Sector Exterior: no hay milagro español

José Moisés Martín Carretero (@jmmacmartin) es miembro de Economistas Frente a la Crisis*

Desde el inicio de la estrategia de devaluación interna, los titulares de la prensa y las voces complacientes con la política del gobierno están poniendo el acento en la mejora de nuestro saldo exterior como síntoma inequívoco de la mejora de la competitividad española.

Sin embargo, una revisión histórica de las tendencias en relación con el comportamiento de nuestro sector exterior nos muestra que, con ser positivo ese comportamiento, no todo son luces en el mismo.

¿Por qué mejora el sector exterior? Revisando la Contabilidad Nacional

En las primeras lecciones de la macroeconomía, cualquier manual que se precie arranca con las identidades contables básicas que definen una economía. En el caso de España, como en el del resto de la Unión Europea, dicha Contabilidad Nacional se establece bajo el Sistema Europeo de Cuentas, cuya última versión es de 2010. Con independencia de las características técnicas del SEC, los criterios básicos que cumple una identidad contable son los siguientes:

Utilizando una caracterización extraordinariamente simplificada, la primera identidad contable expresa que:

C+I+G+(X-M)=Y

Donde:

  • Y=Renta
  • C=Consumo
  • I=Inversión
  • G=Gasto público
  • T=Impuestos
  • X=Exportaciones
  • M=Importaciones

En una economía en equilibrio, los ahorros (S) son equivalentes a la inversión (I), esto es, se invierte todo lo que se ahorra. Por lo tanto, la anterior identidad contable se puede reorganizar:

C+I+G+(X-M)=Y=C+S+T

O, lo que es lo mismo:

S-I=(G-T)+(X-M)

Sin embargo, el equilibrio entre ahorro en inversión no se da habitualmente en una economía abierta. Por ejemplo, en España, durante los años del boom inmobiliario, la inversión superó al ahorro, de manera que:

S-I=(X-M)+(G-T)

Si I>S entonces: (X-M)+(G-T)<0

Lo que nos lleva a la conclusión de que si la inversión es mayor que el ahorro, esto se produce bien por la existencia de un déficit exterior o un superávit (ahorro) público. Mirando las estadísticas básicas del comportamiento macroeconómico de la economía española pre-crisis, se identificará claramente que ambos factores influyeron. Por un lado hubo años de práctico equilibrio presupuestario –e incluso superávit- en las cuentas públicas, y de un fuerte incremento del déficit exterior, que permitió financiar el exceso de inversión de la economía española incrementando su deuda externa.

El proceso de ajuste producido durante la primera fase de la crisis fue el siguiente:

  • Descenso del consumo
  • Incremento del ahorro
  • Descenso de la inversión
  • Incremento del déficit público
  • Descenso del déficit exterior.

De manera que el ahorro comienza a ser mayor que la inversión, y se invierte la tendencia anterior:

Si I<S implica que S-I>0 por lo que (X-M)+(G-T)>0

Es decir, que el exceso de ahorro de la economía española se destina a financiar o bien una mejora de la balanza comercial (se recibe menos financiación del exterior) o bien un empeoramiento del déficit público. Si esto es así, se da la siguiente relación:

(G-T)>(M-X)

Esto es, si se mantiene que la inversión es inferior al ahorro, el déficit público (G-T) es mayor que el déficit comercial (M-X), que es lo que ocurrió durante los primeros años de la crisis: se contrae la financiación exterior –el déficit exterior es cada vez menor y la deuda externa se contrae- y el ahorro nacional se destina básicamente a financiar el déficit público.

En el contexto del ajuste que arranca en 2010, se inicia un proceso de reducción del déficit público, se mantiene una tasa de ahorro por encima de la inversión, y esto tiene el efecto de “empujar hacia arriba” el déficit exterior:

Si (G-T) del año 2011 < (G-T) año 2010, y se mantiene I>S, por consiguiente:

(M-X) del año 2011 < (M-X) del año 2010.

En conclusión: en un contexto de subinversión y de sobreahorro privado, un proceso de consolidación fiscal lleva añadido un descenso, en términos de identidad contable, del déficit exterior. Sin contar con las transferencias de capital, en el siguiente gráfico se puede observar la tendencia señalada.

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¿Cómo se ha producido este proceso en el caso de la economía Española? Aunque ha habido un incremento de las exportaciones, una revisión histórica de la tendencia permitirá observar que, salvando el año 2009, la tendencia creciente de las exportaciones españolas es básicamente la misma desde el año 2000. Sin embargo el comportamiento de las importaciones ha sufrido una drástica desaceleración desde el inicio de la crisis, por lo que el déficit exterior se ha reducido fundamentalmente a través del estancamiento en las importaciones, las cuales están vinculadas a la ausencia de demanda efectiva.

Como se puede observar en el siguiente gráfico, la línea de tendencia a largo plazo de las exportaciones españolas –identificadas en el gráfico como ingresos por cuenta corriente- han seguido una línea ascendente desde inicios de los años 2000, sin apenas variaciones significativas, con la excepción de la crisis de 2009 y el colapso de que sufrió el comercio internacional. Sin embargo, la trayectoria temporal de las importaciones ha sufrido una importante deceleración, sometida a la atonía de la demanda interna.

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Estas tendencias tienen una doble explicación: mientras las importaciones dependen de la renta disponible interna, y esta se ha visto francamente reducida a lo largo de los años de la crisis y el ajuste macroeconómico, las exportaciones dependen no sólo de las políticas de oferta –competitividad internacional- sino sobre todo de la demanda exterior. Es decir: el crecimiento del comercio internacional y de la demanda mundial “tiran” de las exportaciones españolas, y lo hacen prácticamente al mismo ritmo que lo hacían con anterioridad a la crisis. Las políticas de “oferta” vinculadas a una mayor competitividad son, en realidad, políticas basadas en la demanda mundial, y no se han acelerado en la última etapa del ajuste, sino que, como se puede observar en la línea de tendencia, se mantiene prácticamente en los mismos niveles de crecimiento que mantenían con anterioridad a la crisis internacional.

La situación real de nuestro sector exterior se confirma valorando el peso de las exportaciones españolas en relación con el comercio mundial de bienes. Si España hubiera “ganado competitividad”, su peso en el comercio mundial de bienes se habría incrementado consecuentemente. Sin embargo, no ha sido así. De hecho, España ha perdido peso en el comercio mundial de bienes, situándose a niveles inferiores a los del año 2000. Es difícil llegar a la conclusión de que el año 2013 represente un auténtico cambio de tendencia en un país cuya base productiva no puede cambiar en sólo dos o tres años, y cuya mejora en la balanza por cuenta corriente se debe casi exclusivamente a la reducción de las importaciones vinculada a la menor renta disponible.

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Por su parte, la evolución de las importaciones confirma esta intuición: su estancamiento a partir del a crisis no se debe tanto a un proceso de sustitución de importaciones por ganancia de las competitividad interna, como a una represión de la demanda. Así, pese su abrupto descenso en 2008 y 2009, el peso de las importaciones no ha dejado de crecer en el conjunto de la demanda.

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Como conclusión general de este post, podemos señalar serias dudas sobre la “verdadera naturaleza” del milagro de la recuperación vía sector exterior. Las exportaciones no ha experimentado un cambio de su tendencia a largo plazo y la cuota de mercado internacional que ocupa España es todavía menor a la que ocupaba en el período anterior a la crisis. De igual manera, la contabilidad nacional nos muestra que el efecto de reducción del déficit exterior –y su conversión en un superávit- está muy mediatizado por la subinversión y el sobreahorro, lo cual significa que a largo plazo, el reequilibrio de dichas variables podría llevar parejo la aparición de nuevos déficits por cuenta corriente si no se equilibran las finanzas públicas. Este proceso de reequilibrio tardará mucho en ocurrir, en la medida en que el proceso de desapalancamiento de la economía española lleva implícito un largo período de reajuste en las tasas de crédito y de inversión, por lo que la persistencia de buenos datos en el sector exterior pueden hacernos pensar que es la fuente de la recuperación.

En realidad, el comportamiento del sector exterior no es causa de la recuperación, sino que, como hemos intentando explicar en este post, es sólo una consecuencia más de las políticas de ajuste y de represión de la demanda.

*(El autor quiere expresar su gratitud por los amables comentarios de Jorge Fabra y Miguel Puente a este post).

 

14 pensamientos en “Sector Exterior: no hay milagro español

  1. “Si España hubiera “ganado competitividad”, su peso en el comercio mundial de bienes se habría incrementado consecuentemente.”

    Eso no tiene por qué ser así. Habiendo tanto país con tanta población creciendo más que España (lo que no dice en principio nada malo de España si esos países vienen de estar más abajo) lo suyo sería ver si el peso de las exportaciones españolas en el comercio mundial ha disminuido más o menos que el peso de su PIB en el PIB mundial. España puede muy bien ganar competitividad perdiendo peso en el comercio mundial.

    No solo eso. Incluso puede ganar competitividad con respecto a su pasado (no con respecto a los demás) manteniendo la proporción de exportaciones con respecto al comercio mundial al nivel de su participación en el PIB mundial. Después de todo, todos podemos ser más competitivos y crecer sin que esto requiera que todos ganemos participación en el comercio mundial en mayor proporción que nuestra participación en el PIB mundial, puesto que es imposible.

    • Gracias por tu comentario, José Luis. Como bien sabes no hay una definición muy clara de competitividad, y menos en términos de competitividad-país. Krugman dedicó un libro en los 90 a criticar precisamente este concepto difuso. El New Palgrave, por ejemplo no tiene ninguna definición sobre esto. La competitividad no se puede observar directamente, sino que necesita variables proxy, y la competitividad internacional tiene, como una de sus variables proxy, la variación en las cuotas de mercado. España no ha ganado peso nominal en las exportaciones mundiales, sino que lo ha perdido, eso es una evidencia. También lo es que la tendencia a largo plazo de las exportaciones españolas no ha sufrido una variación muy significativa. La cuota en el mercado mundial es un indicador proxy, que podríamos completar con los ITC que ofrece el MINECO, que confirmarían también esta intuición, ya que los índices están estancados tanto en IVU como en IPC, desde principios de 2010.

      Utilizar el criterio de la relación cuota mundial de PIB/cuota de exportaciones me provoca la duda de si no estaríamos repitiendo el espejismo: si las exportaciones dependen de la demanda exterior -y no de la interior- y el PIB se hunde por la demanda interna en un contexto de crecimiento mundial- ¿no estaríamos sobrevalorando el efecto? Desde un enfoque de oferta tu esquema tendría sentido, pero desde un enfoque de demanda, creo que no. Y una de mis tesis es exactamente que el enfoque de las políticas de oferta es, en el ámbito internacional, sencillamente, pensar que la demanda mundial no cuenta. Pero yo creo que la demanda mundial cuenta mucho, se mueve, crece y decrece, y eso es lo que tira de nuestras exportaciones, no que hayamos mejorado sustancialmente la oferta de las mismas. Supongamos que Venezuela o Nigeria sufren una crisis económica brutal y se mantienen sus exportaciones de crudo. ¿Supondría esto que esos países han ganado “competitividad”? No lo creo.

      Desde este punto de vista (competitividad como capacidad para “competir” en el mercado internacional) no estoy muy de acuerdo con que todas las economías pueden ganar a la vez competitividad internacional. Para que haya economías con superavit en la balanza de cuenta corriente, otras tienen que tener déficit. La economía mundial es una economía cerrada. La suma de las exportaciones mundiales debería ser equivalente a la suma de las importaciones. Si planteas que la “competitividad” es algo parecido a lo que plantea el WEF, esto es, los factores que influyen en capacidad de crecimiento económico a largo plazo, por supuesto que sí. Pero eso no deja de ser otro indicador proxy que, además, en términos de comercio internacional, no veo muy claro.

      • Cada indicador dice una cosa con precisión y no se puede usar mucho más allá de lo que mide. Si queremos saber si España está creciendo, entre otras cosas, gracias a la exportación tendremos que relacionar el crecimiento de España con la exportación de España. Si no, como bien te das cuenta, nos podemos liar.

        Preguntas sobre Venezuela y Nigeria, si teniendo una crisis brutal (decreciendo su PIB, entiendo) pero manteniendo las exportaciones (de petróleo, sobre todo) haría automáticamente que los demás países ganaran competitividad. Claramente no lo hacen en términos absolutos ni en términos relativos cada país consigo mismo del momento anterior al posterior, pero sí relativamente con el resto del mundo (que incluye a dos que han disminuido su productividad). Una buena ilustración de qué índices escoger según qué queramos medir.

        El índice de superávit de la balanza comercial no va muy lejos como indicador de la competitividad. Podemos ser los más competitivos del mundo, con empresas líder en todo y exportar un montón, que si nos entra capital, por ejemplo porque también tenemos muchísimo turismo (y puede ser de grandísima calidad), muchísimo extranjero jubilando trayendo su pensión y porque tenemos mucho nacional enviando remesas desde el extranjero, tendremos déficit. (Y superávit en la de capital, claro.) El índice vale para ver cómo vamos evolucionando: si no ha habido grandes cambios en la estructura productiva veremos con preocupación aumentos grandes del déficit, poco más.

        Todo esto no nos debe ocultar todavía algo más: si queremos ser todavía más precisos deberemos tener en cuenta que quienes compiten no son los países, sino las empresas.

        Al final, lo que queremos ver es cómo prosperamos y no nos quedamos atrás en nuestro nivel de vida. Conseguir producir y vender para que se cumpla eso es la competitividad (es decir, generar valor añadido de acuerdo con los tiempos, con buen saber hacer, buenas tecnologías y en los buenos sectores). Todas las sociedades lo pueden hacer a la vez. Algunas tendrán déficit por balanza de cuenta corriente y otras por la de capital. Tal vez se intercambien en el tiempo, tal vez no. No problem.

    • Efectivamente los indicadores son bastante precisos, pero el concepto de competitividad no lo es. La variación de la cuota de comercio internacional (exportaciones/total del comercio mundial) es un indicador de la competitividad internacional. Quizá no el único, pero es uno que junto a otros sirve para estimar ganancias o pérdidas de competitividad internacional. Por eso es el indicador que utiliza la Comisión Europea en su revisión de los desequilibrios macroeconómicos. Aquí puedes ver la explicación http://ec.europa.eu/economy_finance/publications/occasional_paper/2012/pdf/ocp92_en.pdf

      En el apartado 3.4 lo explica bastante bien.

      Insisto en que utilizar el enfoque variación de exportaciones/variación PIB es un enfoque que quizá pudiera servir en un shock de oferta. Desde el enfoque de la demanda, y creo que estoes claramente una crisis de demanda, nos lleva a un espejismo que es el que intento descifrar aquí.

  2. Dentro de la partida de exportaciones, sería muy interesante desglosar los conceptos de turismo y de exportaciones agrícolas (netas de importaciones), que son altamente volátiles, es decir, sujetas a posibles cambios bruscos dependiendo de factores más o menos imprevisibles).
    Teniendo en cuenta que 2012 y 2013 han sido dos años tremendamente buenos en ambos volátiles elementos, eso arrojaría bastante luz sobre la solidez de la afirmación de que M-X nos va a salvar a corto plazo de una nueva recesión.
    Creo que eso ayudaría a dar una visión más realista de los riesgos que se corren. Luego todo son “esto yo ya lo sabía” o “ya se comentaba que esto no podía ser”. Más importante aún, eso ayudaría a hacernos una idea sobre si realmente estamos cambiando el modelo productivo o lo que estamos haciendo es hablar de un ente abstracto llamado “empresas exportadoras” que es como las “meigas”, que haberlas haylas, pero no se pueden contar.

    • Gracias por tu comentario, Jorge. Efectivamente esto es sólo un intento de encontrar una explicación de “trazo grueso”. Habría que entrar más en detalle y seguramente extraeríamos información mucho más relevante. Un saludo.

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  5. Para mi es un magnífico resumen este:
    “La situación real de nuestro sector exterior se confirma valorando el peso de las exportaciones españolas en relación con el comercio mundial de bienes. Si España hubiera “ganado competitividad”, su peso en el comercio mundial de bienes se habría incrementado consecuentemente. Sin embargo, no ha sido así. De hecho, España ha perdido peso en el comercio mundial de bienes, situándose a niveles inferiores a los del año 2000.”

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