Lamentablemente, la lucha de clases sigue vigente

Emilio Menendez del Valle @EMV_Masai, licenciado en Derecho y Doctor en CC. Políticas, es miembro de Economistas Frente a la Crisis

 Las líneas que siguen critican sin acritud la tesis de mi buen amigo y compañero Juan Moscoso del Prado, que él resume en esta frase: “La izquierda debe olvidar el discurso de clases”. Creo que tal discurso es inolvidable porque la clase potente, la explotadora, no está dispuesta a ello.

El libro en cuestión coincide con la muerte de Richard Hoggart (1918-2014), sociólogo británico de fecunda vida intelectual y real. Su obra cumbre, The Uses of Literacy, 1956 (en español, La cultura obrera en la sociedad de masas) conserva plena vigencia. Nacido en el seno de una familia extremadamente pobre, le marcaría toda la vida: “Cuando veo a un pájaro volando al nido y alimentando con especial empeño las bocas hambrientas, viene a mi mente la imagen de mi madre. Cuando has visto correr las lágrimas en sus mejillas porque ha perdido una moneda de seis peniques, no lo olvidarás fácilmente”.

Hoggart convirtió la experiencia vivida en fuente fundamental para la interpretación de la cultura de la clase obrera. Su ser está dividido entre la infancia en el barrio obrero y su época adulta en la literatura y la vida universitaria. Navega entre la perspectiva de la clase obrera de la que proviene y la élite intelectual a la que llegó a pertenecer. Todo ello -como recuerda Mirta Varela- en medio de un sistema educativo que lo premió a lo largo de su vida, lo que explica su escepticismo a los cambios revolucionarios y su fe en la capacidad de transformación de las instituciones públicas.

Moscoso del Prado dice que “los ciudadanos ya no se definen por su situación en el mundo del trabajo, sino por otros factores, sobre todo por su capacidad de consumo… se han creado categorías de consumo, no de clase”. Sin embargo, yo prefiero el al pan, pan y al vino, vino. Hay quienes pueden consumir mucho y quienes apenas (o nada) pueden hacerlo. O, como escribía Hoggart en 1989: “Las diferencias de clase no mueren. Simplemente adoptan nuevas formas de expresarse. Esto es tan cierto hoy como lo era hace 25 años. Rutinariamente damos por enterradas las clases, pero el ataúd permanece vacío”. Linsey Hanley lo define así: “Twitter e Instagram nos dan la impresión de que todos se expresan de igual manera, desde el pintor de brocha gorda en paro al marchante de arte multimillonario. Una aproximación en profundidad a la obra de Hoggart dinamita esa impresión. Él se encarga de recordarnos que el acceso a la cultura se amplía o reduce en función de quien posee las llaves, siempre en manos de aquellos que han tenido acceso a la educación y a los contactos adecuados”.

En definitiva, Richard Hoggart estaba convencido de que existe una cultura de resistencia de la clase obrera, un compendio de actitudes que no acepta fácilmente la tendencia a la extinción. Admitía que las condiciones de vida de los trabajadores habían mejorado, pero resaltaba la persistencia de los sistemas de valores en conflicto: “El mundo se divide entre ellos y nosotros”, ellos son “los que están en la cima”, los que “reparten las ayudas sociales”, “los que nos convocan para ir a la guerra”, “los que te aplastan si pueden”.

Tal vez podríamos convenir que el conflicto social, la lucha de clases -tal como la definía el marxismo- no desapareció, pero resultó encauzada en niveles socialmente asumibles. Quedaba muy bien hablar de socialdemocracia, en lugar de socialismo (por supuesto democrático) por si este concepto resultaba duro de escuchar en determinados oídos. Como escribe otro buen amigo, el catedrático de Derecho Constitucional, Javier García Fernández: “Ocurrió que si bien la izquierda se había olvidado de la lucha de clases, la derecha seguía teniéndola presente y empezaba a estar incómoda con el Estado social… El resultado es que, al amparo de la mayor crisis económica tras la desaparición del comunismo, el paradigma de la lucha de clases se ha reinstalado en muchos países, como España. Porque lucha de clases es cercenar los derechos laborales, bajar los salarios, generalizar la precariedad laboral, degradar la enseñanza y la sanidad, dificultar las becas y desprestigiar a los sindicatos mientras aumentan las grandes fortunas y se incrementan los salarios de los grandes directivos. Lucha de clases es la política que cada día aplican algunos Gobiernos, como el de Rajoy”. Sí, pienso que, lamentablemente, la lucha de clases continúa vigente.

Este artículo fue publicado el 13 05 14 en el huffingtonpost.es

9 pensamientos en “Lamentablemente, la lucha de clases sigue vigente

  1. Análisis perfecto, hay mucho interés propagandístico en difundi la idea que la lucha de clases es anacrónica y que ya no tiene sentido, y mientras tanto, recorte va, recorte viene.

  2. Cuando los trabajadores, parados, pensionistas…creemos que el estado social es sinónimo de estado de bienestar nos estamos equivocando.
    Ni el estado social y mucho menos el de bienestar existen en el momento presente por tanto tendremos que pelear por él para reconquistarlo.
    Mientras no busquemos nuevas formas de molestar a la oligarquía, tanto política como financiera, seguirán sin problemas y nosotros los de a pie cada vez tendremos más.
    No estaría de mas que los nuevos oprimidos pensáramos que si no hacemos nada cada vez lo vamos a ser mas.

  3. Warren Buffet lo tiene claro y dijo. “la lucha de clases sigue existiendo, pero la mía va ganando“.

  4. Para que exista lucha se necesita dos contendientes, en el caso de las clases la cosa se hace muy evidente. Solo hay una que trabaja por mantener sus derechos y hasta aumentarlos, cosa muy legítima, mientras la otra se lo mira preguntándose lo que ha pasado, sin ningún interés por pelear.
    El artículo, si me permites, debería titularse: Lamentablemente la diferencia de clases todavía existe.

  5. Por supuesto que la lucha de clases está vigente por mucho que este aserto esté considerado políticamente incorrecto. Esto no es descubrir nada nuevo. Lo importante, que no novedoso, no es que existe la lucha de clases sino que los trabajadores y ciudadanía en general la estamos perdiendo. ¡¡¡Eso es lo importante!!! y lo que nos debe ocupar y pre-ocupar…………

  6. La lucha de clases está ahora establecida, a mi entender, entre los estados siempre en competencia por el poder con las grandes empresas, engordadas por cierto a su sombra y la ciudadanía, que somos lo explotados. Quienes nos explotan ahora y manejan la mitad de la riqueza que producimos, inventando siempre nuevas leyes, nuevos impuestos, gastando a manos llenas nuestro dinero, y endeudándonos hasta casi el 100% del PBI para asegurarse votos, son la casta de políticos, funcionarios, empresas asociadas y beneficiarios que viven a costa de las recaudaciones del estado, bien trabajando en la organización o recibiendo unas subvenciones que pagamos a la fuerza entre todos. Si en estos momentos tenemos que hablar de explotadores y explotados, atendiendo no a las consignas tradicionales, sino a la cuantía del expolio, son los estados modernos nacidos de la II Guerra.

    Espero que poco a poco vayamos saliendo del siglo XX, el siglo de los grandes estados protectores, de los totalitarismos a la prusiana y también de los democráticos, de los dogmas inamovibles, de las consignas publicitarias, de los gobiernos caros e ineficaces, de las promesas mesiánicas en un mundo diferente y perfecto que nunca llega. Aunque se vistan de estados serviciales, los totalitarismos solo favorecen a las clases dirigentes, a las grandes empresas, a los funcionarios, a los profesionales cautivos como somos los profesores y los médicos. Los controladores de la economía generan siempre pobreza, desmotivación y desgracias, por lo que no sirven para crear una sociedad civil fuerte y articulada desde abajo, en libertad y sin tanto estado ni tanta parafernalia de amor patrio.

  7. el estado español esta dirigido por mafiosos y corruptos que se están enriqueciendo a costa de la clase obrera .esto son evidencias no conspiraciones yebo grabado en mi conciencia al exilio los borbones

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