Cambiar Europa desde la izquierda

Comentarios en torno al manifiesto del Partido de los Socialistas Europeos

Por Antonio González, economista y Vicepresidente de Economistas Frente a la Crisis

La incompleta y desequilibrada orientación que se dio a la integración europea desde principios de los años noventa, cuando una mayoría de izquierdas gobernaba en los países de la UE, terminó por ocasionar en buena parte el rechazo de los ciudadanos y su alejamiento progresivo del proyecto europeo. La unilateralidad de la cesión de soberanía hacia la creación del mercado, primero, y en el ámbito monetario a continuación, sin contrapesos en lo económico (armonización fiscal, mayor presupuesto europeo y políticas comunitarias más robustas) ni en lo social (negociación colectiva y un marco laboral básico europeos), combinada con la pervivencia de estructuras políticas e instituciones comunitarias con un claro déficit democrático, ha devenido en uno de los mayores errores políticos (y económicos) que se han cometido.

Los ciudadanos, en efecto, lo fueron rechazando tanto como sus consecuencias. Pero, peor aún ha sido su herencia, que ha permitido a las fuerzas políticas conservadoras y neoliberales, mayoritarias desde hace años, la gestión de ese esquema político, y su utilización durante la crisis. La combinación en el nivel europeo de una concepción neoliberal de la política económica con el ordoliberalismo alemán, que establece reglas incondicionadas y no sujetas a las necesidades de la economía, ha dado lugar a la imposición de las políticas de austeridad, a las que una Comisión Europea dominada por la influencia de Alemania dio cobertura con planteamientos teóricos que más tarde se mostraron no solo perniciosos sino claramente falsos. Y a las que un Banco Central Europeo, por su parte, contribuía a facilitar su exigencia, negándose a adoptar medidas para apoyar la financiación de los países más endeudados -como el respaldo a su deuda pública-, amparado interesadamente en un estatuto político que no contemplaba las funciones que, en el resto del mundo desarrollado, realizan todos los bancos centrales. Políticas basadas en recortes sociales y del gasto público, y devaluaciones salariales, que han ocasionado fuertes caídas del PIB y terribles incrementos del desempleo, sin solucionar, sino todo lo contrario, los desequilibrios. Y aplicadas por organismos, como la Troika, sin cobertura jurídica ni legitimidad, y sobre las bases de acuerdos intergubernamentales, totalmente contrarios a los principios de la UE.

Resulta imprescindible partir de ese análisis inclemente pero riguroso para poder corregir ahora, y de verdad, los errores. De otra forma, puede resultar inviable lograr un cambio en la orientación de las políticas europeas y en el funcionamiento de las instituciones comunitarias como el que se plantea en el manifiesto del Partido de los Socialistas Europeos (PES) para las próximas elecciones al Parlamento Europeo. Porque es loable, sin duda alguna, situar el empleo como el primer objetivo, pero ello requiere algo más que una política industrial europea, y por supuesto mucho más que ampliar y dotar mejor un plan de empleo juvenil. Exige un cambio profundo en la política económica que se realiza a escala europea. Asimismo, evidentemente hay que compartir el objetivo del manifiesto de relanzar la economía en Europa, pero lamentablemente eso no podrá lograrse solo situando la prioridad en la innovación y la investigación, por bueno que esto sea (especialmente a el largo plazo), porque no es una respuesta suficiente, robusta, eficaz e inmediata. Para lograrlo, haría falta que el manifiesto enunciara y comprometiera con toda nitidez una verdadera política económica dirigida al crecimiento: 1) el destierro definitivo de las políticas de austeridad, haciendo depender la consolidación fiscal del crecimiento; 2) coordinar las políticas económicas nacionales de modo que tiren de la economía europea las de los países, como Alemania, con posibilidades de hacerlo; 3) un gran plan de inversiones de escala y financiación europeas; 4) una política monetaria en la que el objetivo de estabilidad de precios quede condicionado al crecimiento y el empleo, que utilice todo el arsenal de medidas, convencionales o no, y apure el margen de maniobra para lograrlo; y un banco central que se obligue a tomar cuantas medidas sean necesarias para evitar la crisis de financiación de las economías de la eurozona; y que impida que un euro apreciado en exceso arruine la competitividad europea.

En el capítulo financiero, el manifiesto del PES plantea cuestiones importantes, pero nuevamente omite aclarar tres cuestiones fundamentales: que la Unión Bancaria, tal y como está siendo diseñada, es claramente insuficiente; que la urgencia es adoptar medidas para que vuelva a fluir el crédito; y en el aspecto estructural, la necesidad imperativa de regular las entidades y mercados financieros para suprimir su capacidad de creación autónoma de productos derivados (que están creciendo de nuevo rápidamente), y evitar la repetición de la crisis financiera internacional. En relación con la Unión Bancaria, en concreto, hay varias cuestiones enormemente limitativas: no estará disponible hasta dentro de diez años; la supervisión dejará fuera a una parte importante de las entidades financieras (como las cajas de ahorro alemanas); y el fondo de garantía tendrá un volumen muy insuficiente.

Hay, obviamente, muchas más cuestiones en el manifiesto que merecen comentario, pero la Europa Social, la lucha por la igualdad o el cuidado de la salud y seguridad vienen, en parte, determinados por la necesidad de un cambio institucional y en la orientación económica y política de la UE. Porque los actuales o son incompatibles con esos objetivos o directamente actúan en el sentido contrario.

Esta es la razón por la que, desde Economistas Frente a la Crisis (EFC), hemos elaborado un decálogo con nuestras propuestas: “Cambiar la política económica para recuperar Europa”. Porque, tanto por nuestras convicciones políticas como por nuestros conocimientos de economía, somos convencidos europeístas. Y porque por eso nos planteamos que no hay que rechazar la construcción europea sino cambiarla. Los gobernantes y los líderes comunitarios han fallado a los ciudadanos. Porque ha sido la combinación de marco institucional incompleto y política económica errónea la que ha provocado fracturas en el interior del proyecto europeo que llevará mucho tiempo cicatrizar. La respuesta económica ante la crisis ha ocasionado graves daños a los derechos y a las condiciones de vida. Europa ha fallado en su objetivo de crear prosperidad, empleo, igualdad, solidaridad. Ha fallado porque no ha defendido su razón de ser, la propuesta de Europa a los europeos y al mundo: el Estado del Bienestar.

Es hora de que las organizaciones políticas de la izquierda europea revisen su posición ante la construcción europea y las normas e instituciones que surgieron de Maastricht. Reconocerlo no es malo para la construcción europea, sino todo lo contrario. Cambiar Europa desde la izquierda, esa es la Propuesta de Economistas Frente a la Crisis.

4 pensamientos en “Cambiar Europa desde la izquierda

  1. Reblogueó esto en REPENSAR EL MOVIMIENTO SOCIALy comentado:
    Efectivamente, si se quiere cambiar de verdad el modelo hacen falta políticas más a la izquierda de las que plantea el PES (Partido de los Socialistas Europeos) y así no volver a cometer o continuar con los errores de los años noventa cuando los gobiernos mayoritarios en Europa eran de “izquierdas” (Si entendemos que la socialdemocracia de la tercera vía era de izquierdas).
    Buena entrada de Antonio González en Economistas Frente a la Crisis.

  2. Pingback: 6 de mayo de 2014, núm. 70-84 « Andalán.es

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