EPA: El empleo sigue disminuyendo y cada vez es más precario

José Ignacio Pérez Infante es Economista y miembro de la Asociación Española de Economía del Trabajo y de Economistas Frente a la Crisis

Con los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) del cuarto trimestre de 2013 la población ocupada disminuyó en el trimestre en 65.000 personas, pese a lo cual el paro se redujo en 8.400 personas. La escasa disminución trimestral del paro no se explica, por lo tanto, porque aumente la ocupación y esas algo más de ocho mil personas hayan encontrado empleo sino por la caída de la población activa en 73.400 personas, caída que más que contrarresta la destrucción de empleo. Después de ese ligero descenso del paro, el número de personas desempleadas asciende a 5.896.300 y la tasa de paro (porcentaje respecto de la población activa) al 26%, igual tasa que la del trimestre anterior y la de un año antes. Ambas cifras, muy elevadas, son inferiores a las máximas históricas alcanzadas en el primer trimestre de 2013, 6.202.700 y 27,2% de tasa de paro.

Como el cuarto trimestre de cada año, coincidente con el final de la temporada turística, suele ser negativo para el empleo, los datos desestacionalizados del trimestre (que eliminan estadísticamente la influencia de la estacionalidad) publicados por el INE son más favorables que los originales e indican en tasas de variación intertrimestrales (respecto del trimestre anterior) un ligero crecimiento del empleo, del 0,3%, y un descenso del paro mayor, del 1,2%,  por el efecto de la bajada de la población activa, insuficientes, en cualquier caso, para justificar el optimismo exacerbado del gobierno sobre el cambio de tendencia y el final de la crisis económica, sobre todo en lo que respecta al empleo.

Ahora bien, los datos desestacionalizados que publica el INE desde el primer trimestre de 2013 se limitan a las tasas de variación intertrimestrales del empleo y el paro sin publicar los niveles ni las variaciones en cifras absolutas (en número de personas) de esas dos variables y sin publicar tampoco los datos desestacionalizados de las otras variables relacionadas con la posición de las personas en el mercado de trabajo, población activa e inactiva, ni las desagregaciones de las variables consideradas por distintas características, como el sexo, la nacionalidad, los sectores o el tipo de contratación, lo que dificulta un análisis riguroso de los datos desestacionalizados, máxime cuando las cifras difundidas por el INE no coinciden plenamente con las estimadas por algún experto.

Para evitar este problema, las variaciones que consideraremos en el resto del artículo serán las interanuales, en relación con el mismo trimestre de un año antes. Según estas variaciones interanuales, y a pesar del final en el tercer trimestre de la recesión económica (descenso intertrimestral del PIB) y de la ofensiva gubernamental sobre la recuperación económica, el empleo retrocedió en un año en prácticamente doscientas mil personas (-198.900), el -1,2% en términos relativos. Por su parte, el paro, que venía creciendo en términos interanuales desde el inicio de la crisis, disminuye en el cuarto trimestre de 2013 en 69.000 personas. Aunque, como en el caso de las variaciones intertrimestrales, esta aminoración del paro no se explica porque aumente el empleo sino porque la elevada reducción de la población activa, de casi trescientas mil personas (-267.900), más que contrarresta la citada caída del empleo de prácticamente doscientas mil personas.

El descenso de la población activa de 267.900 personas se reparte entre la muy elevada disminución de la población total de 16 y más años, de 211.300 personas, representativa de la importancia de la emigración de trabajadores al extranjero, y el aumento, bastante menor en valor absoluto, de la población inactiva de 56.600 personas, significativo del abandono de una parte de las personas anteriormente activas de la búsqueda de empleo por la dificultad de encontrarlo (efecto del trabajador desanimado). Este aumento de la población inactiva se corresponde, a su vez, con una caída de la tasa de actividad (porcentaje de la población de 16 y más años que es activa) a lo largo del año de cuatro décimas porcentuales (desde el 59,8% en el cuarto trimestre de 2012 al 59,4% en el cuarto de 2013), caída que es más intensa en los hombres (seis décimas) que en las mujeres (una décima).

Del total del descenso de la población activa (-267.900), casi las dos terceras partes (el 62,9%, 168.500 personas menos) se explica por la reducción de la población activa extranjera, mientras que el restante 37,1% (99.400 personas menos) se explica por el descenso de la población activa nativa. El declive de la población activa extranjera coincide casi en su totalidad con la disminución de la población total de 16 y más años extranjera (-163.000), ya que el aumento de la población inactiva extranjera es muy poco significativo (5.500), lo que supone una importante salida al exterior de antiguos inmigrantes, bien por su retorno al país de origen o bien por la emigración a otros países con mejores oportunidades de empleo.

En cambio, la disminución de la población activa nativa (-99.400) se reparte en prácticamente dos partes iguales entre la reducción de la población de 16 y más años (-48.800) y el aumento de la población inactiva (51.100), lo que es indicativo de la coexistencia en el caso de este colectivo de dos fenómenos: la emigración de nacionales al extranjero, aunque muy inferior a la de los antiguos inmigrantes, y el abandono por desánimo de la búsqueda de empleo que provoca la persistencia de la crisis económica y la destrucción de empleo.

También por edades las diferencias son notables. Así, el descenso de la población activa se produce casi exclusivamente entre los 20 y los 34 años, al disminuir en este colectivo en el cuarto trimestre en relación con un año antes en más de cuatrocientas mil personas (-402.800),  cifra muy superior (en más del 50%) al descenso total de la población activa (-267.900). Este retroceso de la población activa entre 20 y 34 años, unido a que, asimismo, se aminora, aunque menos, la población inactiva de este grupo de edad (-36.700), implica una caída muy elevada de la población total entre 20 y 34 años  (439,600 personas menos), explicada, por una parte, por el envejecimiento de la población, relacionado con el descenso de la natalidad y el aumento de la esperanza de vida que se está produciendo en los últimos años, y, por otro lado, por la emigración al exterior, sobre todo, de los extranjeros, pero también de los nacionales, que, según los datos que diferencian por edades, estaría formada predominantemente por jóvenes entre 25 y 35 años.

En cuanto al empleo, el descenso interanual en el cuarto trimestre de 2013 de prácticamente doscientas mil personas, el -1,2% en términos relativos, aunque muy inferior al de un año antes (850.500 empleos menos, el -4,8%), sigue siendo elevado y, además, similar al que se produjo en el cuarto trimestre de 2010 y el primero y el segundo de 2011, es decir, después de finalizada la primera recesión y antes del comienzo de la segunda recesión de la actual crisis económica. Pero, aparte de la importancia del descenso del empleo, es muy relevante analizar donde se produce. Así, por sectores la caída se concentra en la industria (con 109.300 empleos menos, el -4,6%) y en la construcción (con 95.500 empleos menos, el -8,9%).

Si se considera la duración de la jornada, el retroceso del empleo en el cuarto trimestre de 2013, como viene ocurriendo desde 2010, se concentra en el empleo a tiempo completo, con 339.300 empleos menos respecto de un año antes, mientras que, en cambio, el empleo a tiempo parcial aumenta en 140.400 personas, lo que supone que a lo largo del año el porcentaje del empleo a tiempo parcial sobre el total crece en un punto porcentual, hasta el 16,3%, muy superior al 11% de finales de 2007, antes del inicio de la crisis. El avance del nivel y el peso relativo del empleo a tiempo parcial, que tiene especial incidencia a partir de la flexibilidad que se produce en este tipo de contrato en la reforma laboral de 2012, es un importante indicio de la precariedad del empleo que se está produciendo en el mercado de trabajo español. A este respecto es muy relevante constatar que en el cuarto trimestre de 2013 casi la tercera parte de los trabajadores ocupados a tiempo parcial (el 62,7%) lo hacían de forma totalmente involuntaria, por no haber encontrado trabajo de jornada completa que era el que buscaban. Si, además, se consideran otros motivos para el empleo a tiempo parcial, cercanos a la involuntariedad, como el cuidado de niños, ancianos y personas discapacitadas u otras obligaciones familiares o personales, solo el 6,3% del empleo total a tiempo parcial es plenamente voluntario, por no querer trabajar a tiempo completo.

Por su parte, diferenciando por la situación profesional, casi la totalidad de la caída interanual del empleos se concentra en el empleo asalariado (182.200 empleos menos, el -1,4%). Y, dentro de los asalariados, es superior, por primera vez durante la crisis, la reducción interanual del empleo público (-121.400) que la del empleo privado (-66.800), lo que es sintomático de los efectos de la política de austeridad y de recorte del gasto público. Y, según la duración del contrato, el descenso del empleo se concentra exclusivamente en el indefinido (269.500 empleos menos), ya que el empleo temporal aumenta en relación con un año antes (81.300 empleos más), lo que, a su vez, parece ser reflejo de la ineficacia de la reforma laboral tanto para crear empleo como para reducir la temporalidad. Debido a esta distinta evolución del empleo, la tasa de temporalidad (porcentaje de asalariados con contrato temporal) aumenta en el año en nueve décimas, desde el 23% al 23,9%, lo que es contrario a la tendencia descendente que se había producido a lo largo de la crisis, no desde luego por las distintas reformas laborales aprobadas sino  por la incidencia negativa de la crisis en la construcción y en otras ramas de actividad de elevada temporalidad.

De lo señalado en relación con la evolución del empleo, destaca tanto la continuidad de la tendencia a la destrucción de empleo como que el tipo de empleo que se crea es básicamente precario, a tiempo parcial, en vez de a tiempo completo, y temporal, en vez de indefinido, lo que significa que la reforma laboral de 2012, que el gobierno insiste ha tenido un éxito considerable, ni ha servido para crear empleo ni, desde luego, para mejorar su calidad, sino para todo lo contrario. Por otra parte, esta precarizaciòn del empleo, realacionada con el mantenimiento de un modelo productivo caracterizado por la importancia de empleos temporales e inestables de baja productividad, provocará que, presumiblemente en los próximos meses en los que se espera un moderado crecimiento del PIB, el aumento de la productividad (aparente) por ocupado tenderá a ser menor que el que se produce en los periodos de recesión económica, pero no como indica obstinadamente el gobierno por los efectos positivos, a todas luces inexistentes, de la reforma laboral de 2012 sino por el carácter anticíclico que históricamente tiene la evolución de la productividad por ocupado en España, al contrario de lo que ocurre en la mayoría de los países europeos, lo que hace que el aumento de esa magnitud sea superior en las recesiones, en las que, sobre todo al principio, se destruye más intensamente empleo temporal que indefinido, que en las fases de recuperación económica y de mayor crecimiento económico, en las que el empleo que prioritariamente se crea es temporal y, desde los últimos años, a tiempo parcial.

Por otro lado, en relación con el paro hay que tener en cuenta, como ya se ha señalado, que su reducción reciente no se debe a la creación de empleo sino a la reducción de la población activa, en parte por la menor motivación de la búsqueda de empleo provocada por la  creciente dificultad de la búsqueda de empleo y, en parte, por la emigración de nativos y de extranjeros, sobre todo de estos últimos. En cualquier caso, el elevado nivel de paro, cercano a los seis millones de personas paradas, con una tasa de paro del 26%, de cada cuatro personas activas más de una está parada, que asciende al 55,1% en el caso de los jóvenes menores de 25 años y que supera el 30% en comunidades autónomas como Andalucía, Canarias y Extremadura, es significativo de la enormidad del problema del paro que se agrava aún más, si cabe, si se tiene en cuenta que en más de un millón ochocientos mil hogares todos los activos están parados, que en casi setecientos mil hogares no existe ningún perceptor de ingresos y que la incidencia del paro de larga duración es desmedida e intensamente creciente. En efecto, el porcentaje de parados de larga duración (que llevan, al menos, un año en paro) asciende en el cuarto trimestre de 2013 a más del 60% del paro total (el 60,9%) y el de parados de muy larga duración (que llevan, al menos, dos años en paro) a casi el 40% (el 39,2%). Estos porcentajes suponen las escalofriantes cifras de más de tres millones y medio de personas (3.590.100) que son paradas de larga duración y de más de dos millones trescientas mil (2.309.500) que son paradas de muy larga duración.

El acusado deterioro del mercado de trabajo que se produce desde el inicio de la crisis económica ha provocado una merma del empleo neto desde el cuarto trimestre de 2007 hasta el cuarto de 2013 superior a los tres millones setecientas mil personas (3.752.400) y un crecimiento del paro por encima de los cuatro millones cien mil personas (4.104.400), que implica un incremento de la tasa de paro de dieciocho puntos porcentuales (desde el 8% hasta el 26%).  Ahora bien, este comportamiento tan negativo del mercado de trabajo no solo es consecuencia de la incidencia negativa de la crisis económica en el empleo sino también de la nefasta repercusión de las estrategias de política económica seguidas por los distintos gobiernos españoles desde mayo de 2010, bajo el dictado del gobierno alemán y de distintos organismos nacionales e internacionales, como el Banco de España, el Banco Central Europeo, la Comisión Europea y el FMI, con el asentimiento y fervor de los economistas neoliberales.

En efecto, las políticas de austeridad y de recorte del gasto público, así como de devaluación salarial, cuyo hito más destacado es la reforma laboral de 2012 y la debilitación de la negociación colectiva que provoca, con sus efectos negativos sobre la demanda interna, en general, y el consumo privado, en particular, no ha servido para salir de la crisis económica sino para agravarla. Solo la moderada flexibilidad temporal en el cumplimiento de los objetivos del déficit fiscal (alargando hasta 2016 el objetivo del 3% del PIB), decidida por la Comisión y el Consejo europeo, y el anuncio (sin necesidad de aprobar medida alguna) del gobernador del BCE, sr. Draghi, el 26 de julio de 2012, de que haría todo lo necesario para sostener el euro, con la consiguiente reducción de la prima de riesgo de países como España, ha permitido el final de la recesión económica en nuestro país y no las políticas de ajuste fiscal y de devaluación salarial como continuamente repite el gobierno.

Ahora bien, cara al futuro, la verdadera recuperación económica que sea capaz de superar la  crisis económica y de crear los empleos perdidos desde su inicio exigirá unas políticas radicalmente diferentes a las recomendadas y exigidas por la troika no sólo en España sino también en el conjunto de la zona europea, así como una estrategia del BCE que tenga entre sus objetivos principales la creación de empleo, como es el caso de la Reserva Federal de EEUU. En este sentido, en vez de medidas que se limiten a recortar el gasto público y a reducir los salarios, será imprescindible (como, por otra parte, han hecho, en cierta medida, las autoridades norteamericanas) estimular la demanda agregada de la economía española, puesto que las empresas no aumentarán su producción si no tienen demanda que la respalden, aunque se reduzcan los salarios y el coste laboral unitario (por unidad de producción), como está ocurriendo actualmente. La Ley de Say no se cumple porque la oferta no genera por sí misma su propia demanda, solo el aumento de la demanda generará la oferta (producción) necesaria para crear el empleo suficiente para superar la crisis económica que ya dura seis años.

4 pensamientos en “EPA: El empleo sigue disminuyendo y cada vez es más precario

  1. acabo de hablar con un vecino que esta en paro 58 años de edad trabajador de viajes Marsans
    el SOC (Barcelona) antigua INEM le ha buscado para hacer un cursillo desde el 01/02/2014 hasta el 31/05/2014 en una empresa de reciclaje horario de 8 a 14 horas de lunes a viernes.
    No le pagan nada porque se esta formando y haciendo practicas, ni siquiera el bono de viajes.
    Por cierto la empresa lleva un par de años haciendo estos cursos teóricos y prácticos y luego no hace contrato a nadie.
    Empresa de recogida de residuos y reciclaje….

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