Preocupados por Europa

Por José Molina Molina @Ecoapiedecalle Doctor en Economía, Sociólogo y miembro de Economistas Frente a la Crisis / Murcia

Resolver el déficit democrático y los problemas de la economía es una exigencia que no admite demora, salvo que se pretenda aumentar el euroescepticismo.

La historia de España no se entiende sin Europa, sin embargo vivimos en una Unión monetaria que  aporta poca ideología para fortalecer el futuro común europeo. Hasta ahora nos hemos conformado con regular su tráfico económico, sin haber constituido primeramente un Banco, una Política Fiscal y un Gobierno y, como el mundo cambia tan rápidamente ––ya no vale aplicar los conceptos de otros tiempos–– cuanto más tardemos, más difícil haremos el proyecto.

Después de analizar esos grandes obstáculos, desde Economistas Frente a la Crisis manifestamos que tenemos que abordar soluciones para las siguientes cuestiones:

Primera. La crisis financiera persigue a los ciudadanos. Por eso recomendamos que antes de votar pensemos que el deterioro que sufrimos no lo hemos causado los millones de europeos a los que, como consumidores y trabajadores, nos han sorprendido con la explosión de una recesión sin precedentes. Dicen haber salvado ‘la flota financiera’, pero los pasajeros que navegamos en las bodegas del buque no vemos el rumbo. Las economías del Mediterráneo se han visto forzadas a muchos cierres de empresas, con dramáticos efectos sobre las familias y millones de trabajadores, sin que se haya hecho lo más mínimo por salvar negocios que habrían sido viables con un pequeño apoyo financiero. El cierre por asfixia ha sido la consecuencia.

En su conjunto, las pymes europeas dan empleo a 88,6 millones de trabajadores. No tienen otra fuente de financiación que acudir a las entidades bancarias, las cuales no han atendido el crédito solicitado por lo que esta política restrictiva también ha provocado una caída del 30% del valor añadido de las pymes manufactureras españolas en el periodo 2008/12. La misma suerte han corrido las economías familiares y este problema no se solucionará sin la puesta en marcha de la anunciada Unión Bancaria, si no se potencia el papel del Banco Europeo de Inversiones y sin un mercado activo del capital riesgo. Y además, tomando medidas penalizadoras de los que colocan los recursos recibidos del BCE en depósitos del mismo banco o financiando títulos públicos. Se precisa, también, revisar el marco regulatorio de las insolvencias empresariales y no presionar tan coercitivamente para reducir el endeudamiento, porque se necesita un mayor flujo del crédito.

Segunda. La solidaridad financiera precisa  supervisión, resolución y garantías de los depósitos: tres pilares fundamentales  que tardan en ponerse en acción, sin que las sucesivas ‘cumbres’ europeas hayan encontrado aún soluciones al bloqueo técnico. Conjuntamente urge establecer una transparencia presupuestaria, un control previo de los presupuestos, un seguimiento de sus ejecuciones y una auditoría profunda de sus liquidaciones, tanto en el orden financiero, como en el de cumplimiento de objetivos y desempeño de los objetivos comunes de la Unión.

Más urgente aún es una decidida apuesta por el capital humano, una política activa que elimine el desempleo actual, en especial el de los jóvenes, porque de otra forma el proyecto comunitario carecerá de estabilidad. No hay Unión si no hay empleo para todos. O la Unión Europea deja de fabricar parados, impulsando políticas de reactivación, o pronto veremos crecer la semilla de la desunión.

Tercera. Una política monetaria con efectos redistributivos, transfiriendo recursos desde los países ahorradores hacia los deudores. Por ello, en el contexto actual es bueno tener mayor tasa de inflación que ayude al reequilibrio macroeconómico de la eurozona y, de esta forma, podamos compartir más eficientemente el esfuerzo de ajuste entre lo que se conoce como las economías del Norte y del Sur.

Además, la política monetaria actual es dañina por sus riesgos de deflación, que ya vivimos con el euro demasiado apreciado y la fragmentación financiera que padecemos. No contamos con una política monetaria más expansiva, porque el BCE no compatibiliza estabilidad de precios, cohesión social y expansión económica. Su deber es hacer las tres cosas a la vez porque eso es lo que los ciudadanos europeos demandamos.

Cuarta. La arquitectura institucional se ha puesto a prueba con la crisis del euro y el déficit  democrático. La UE no ha puesto en práctica con el debido calado las propuestas que el Tratado de Lisboa (2010) sugiere para impulsar la participación directa (Iniciativa Ciudadana Europea) así como las nuevas garantías jurídicas (Carta de Derechos Fundamentales).

Del nuevo Consejo Europeo debe surgir un presidente que comparezca ante el Parlamento y de éste esperamos que aumente el control porque se precisa profundizar en la legitimidad democrática de todas las instituciones. Si examinamos bien las propuestas que nos hagan en la próxima convocatoria para elegir el Parlamento Europeo, podremos comprobar quiénes son los que se orientan en el sentido adecuado para resolver tanto el déficit democrático, como los problemas de la economía: una exigencia que no admite demora, salvo que lo que se pretenda sea aumentar el euroescepticismo.

 

Publicado en el diario LA VERDAD (Murcia el 11/5/2014) Es autor de CIUDADANO Y GASTO PÚBLICO Editorial Aranzadi (2014) 2ª edición

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