Más ocupados en la Contabilidad Nacional que en la EPA

José Ignacio Pérez Infante. Economista, miembro de la Asociación Española de Economía del Trabajo y de Economistas Frente a la Crisis

La Contabilidad Nacional de España (CNE), que es una estadística de síntesis de todas las estadísticas económicas existentes, aunque tiene como objetivo principal estimar el Producto Interior Bruto (PIB) de la economía española y sus componentes por el lado de la oferta (producción por sectores), de la demanda (interna y externa) y la renta (distribución primaria de los ingresos entre salarios, excedente empresarial e impuestos sobre la producción), también obtiene estimaciones sobre el empleo necesario para obtener la producción interior bruta. Concretamente, la CNE realiza tres estimaciones relacionadas con el empleo, la población ocupada, los puestos de trabajo (que incluye el pluriempleo, cuando una persona tiene más de un empleo) y el empleo equivalente a tiempo completo (que tiene en cuenta la jornada laboral de cada trabajador).

De estas tres estimaciones, la primera, la del número de personas ocupadas, es la que es comparable conceptualmente con las estimaciones del empleo realizadas por la Encuesta de Población Activa (EPA), que es la única estadística que cuantifica todas las situaciones de una persona en edad de trabajar en relación con el mercado de trabajo (actividad, inactividad, empleo y paro), aparte de que es la estadística que utiliza estrictamente los criterios de definición del empleo y el paro de la OIT.

Pues bien, comparando las estimaciones de la población ocupada de la CNE con las de la EPA y utilizando los datos brutos de la CNE, sin corregir de calendario y de estacionalidad, puesto que el INE no desestacionaliza el nivel de empleo de la EPA, ya que solo lo hace para la tasa de variación intertrimestral, existe una diferencia entre las dos estimaciones para el primer trimestre de 2014 de 229.000 personas (17.180.000 en la CNE y 16.951.000 en la CNE). Aun así, esa diferencia es muy inferior, casi la mitad, a la que se constataba antes del cambio de la base poblacional de la EPA que acaba de producirse para adaptarla al Censo de 2011. En efecto, para el cuarto trimestre de 2013 y con la base poblacional anterior, la que se adaptaba al Censo de 2001, pero no al de 2011, la población ocupada de la CNE era casi superior en medio millón de personas a la de la EPA (456.000). Ello significa que la adaptación de la base poblacional de la EPA al nuevo censo, que ha supuesto para el cuarto trimestre de 2013 (el trimestre en el que se produjo el cambio de la base poblacional) un afloramiento de 377.000 personas, no se ha realizado, en cambio, en la CNE, ya que la cifra de ocupados de la CNE de ese trimestre no se ha modificado.

Pese a que la base principal de la estimación de la CNE es la de la EPA, en determinados supuestos la primera complementa sus estimaciones con otras fuentes estadísticas, lo que puede ser el caso del empleo público, los empleados del hogar y las actividades financieras. Sin embargo, existen diferencias metodológicas y de definiciones en las dos estadísticas que pueden explicar las discrepancias de las cifras de las dos estimaciones de la población ocupada. La más importante es que la población ocupada considerada en la CNE es la que interviene en la obtención de la producción interior bruta de la economía y que, por lo tanto trabaja en el interior del país, sean o no residentes los trabajadores, mientras que la población ocupada considerada en la EPA es la residente en el país, produzca en el interior o en el exterior del país y, además, habiten en hogares familiares. Por lo que la EPA excluye a las personas que habitan en hogares colectivos (como hoteles y pensiones) y a las no residentes, que llevan habitando en España menos de un año, lo que puede significar una infravaloración de la población ocupada extranjera.

Además, existen otras razones que pueden redundar en que la población ocupada estimada por la CNE supere a la estimada por la EPA, al computar la CNE como personas ocupadas a parte de las que se dedican a actividades de voluntariado social no remuneradas, en concreto, cuando esas actividades se destinan a la construcción de viviendas y edificios sociales o religiosos, así como a los estudiantes que tienen un compromiso formal de contribuir con parte de su trabajo a la producción de las empresas a cambio de recibir formación. A estos colectivos la EPA no los considera como ocupados sino como inactivos.

Pero las diferencias entre las estimaciones de las dos estadísticas son aun mayores si se distingue entre asalariados y no asalariados. Así, la CNE estima un número de personas asalariadas en el primer trimestre de 2014 que supera a la que estima la EPA en más de seiscientas mil personas (643.500), mientras que el número de personas no asalariadas que estima la CNE, por el contrario, es inferior a la que estima la EPA en casi medio millón de personas (484.100). Estas discrepancias se deben a la distinta definición de asalariados de las dos fuentes estadísticas, ya que la CNE imputa como asalariados, siguiendo los criterios internacionales de las cuentas nacionales, a las personas que son propietarias de sociedades (incluidas las cooperativas) si trabajan en sus propias empresas (o cooperativas), mientras que la EPA, siguiendo los criterios de las encuestas de fuerzas de trabajo, clasifica a esas personas como trabajadores por cuenta propia. Un ejemplo de esta situación sería la de un trabajador autónomo, por ejemplo, un fontanero, que constituye una sociedad con un familiar, la CNE lo encuadrará entre lo asalariados y la EPA entre los no asalariados.

Pero las diferencias no solo se producen en los niveles estimados de la población ocupada, sino también en la evolución más reciente, es decir, en su variación. Así, en el primer trimestre de 2014 y, según los datos desestacionalizados, el empleo disminuiría, en relación con el trimestre anterior, el 0,1% en la EPA y aumentaría el 0,2% en la CNE. Asimismo, si se comparan las tasas de variación interanual, en relación con un año antes, de la población ocupada de la EPA y de la CNE (con datos corregidos de calendario y de estacionalidad de esta última), la diferencia entre las dos variaciones, que venía siendo muy reducida (de cero, incluso, en el cuarto trimestre de 2013) se agranda notablemente en el primer trimestre de 2014, al descender la población ocupada de la EPA el 0,5% y mantenerse constante (el 0%) la de la CNE, con una diferencia, por lo tanto, en contra de la encuesta de medio punto porcentual. Ello, probablemente, se explique porque la CNE esté empezando a dar más importancia para estimar la evolución del empleo a las cifras de las afiliaciones de la Seguridad Social, que crecieron en el primer trimestre de 2014 el 0,4% en tasa interanual, que las de la EPA, que hasta ahora era la base principal que se consideraba para estimar dicha evolución.

Ahora bien, si fuese cierto que la CNE empieza a considerar más las afiliaciones de la seguridad Social que el empleo de la EPA convendría tener en cuenta que en las afiliaciones solo se considera el empleo regular, excluyendo el empleo irregular que, en principio, sí se incluiría en la EPA y que en las afiliaciones no se consideran a los funcionarios no adscritos al régimen general de la Seguridad Social por pertenecer al mutualismo administrativo, que sí se consideran, en cambio, en la EPA, lo que podría sobrevalorar la evolución reciente del empleo público por parte de la CNE puesto que prácticamente la totalidad de las vacantes que dejan esos funcionarios se amortizan y no se cubren por la política de austeridad fiscal que se está siguiendo en España. Asimismo, convendría tener en cuenta que la EPA considera autónomos a los que hayan trabajado al menos una hora en la semana de referencia (la anterior a la de la entrevista), mientras que las afiliaciones incluye a autónomos (y eventuales agrarios) si permanecen en alta en la Seguridad Social aunque no hayan trabajado nada en el período de referencia.

Además, como ya se ha señalado, la CNE estima también el empleo equivalente a tiempo completo que tiene en cuenta, a diferencia de la población ocupada, la jornada laboral de los trabajadores, ya que ese empleo equivalente se calcula dividiendo el total de las horas trabajadas en el período de referencia (el año o el trimestre) por la media de las horas trabajadas por las personas ocupadas a tiempo completo, lo que implica, por ejemplo, que dos trabajadores que trabajen a tiempo parcial la mitad de la jornada equivaldrán en las estimaciones de empleo equivalente a tiempo completo a un trabajador a tiempo completo. La importancia creciente del empleo a tiempo parcial, que en el último año aumentó, según la EPA, en más de cincuenta mil personas (56.700), cuando el empleo a tiempo completo disminuyó en más de ciento treinta mil personas (-135.300), provoca que el empleo equivalente a tiempo completo estimado por la CNE disminuya el 0,3%, en contraste con el mantenimiento en el año del empleo total (población ocupada) estimado por esa misma estadística. Ello, junto al aumento estimado por la EPA del empleo asalariado temporal en el último año (+152.500), en oposición al descenso del empleo asalariado indefinido (-210.000), refleja una situación de creciente precariedad del empleo.

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