Contra el PIB

Jaime Bravo (@jaimemad) es estudiante de bachillerato y miembro de Economistas Frente a la Crisis.

Por su carácter eminentemente internacional, la situación de crisis está afectando a la práctica totalidad del planeta. Pero no debemos olvidar que, incluso dentro de esta situación de crisis generalizada, sigue habiendo grandes desigualdades sociales, económicas y territoriales. Son estas desigualdades las que están causando grandes brechas de renta, productividad y beneficio. Y miles son los ejemplos con los que se pueden reflejar estas afirmaciones. A través de un proceso de recolección de datos y estadísticas – la mayoría proveniente del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional y de la Central de Estadísticas Nacional de cada país – es posible ilustrar cómo el PIB, la medida económica por excelencia,  no es útil en los países pobres.

 Pensémoslo por un momento y de una forma rápida. El PIB es una medida económica que suma los bienes y servicios producidos por una determinada población en un determinado espacio de tiempo. Ante esta definición surgen varias posturas. Una de ellas dice que el PIB sí ha sido efectivo como indicador del crecimiento económico de los países subdesarrollados y que envía señales al mercado del desempeño económico del país. En otras palabras, que el PIB es ciertamente un indicador fiel de la situación de los países, independientemente de su nivel efectivo de renta disponible. Otras posturas defienden que, atendiendo a los diferentes pesos demográficos, el PIB per cápita debería tomar una mayor  relevancia en la medición del desempeño económico de los países pobres, porque es más fidedigno que el anterior como indicador de desarrollo.

Por último, hay quienes creen que las dos anteriores son erróneas y que medir el desempeño económico de los países más pobres es extraordinariamente difícil. En particular, las dos posturas anteriores obvian dos realidades: La primera, que muchas de las actividades económicas que se realizan en los países en desarrollo no están controladas por las actividades gubernamentales y esto provoca que no se añadan a las estadísticas oficiales del PIB. Un agricultor (no está de más decir que los países en vías de desarrollo, sobre todo los más pobres, la producción agrícola para autoconsumo mantiene un alto peso relativo en la producción nacional, en contraposición a lo que sucede en los países ricos) de Nigeria que produce cacao y que lo vende a su vecino a cambio de carne de vaca no refleja esta transacción en el PIB pero sí permite que estas dos personas y sus familias se alimenten-. La segunda, referida al uso del PIB per cápita, obvia que éste no es más que una mera división entre el número de ciudadanos de un país, sin atender a criterios de distribución interna de la renta. Por lo tanto, ninguno de los dos puede realmente considerarse un indicador adecuado para examinar el nivel de desarrollo económico de estos países

Pero, ¿por qué usarlo entonces en los países industrializados? La razón es que en los países industrializados el PIB se asemeja más a la realidad porque las  diferencias en la distribución de la renta están más sistemáticamente analizadas y el tamaño de la economía informal es mucho menor.

Entonces, ¿cuáles son las alternativas al PIB? ¿Cómo podemos determinar el desempeño económico si no confiamos en la medida económica por excelencia? Surgen algunas reflexiones: La primera de ellas será el impacto en el medioambiente; en segundo lugar, los círculos virtuosos y los círculos viciosos y, por último, las medidas sociales y educativas más comunes de esos países. El artículo pretende contribuir a enriquecer las perspectivas en materia de análisis económico de los países en vías de desarrollo.

El medioambiente: lo que nos rodea sí importa

Si bien es cierto que una de las bases del modelo desarrollista es explotar el medioambiente y aceptar la contaminación porque “es un daño colateral del progreso de todos los seres humanos”, es un modelo que no es escalable ni sostenible. Esto es algo que, teóricamente, ya sabían los países ricos: explotar el medioambiente para crecer no es ético ni sostenible. Pero lo siguen haciendo. Las crecientes exigencias de política ambiental en la Unión Europea  o en Estados Unidos, ha trasladado buena parte de la producción industrial más contaminante a los países subdesarrollados. Amazon, por ejemplo, aumentó su tasa de deforestación hasta un 88%. Pero una de las tendencias del mundo respecto al medioambiente ha sido, sin duda, la de olvidarlo. Lo usamos, claro, pero no lo respetamos.

El Fondo Monetario Internacional ha estado particularmente presente en estos procesos de investigación y de recolección de datos. Primero, porque es difícil entender que si una entidad internacional propugnaba lo que propugnaba – evitar las crisis internacionales y en cierto modo provocar el crecimiento económico en los países subdesarrollados, además de servir como apoyo a estos en caso de que hiciesen un préstamo –hiciese todo lo contrario en la práctica. Segundo, porque algunas actuaciones del FMI son realmente incomprensibles. El caso de Indonesia es particularmente significativo. Por la crisis económica y por la consecuente devaluación de su divisa, la rupia, en 1997, Indonesia tuvo que pedir un crédito al FMI. El crédito en cuestión era por valor de 43 mil millones de dólares. Para que Indonesia pudiese acceder a ese crédito, para que el FMI se lo entregase, debían hacer algo a cambio: bajar los impuestos a la explotación de madera y favorecer la entrada de capital extranjero en el país relacionado con el sector de los bosques y de los medioambientes. El resultado, fue una deforestación de los territorios indonesios. Las multinacionales se situaron allí para explotar esos territorios y poder beneficiarse de la actividad deflacionaria ‘mágica’ que conceden los países pobres.

La tendencia del FMI siempre sigue unos parámetros claros. Luego de estudiar el caso de Bolivia, México, Argentina, Ecuador, Brasil e Indonesia pueden extraer unos parámetros comunes. La actuación del Fondo Monetario Internacional en estos países se podría definir de la siguiente manera

  • El FMI siempre exige a los países que recorten más gasto público. El problema de esta afirmación, muy común normalmente en los países ricos, es que los países pobres no suelen tener altos niveles de gasto público por lo que se les pide recortar en algo que, de por sí, no poseen.
  • El FMI quiere recuperar el dinero, a toda costa. Actúa como una entidad financiera. No importa, en algunas ocasiones, el simple hecho de asegurar y de afianzar la actividad económica de esos países que no tienen modelo productivo, sino el de recuperar las inversiones hechas allí.
  • Las actitudes del FMI para con los países pobres o en vías de desarrollo es tremendamente irresponsable. Muchas veces ni siquiera abarca sólo al término financiero y/o económico, sino que también lo hace al social.

¿Por qué cuento esto? Una de los indicadores por los que se guían los organismos internacionales es el Producto Interior Bruto. Todos, automáticamente, asociamos que una caída del PIB es una caída de la economía. Pero, ¿podemos y debemos crecer, siempre, de forma ilimitada? ¿Si el PIB no crece una economía va mal? Las relaciones internacionales han propiciado esta idea de forma radical durante los últimos tiempos. Una idea que, sin duda, no entraña ningún tipo de justicia.  La agricultura, además, siempre ha conformado una de los componentes relativos más importantes del PIB de los países pobres mientras que va en decadencia en los países más ricos del globo.

 Lo virtuoso y lo vicioso

Ciertamente, los países pobres seguirán siendo pobres si algo no se hace para eliminar este problema. El debate del crecimiento endógeno, esto es, el crecimiento de los países por sí mismos sin la influencia de fuerzas exteriores, está más vigente que nunca. Los países pobres necesitan ayuda del exterior. Esa es, por ejemplo, la finalidad del Fondo Monetario Internacional del que hablábamos antes. Pero acceder a la financiación internacional, tal y como están las cosas es muy difícil. Simplemente, porque se entra en un círculo vicioso que seguiría la siguiente estructura:

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Deducimos, por tanto, que los países piden un crédito para que su economía no quiebre. Pero que una vez ‘salvada’ la economía (si realmente se salva) el pago de la deuda más los intereses prima. Para hacerlo, el país tiene que recortar su ya maltrecho gasto público. Como no puede emplear ese dinero para invertir en una mayor formación de su ciudadanía, por ejemplo, sigue recurriendo a los métodos de crecimiento económico derivados de la actividad de las multinacionales. Las multinacionales son buenas y deberían llegar a permitir un crecimiento económico en los países pobres. Pero no lo hacen. Los círculos viciosos que están tomando lugar no van a hacer que la pobreza acabe. Los datos por sí solos no son útiles. ¿Nos fiaríamos de un dato que nos dice que la pobreza baja en África? ¿Sería justo que la pobreza bajase en África sólo porque los precios suben artificialmente y porque los salarios lo hacen, también, en consecuencia? ¿Hasta dónde debemos creer los datos que se nos facilitan?

Pero quizá también podríamos decir que ha habido una serie de círculos virtuosos en estos países pobres. La razón por la que muchos están creciendo es porque, sencillamente, han encontrado su modelo productivo  y no dependen de ninguna entidad internacional a la que han de rendir cuentas. En otras palabras, la soberanía económica de esos países reside en ellos mismos. La atracción de la Inversión Extranjera Directa (IED) ha comportado un fenómeno curioso. Etiopia pasó de recibir 109 millones de dólares en 2008 a 627 en 2011. Zimbabwe pasó de 52 millones a 387 en el mismo espacio de tiempo. Otro país pobre y en vías de desarrollo, Mozambique, pasó de 559 en 2008 a 2079 en 2011, según indica el Banco Mundial. Sin embargo, otros países como por ejemplo Tailandia, Sudán, Burundi o Afghanistan, vieron disminuida su IED en ese mismo período de tiempo.

La IED es algo muy relevante. Supone que cualquier país extranjero decide invertir en el país en cuestión con un fin. Las inversiones, sin lugar a dudas, redundan en el beneficio económico del país (de hecho el PIB, protagonista de este artículo, ha crecido en esos países de manera cohibida con algunas desaceleraciones y con situaciones de recesión, sobre todo tras el impacto de la crisis europea y norteamericana) pero, ¿lo hacen en el beneficio de los ciudadanos?

La medida estadística primera para estos casos es el PIB per cápita. Es decir, que los economistas consideran que para alcanzar a conocer cómo es realmente la renta disponible de la ciudadanía, utilizan medidas estadísticas como ésta. Pero planteemos un supuesto, como tantos otros han sido planteados por economistas a lo largo de la historia. Pensemos un poblado africano cuya actividad central es la agricultura y la ganadería. Pensemos en un país, Uganda. Pensemos, también, que hay una población de 40 personas de las que 15 son mujeres y, estudiando la cultura africana, ellas no se dedican a las tareas ganaderas, pero sí algunas veces a las agrícolas. Estableceremos que esas 15 no se dedican a las tareas agrícolas o ganaderas, pero que sí desempeñan otras funciones importantes dentro de esta población. La producción de carne de vacuno es de cinco toneladas al año (poco, porque tienen que abastecer de leche a la poca población infantil que poseen y porque muchos de esos animales se dedican a actuar como una mano de obra en las tareas agrícolas). Y no comercian con otras tribus. En términos económicos, diríamos que son autárquicos. La realidad es que ese poblado de 40 personas no aportará nada o muy poco al PIB. Primero, porque no hay ninguna actividad comercial real subyacente de las operaciones diarias de esa familia. Segundo, porque la contabilización de lo que esa tribu produce y consume escapa al Estado. Situaciones como estas se dan a lo largo de la historia en múltiples ocasiones.

A vueltas con la sociedad ‘en desarrollo’ y conclusiones

Como conclusión a este artículo y, por tanto, a esta línea de investigación es necesario decir que hay que medir muchas más variables. Para empezar, la educación en muchos países pobres es deficiente. La mayoría de niños en las escuelas de Kenia se esfuerzan para poder acceder a los niveles más altos de educación y, consiguiéndolo, no pueden hacerlo por la elevada cuantía económica que les supondría a la familia enviar a uno de sus hijos a estudiar Es complicado definir si realmente los países pobres saldrán de la crisis en 2015 como quiere la Organización de las Naciones Unidas. Algunas lo harán, claro. Pero otras no. El estudio debería centrarse, entonces, en estas últimas. ¿Por qué África no crece e India sí? No es aceptable el término de la corrupción porque muchos países del sudeste asiático son más corruptos que algunos africanos.

La respuesta, entonces, no debería buscarse en el PIB. Según el PIB muchas naciones son ricas ahora. Pero aceptar esta frase como cierta es negar la realidad más inmediata. Porque muchos países (Kenia) con alto PIB no saben cómo combatir de una manera eficaz enfermedades como la malaria, la tuberculosis, la fiebre amarilla etc. que están totalmente extinguidas en el Primer Mundo. Porque  hay algunos países con PIB creciente por la actividad económica que llevan a cabo (Bangladesh) que promueven una desigualdad creciente entre los más ricos y los más pobres. Porque hay algunos países con PIB alto () donde la esperanza de vida crece a unos ritmos lentos y donde los accidentes laborales están a la orden del día. Hay lugares donde la sociedad está en desarrollo y donde la pobreza aumenta. Por eso, y porque el PIB no está dando señales correctas a los mercados, ya de por sí ineficientes y pequeños de los países pobres, tengo que decir que estoy contra el PIB.

*El crédito es usado para invertir en infraestructuras que provoquen un cambio en la tendencia de la actividad económica.

2 pensamientos en “Contra el PIB

  1. Según Rosa Luxemburgo la economía se expande desplazando a economías naturales y por que no, economias de desarrollo inferior. Independientemente de la aceptación de sus tesis centrales, aporta una explicación histórica de contenido sólido en el análisis de los préstamos dados por Inglaterra a los países de América del sur , Egipto, y Asia, con el resultado que los préstamos eran para que esos países pudieran comprar las mercancías inglesas y que además los prestamos eran contratados con comisiones y corruptelas. Todo esto era después cobrado a los países endeudados bajo las acusaciones de flojos, corruptos, y además en medio de amenazas y flotas de guerra. Esto no está muy distante de lo que ocurre actualmente. El libro de Rosa Luxemburgo en su capítulo XXX expone lo dicho. http://www.ptr.cl/publicaciones/wp-content/uploads/2012/01/Luxemburg-Rosa-La-acumulacion-del-capital-1913.pdf

  2. Jaime te felicito por tu artículo. Está escrito de forma clara y correcta, y lo que planteas es un tema relevante.
    Creo que el debate trasciende a lo puramente económico. Hay una cuestión metodológica previa. En la medida que la economía se ha convertido, por su enfoque dominante, en la ciencia de la racionalidad, ha abandonado su verdadera naturaleza de ciencia social. Hasta tal punto eso es así que la ciencia económica ha pasado a ser el paradigma de la concepción dominante de la ciencia. Esta supone un abandono igualmente de la verdadera naturaleza de la ciencia (indesligable de la filosofía) como si el conocimiento científico (positivismo empírico popperiano) tuviese entidad por sí mismo y permitiese explicar todo (cientificismo).
    Esta reflexión tan abstracta es fundamental para tener en cuenta que el progreso y bienestar de las sociedades no depende de forma exclusiva, ni siquiera principal, del crecimiento económico (valor de la producción de bienes y servicios que se valora o se puede valorar- caso de los bienes públicos-, a precios de mercado, puesto que son un objeto de intercambio monetario. Las sociedades requieren de un equilibrio entre la sociedad civil (bienes y valores o intereses compartidos que no son objeto de intercambio interesado sino que se disfrutan en común o al menos no llegan ser objeto de valoración monetaria), -esa debía ser la base principal de toda cosntrucción social-, el Estado (intereses colectivos que la acción política del Estado garantiza mediante la regulación y la legítima capacidad de coacción, tanto mayor cuanto más representativo es -democrático- de la sociedad) y el mercado (intereses individuales que se satisfacen mediante el intercambio en los mercados).
    Por tanto, la economía, campo acotado de conocimiento y de la realidad social, se restringe al ámbito de los intercambios mercantiles. Al revés de lo que supone la teoría económica dominante, para que la economía funcione eficazmente es positivo que esté influida por valores no mercantiles (sociedad civil) que son los que en definitiva favorecen más la fiabilidad en todos los órdenes de la actividad económica, y que haya una regulación de los mercados bajo el amparo de la legalidad representada por el Estado (política industrial, de mercados o de competencia, como indistintamente se la puede denominar).
    Hecha esa distinción podríamos entrar a analizar más a fondo la actividad económica propiamente dicha, y el sentido y valoración de la misma. Esto nos llevaría a cuestiones relacionadas con la contabilidad empresarial y, sobre todo, con la Contabilidad Nacional, que en definitiva es una metodología que se utiliza para el cálculo del PIB. No entro en este tema porque me alargaría demasidado en un espacio como este que se debe limitar a un simple comentario.
    Te reitero mi felicitación por tu buen artículo,

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