valencia del libro de Economistas Frente a la Crisis “No es economía, es ideología”

María Luz Rodríguez. Profesora Titular de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social (Universidad de Castilla-La Mancha).  Ex Secretaria de Estado de Empleo. Miembro de Economistas Frente a la Crisis.

Hace tiempo que el mercado de trabajo vive preso de creencias ideológicas que se presentan como verdades científicas. Sea cual sea la situación de la economía y la política económica que se esté desarrollando, siempre se le responsabiliza de la destrucción de empleo y se busca en una supuesta rigidez de las normas que regulan las instituciones laborales la culpa de las tasas de paro.

A ello contribuyen, y mucho, algunos/as laboralistas y economistas, que, en lugar de ser honestos desde un punto de vista intelectual y reconocer abiertamente que las propuestas que realizan están marcadas por una determinada concepción de las relaciones de trabajo, esto es, una determinada ideología, las presentan como si fueran verdades científicas. Se valen de su prestigio intelectual para hacer creer a la ciudadanía y a algunos/as responsables políticos que lo que ellos/as predican es pura técnica –neutra y objetiva- y no obedece, por tanto, a dogmas de fe política alguna, ni a prejuicios ideológicos que consideran pasados de moda. Logran, así, confundir a muchas personas bienintencionadas, que terminan por creer que el camino que marcan esos sabios y sabias -en este caso el camino para salir de la crisis- es el único de los posibles.

Yo, lo confieso, sí tengo ideología y una determinada forma de comprender las relaciones de trabajo. En eso soy como ellos/as, pero con una diferencia, que lo digo claramente, de modo que no engaño a nadie presentando mis propuestas como si fueran verdades absolutas. Ahora bien, creo que eso no me resta ni un ápice de rigor intelectual y solvencia técnica. Tengo, como ellos/as, suficiente conocimiento científico sobre la materia y bastante experiencia. Tanta como para poder valorar y avalar con datos estadísticos la falacia de sus “recetas” y, lo que es peor, el daño que están causando a los intereses generales. Lo mismo que los demás Economistas Frente a la Crisis, que así lo manifiestan en su libro No es economía, es ideología.

Uno de esos valores ideológicos que se han presentado siempre como verdades científicas es que la devaluación de los salarios crea empleo. La tesis es aparentemente sencilla: como se concibe el trabajo como cualquier otra mercancía, se piensa que bajando su precio habrá más empresas que lo compren. Aplicando este axioma a la situación de desempleo terrible que vivimos en nuestro país, se entiende que, bajando los salarios, habrá más empleo. Más aún: como vivimos en una economía global y necesitamos ser competitivos a escala mundial, devaluando los salarios (ya que no podemos devaluar nuestra moneda) podemos hacer crecer nuestras exportaciones y atraer hacia nuestro país inversión extranjera. Todo lo cual se traduce, al menos en teoría, en un incremento del empleo.

Uno de los valores ideológicos que se han presentado siempre como verdades científicas es que la devaluación de los salarios crea empleo.

Claro que lo anterior requiere una reforma laboral que impulse mecanismos de rebaja salarial (el llamado “descuelgue salarial” es uno de ellos) y deteriore el poder de negociación de los sindicatos y la vitalidad de la negociación colectiva, a fin de que sean las “circunstancias del mercado”, en este caso, el miedo a perder el empleo en un país con casi 6 millones de personas en el paro, las que marquen los salarios, naturalmente a la baja.

Ese es, tal cual, el diseño “de libro” de la reforma laboral de 2012. Que ha venido a sumarse a la devaluación salarial que ya estaba en marcha desde 2009 y que se ha hecho más intensa a partir de 2011: desde ese momento no han dejado de bajar los incrementos salariales pactados (del 2,44 por ciento en 2011 al 1,31 por ciento en 2012), la remuneración por asalariado/a (variación interanual de 0,7 por ciento en 2011 al 0,5 por ciento en 2012) y los costes laborales unitarios nominales (variación interanual del -1,4 por ciento en 2011 al -2,6 por ciento en 2012) y los reales (variación interanual del -2,4 por ciento en 2011 al -3,0 por ciento en 2012). Y, sin embargo, no se crea empleo; al contrario, se destruye.

La devaluación salarial en curso no está creando empleo, sino causando paro y dolor a la sociedad.

Los datos del último año son dolorosos, pero evidentes: 380.949 parados/as más en las estadísticas de paro registrado, que alcanza el récord histórico de 4.980.778 personas registradas como desempleadas; 778.829 afiliados/as menos a la Seguridad Social; una pérdida de más de 850.000 empleos y un incremento del número de personas desempleadas que supera las 690.000. No sé si es a esto a lo que se refería la Ministra de Empleo y de Seguridad Social cuando decía sentirse “muy moderadamente satisfecha de la reforma laboral”. A mí me parecen, sinceramente, cifras terribles, que vienen a demostrar que la devaluación salarial en curso no está creando empleo, sino causando paro y dolor a la sociedad.

Como sucede con la propia austeridad, ya que, desde el segundo trimestre de 2012, los recortes en gasto público están provocando graves pérdidas de ocupación en el empleo público, más altas incluso que las habidas en el empleo privado (en el último trimestre de 2012, la ocupación baja un -6,98 por ciento en el primero frente a un -4,30 por ciento de pérdida de ocupación en el segundo).

Estos mismos datos de pérdida de empleo e incremento del número de personas en desempleo sirven para desvelar otro de los valores ideológicos hechos valer como axiomas científicos. Hemos escuchado una y otra vez que el coste del despido estaba frenando la creación de empleo, como si lo que hay que pagar por destruir un puesto de trabajo en el futuro influyera decisivamente en la creación del mismo en el presente. Siguiendo este sendero, la reforma laboral de 2012, profundamente ideológica en este y otros muchos aspectos, rebaja la indemnización por despido y lo facilita considerablemente, al eliminar la autorización administrativa en los expedientes de regulación de empleo.

Hay una estrecha correlación entre la facilidad para despedir y el incremento de los despidos: desde que entró en vigor la reforma laboral de 2012 se han incrementado los despidos.

Los resultados no se han hecho esperar. Acabamos de ver que no se crea empleo, sino que se destruye. Pero hay más: desde que entró en vigor la reforma laboral de 2012 se han incrementado los despidos. Lo que viene a confirmar que, más que una relación entre el coste del despido y la creación de empleo, lo que existe es una estrecha correlación entre la facilidad para despedir y el incremento de los despidos. En efecto, en 2012 ha habido más de 1,9 millones de despidos, frente a los 1’7 millones que se produjeron en 2011 (un incremento en el número de despidos de casi un 11 por ciento). Se han incrementado los despidos individuales basados en causas económicas (pasando de 173.535 a 261.508); pero, sobre todo, se han incrementado los despidos colectivos basados en esas mismas causas, los conocidos como expedientes de regulación de empleo. Con datos de noviembre de 2012, es decir, a falta de un mes para concluir el año, ya son casi 89.000 los despidos de esta clase, la cifra más alta de despidos colectivos de toda la crisis económica. Consecuencia, sin ninguna duda, de haber eliminado la autorización administrativa para poder llevar a cabo esta clase de despido y haber descompensado, por esa vía, el poder de negociación de los/as trabajadores/as en los procesos de reestructuración empresarial.

Un año después de la reforma laboral no parece que se negocie más rápido, ni tampoco que se negocie mucho más en el nivel de la empresa.

Un último valor ideológico utilizado como verdad científica al que me quiero referir es al del dinamismo y la capacidad de adaptación al entorno de la negociación colectiva. Se había insistido mucho que nuestro modelo de negociación colectiva no poseía la capacidad de adecuarse al rápido devenir de los acontecimientos económicos. Primero, porque tardaban mucho en renegociarse los convenios colectivos y, después, porque apenas si teníamos negociación colectiva en la empresa. Nuevamente la reforma laboral de 2012 hace suyos estos valores e incorpora las dos “recetas científicas” para acabar con estos problemas: la limitación del periodo de ultra-actividad del convenio colectivo a 12 meses de duración (antes duraba hasta que se firmaba el nuevo convenio colectivo) y la prioridad absoluta de la negociación colectiva en la empresa, sin ningún tipo de ligazón con la negociación colectiva sectorial, en un país en el que más del 86 por ciento de las empresas tiene menos de 10 trabajadores/as.

Un año después, no parece que se negocie más rápido, ni tampoco que se negocie mucho más en el nivel de la empresa. Teniendo en cuenta los convenios colectivos registrados en 2012, el porcentaje de trabajadores/as con convenio de empresa ha aumentado en menos de 2 puntos, pasando del 8,77 por ciento en 2011 al 10,61 por ciento en 2012, con lo que, verdaderamente, la estructura de la negociación colectiva apenas ha sufrido cambios.

La devaluación salarial no necesariamente crea empleo, pero empeora la calidad de vida de los/as trabajadores/as y sus familias.

La que sí está sufriendo con los cambios producidos en su regulación es la propia negociación colectiva. El número total de convenios colectivos registrados en 2012 (2.611) es el más bajo de toda la crisis económica y el más bajo también de toda la serie histórica. Es decir, se están negociando muchos menos convenios colectivos de los que se negociaban con anterioridad. Pero lo peor es que el número de trabajadores/as a los que los convenios colectivos registrados en 2012 dan cobertura (6 millones) es también el más bajo de toda la crisis económica y hay que remontarse hasta 1982 para encontrar otro más bajo en toda la serie histórica. Conclusión: la negociación colectiva se está desvitalizando y el modelo de relaciones laborales está perdiendo las propiedades de que le nutría la misma: mayor igualdad entre trabajadores/as y empresarios/as, mejor redistribución de rentas y más democracia en las empresas.

Bien, con los datos que acabo de esgrimir, creo haber demostrado que la devaluación salarial no necesariamente crea empleo, pero empeora la calidad de vida de los/as trabajadores/as y sus familias, y es muy posible que esté en la base de la fuerte depresión de la demanda interna que hoy cercena la capacidad de crecimiento de nuestra economía.

También hemos visto que las facilidades para despedir lo único que engendran son nuevos despidos, sin que haya crecimiento alguno del empleo. Eso sí, favorecen la imposición del poder del/a empresario/a en la empresa, ya que el temor al despido, cuando hay casi 6 millones de personas buscando trabajo, actúa como impulsor de la sumisión y la obediencia.

Finalmente, la pretendida búsqueda de una mayor capacidad de adaptación de la negociación colectiva, se está saldando con una devaluación de ella. Se sabía, claro que sí, que con un tejido empresarial compuesto de pequeñas y pequeñísimas empresas, la negociación en el seno de estas –sin ningún tipo de “cortafuegos” procedente de la negociación sectorial- se iba a entablar entre partes desiguales en poder y, por tanto, podía terminar con la imposición de las condiciones de trabajo que solo favorecen a la empresa. Se sabía también que, limitando la ultra-actividad a un año de vigencia, bastaba esperar ese tiempo para que el convenio colectivo se muriera. A partir de ahí, el temor de los/as trabajadores/as a quedarse sin convenio colectivo y, así, al albur de otro peor o del propio poder empresarial, ejerce como elemento de convicción para aceptar las posibles rebajas de derechos que las empresas puedan poner encima de la mesa.

Todo lo anterior es lo que se estaba buscando. Pura ideología y poca ciencia. Lo bueno de descubrirlo es que nos permite afirmar que hay otra forma de entender y hacer los cosas. Que hay alternativas. Economistas frente a la Crisis apuesta por ellas.

5 pensamientos en “Economía, ideología y reforma laboral

  1. Fueron FEDEA y AGETT, los lobys ideológicos ultraliberales los que estuvieron detrás de la reforma laboral de hace un año. Pero hay alternativas. También en las relaciones laborales. Tendremos ocasión de compartirlas con Mariluz el día 28 de febrero en Albacete.

    • Claro que hay alternativas. Será un placer estar en Albacete el 28 de febrero para compartir las reflexiones y propuestas de Economistas Frente a la Crisis. Un saludo, María Luz Rodríguez

      • Gracias por dejar escrito lo que no pudimos oír en directo en Valencia, en La Nau por falta de espacio, aunque lo oímos con alguna dificultad momentánea de sonido en el Aula contugua via TV interna.

  2. Reblogged this on gabriel catalano and commented:
    Realidades a uno y otro lado del Atlántico, casi con la misma retórica con excepción que unos luchan por mantener y no perder el status, y otros sufren las consecuencias de modelos cerrados al mundo… (no tengo idea de qué lado del Atlántico te encuentras); Gabriel Catalano

    Uno de los valores ideológicos que se han presentado siempre como verdades científicas es que la devaluación de los salarios crea empleo.

    La devaluación salarial no necesariamente crea empleo, pero empeora la calidad de vida de los/as trabajadores/as y sus familias.

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