La transición energética en Francia: ¿Inspiración para España?

Por Teresa Ribera, Directora del Instituto de Desarrollo Sostenible y Relaciones Internacionales (IDDRI). SciencesPo, Paris

Francia ha identificado la transición energética como uno de sus grandes retos políticos y económicos. Menos conocido fuera de sus fronteras que los casos alemán y británico, este esfuerzo representa una de las referencias a las que España debiera prestar más atención.

Al iniciar su mandato, el Presidente Hollande subrayó la importancia de acometer esta gran reforma que afectará a viviendas e industria, al sistema eléctrico y al transporte. Constituyó la Comisión Nacional para la Transición Energética y, tras dos años de trabajo, en octubre, la Asamblea Nacional comenzará a debatir una ley marco de transición energética con la intención de que entre en vigor en la primera mitad de 2015.

Con frecuencia, oímos el argumento sobre la dificultad y el coste para España de acometer su propia transición energética. Para poner las cosas en contexto conviene no olvidar la intensa y sentida relación de Francia con la energía nuclear. Cuando empezó la Segunda Guerra Mundial la investigación francesa sobre el átomo y la tecnología nuclear había sido ya reconocida con cinco Premios Nobel, incluidos los de Pierre y Marie Curie. Años después, fue precisamente su liderazgo en este campo el que le permitió encontrar la vía de escape a la crisis del petróleo. En poco más de 12 años, Francia construyó 55 de sus 58 reactores que, en total, suman una capacidad de generación de 63.000 MW. Es decir, Francia experimentó ya entonces una rapidísima “transición energética” que, durante años, le ha permitido mantener un parque generador centralizado; electricidad a precios controlados por decisión pública; emisiones per capita y por unidad de PIB inferiores a la media de la OCDE y, hasta hace poco, una posición relativamente cómoda en el debate global sobre clima y energía. ¿Por qué se ha planteado entonces la necesidad de acometer una nueva transición energética de gran calado? Sencillamente porque Francia ha decidido mirar hacia el futuro y prepararse para abordar los retos de las próximas décadas reduciendo su dependencia del exterior y el despilfarro energético, garantizando la seguridad del sistema y el suministro a precios asequibles a sus ciudadanos e industria, asumiendo sus compromisos nacionales a medio y largo plazo en CO2 y aprovechando el potencial tecnológico e industrial de los nuevos modelos energéticos. Hoy nadie se plantea la necesidad de hacer este cambio y el debate se limita al ritmo en que acometerlo.

Un aspecto muy interesante del caso francés es la orientación que han querido dar al debate. Lejos de repetir los tópicos técnicos y reduccionistas que con frecuencia circunscriben este asunto, se ha intentado abordar con una perspectiva que explica muy bien la transversalidad del ejercicio. La discusión ha girado en torno a cuatro preguntas básicas: a) “¿cómo incrementar la eficiencia y la suficiencia energéticas y qué incidencia tendrían las posibles decisiones en los modelos de consumo, los hábitos de vida y los transportes para los ciudadanos?”; b) “¿qué posibles trayectorias existen para alcanzar los objetivos de reducción de emisiones hasta un 75% en 2050?”; c) “¿cómo desarrollar soluciones tecnológicas para nuevas energías y energías renovables y qué significan estos cambios en la estrategia industrial y los gobiernos locales?” y d) “¿cuáles son los costes, beneficios y modelos de financiación para la transición energética?”. Es decir, se ha querido destacar sin ambages la intensa vinculación de la energía con los ciudadanos y sus modos de vida, el clima como condición de contorno indiscutible, el impacto industrial y en el desarrollo tecnológico que tienen las decisiones que se adopten (o su adopción tardía o incoherente) y la necesidad de pensar fórmulas para financiar el cambio. En resumen: la energía no es sólo un tema técnico o regulatorio, rehén de grandes empresas o expertos en mercados de bienes y servicios.

La Comisión no ha tenido como resultado una visión política única, pero sí una sociedad y un entorno político más maduros y un conocimiento sólido de los cambios que se han de abordar. A ello ha contribuido, por un lado, el análisis de escenarios energéticos y de emisiones a largo plazo, generando un debate transparente y con mayor capacidad de análisis de pros y contras de las alternativas; y, por otro, la ausencia de propuesta gubernamental pre-establecida, facilitando la participación de actores clave hasta ahora ausentes en las decisiones de política energética y que, desde ahora, serán determinantes en el seguimiento y aplicación del proceso.

Entre las conclusiones de la Comisión, hay dos especialmente significativas: por un lado, se ha querido destacar de forma unánime la importancia del ahorro energético a través de una recomendación concreta: reducir en un 50% la demanda de energía final en 2050. Y, por otro, la certeza de que una transición de la magnitud que se necesita va más allá del marco regulatorio de la energía; implica innovación tecnológica y social, cambios en los patrones económicos y de consumo, y un papel diferente para los gobiernos y los actores locales.

Sobre estas bases, el proyecto de ley remitido al parlamento incluye como objetivos a 2050 la reducción en un 75% de las emisiones de gases de efecto invernadero de origen energético y de un 50% del consumo de energía final; para 2030, un 40% menos de emisiones, un 30% menos de combustibles fósiles y alcanzar un 32% de energías renovables; para 2025 una reducción nuclear en la generación eléctrica desde el 75% actual hasta el 50%. Junto a esto, el gobierno propone la adopción de una estrategia nacional de descarbonización y la implantación de los presupuestos anuales de carbono –tal y como lo hace el Reino Unido-; el despliegue del coche eléctrico y un notable incremento de las estaciones de recarga; el impulso del principio de la economía circular y el reciclado de residuos y la implantación de figuras nuevas como los territorios de “energía positiva” y “ciudades cero residuos”. Son destacables además el ambicioso objetivo marcado para el ahorro energético en edificios, el interés por ofrecer nuevas herramientas financieras para acometer el cambio y medidas específicas para afrontar el creciente problema de la pobreza energética en los hogares franceses.

La ley y el programa de medidas que ha de acompañarla van a requerir un esfuerzo político de gran magnitud pero representan también una interesantísima oportunidad de cambio para Europa que ni la Unión ni los grandes estados limítrofes deberían desperdiciar. No lo hará Alemania ni, probablemente, el Reino Unido. España haría bien en explorar sus propios retos y el modo más inteligente de superarlos con éxito y no perder el tren del futuro que ofrece este proceso. Valorando la oportunidad en su justa medida, ofrece una magnífica alternativa –si no la mejor- para construir Europa, para asentar una Unión Europea de la Energía estable, segura, competitiva y responsable. Es, por descontado, la oferta más interesante para construir un paquete de recuperación económica y estímulo a la inversión.

 

12 pensamientos en “La transición energética en Francia: ¿Inspiración para España?

  1. Ojalá que los inevitables vaivenes políticos no mermen la capacidad e intensidad de esta interesantísima iniciativa. Lo mismo digo con respecto a los vaivenes económicos que se avecinan. Creo que la única manera de que un proyecto de este calado perdure en el tiempo es contar con un amplio y decidido apoyo ciudadano; no quiero ni pensar cómo podría acabar en manos de cualquier movimiento populista que se apunte al carro del “ahorro”.
    Estoy pensando en España.

  2. Interesantisimo documento. Una referencia ineludible para el caso español. Es un ejemplo a seguir, con el interés puesto en los ciudadanos y la economía, tanto francesa como europea. Qué lejos estamos de estos planteamientos y qué necesario es actuar de esta manera y no con los intereses particulares empresariales tan defendidos por el Gobierno español.

  3. Creo que Economistasfrentealacrisis son poco conocedores de la realidad energética mundial. No existe en el Planeta Tierra ninguna fuente energética que sea estable, competitiva, segura y responsable.
    La única que existe está fuera de nuestro planeta, El Sol, y desgraciadamente está fuera del alcance del ser humano y de su tecnología presente y futura conseguir un aprovechamiento tal que pueda satisfacer las necesidades energéticas de la sociedad actual.
    El único camino es reducir nuestro consumo energético drásticamente y eso está totalmente reñido con el crecimiento económico.
    Mejor harían Economistasfrentealacrisis comenzar a hablar sobre DECRECIMIENTO, cuando todos sabemos que no puede haber crecimiento infinito en un planeta finito.
    Estaría bien un blog llamado Economistas Frente a la Crisis Energética, que es la raiz de esta crisis económica.

    • Thermoeconomics, creo que hablas de Decrecimiento sin saber qué es. Me gustaría una visión sucinta y clara de objetivos acerca de cómo alcanzar el decrecimiento si es que de verdad se sabe lo que es.
      No me vale una enumeración de hechos ni de ideas utópicas o maravillosas sobre cómo debería de ser el mundo. Soy economista y me interesan los hechos, contrastados empíricamente con metodología pura (no ideológica), que me permitan pensar en un debate sobre qué es el decrecimiento y cómo se puede conseguir. Cuando se habla de crecimiento económico no es como fin sino como medio para alcanzar el bienestar.
      Digo esto porque dices que la crisis económica es una crisis energética…no sé muy bien qué te refieres con ello e igualmente me surgen dudas sobre el punto hasta el que entiendes (o eso pareces mostrar) la “realidad energética mundial” como dices.
      El caso de Francia que se ha expuesto en el texto, aunque muy levemente porque no dice nada acerca de las políticas que va a seguir Francia para conseguir más desarrollo sostenible, es un referente a seguir que sirve de paradigma ya que los franceses (británicos, nórdicos y alemanes) parecen entender que el crecimiento es necesario para una población galopante y con necesidades energéticas cada vez mayores. Por eso, en lugar de hablar de utopías acerca del decrecimiento es mejor reconocer que la población crece, las necesidades económicas crecen y con ellas las energéticas, lo que nos lleva a tener que idear mecanismos que permitan mantener esos estándares de crecimiento sin tener que limitarlo.

    • De acuerdo con Chini.
      El crecimiento es resultado de una ley económica inexorable: sólo se producen de manera estable intercambios de bienes y servicios si las contrapartes mejoran su situación respecto a la situación anterior a cada intercambio. Y esta ley es inexorable porque es parte esencial del comportamiento de nuestra especie “homo oeconomicus”. Es más, si no fuera así, simplemente, no existiríamos o si existiéramos seríamos otra cosa completamente desconocida e inimaginable. Y este es el problema: si no encontramos el camino para crecer (porque nuestro instinto animal nos impide no intentarlo) de manera sostenible -sin agotar los recursos naturales que dan soporte a nuestra existencia- estaremos abocados a la catástrofe ecológica que es la más grave de las catástrofes económicas y, por consiguiente, humana. Esta es la razón y la necesidad de diseñar una estrategia energética basada en recursos primarios energéticos renovables y en la eficiencia – mayor o igual output con menor input energético-. Esta aceptado de manera general denominar a esta estrategia “TRANSICIÓN ENERGÉTICA” porque se trata, en definitiva, de transitar desde un modelo energético insostenible -basado en recursos escasos y agotables- a un modelo energético sostenible – basado en recursos no consumibles y en el aumento de la eficiencia de su uso o explotación- que contribuyan desde la energía a un crecimiento compatible con los límites que impone nuestro planeta.
      Este es el sentido del artículo de Teresa Ribera que aquí hemos publicado.
      Economistas Frente a la Crisis es suficientemente “conocedor de la realidad energética mundial”… pero también lo es del comportamiento económico inevitable de ciertos animales entre los que nos encontramos quienes en este espacio estamos ahora mismo debatiendo.

      • Gracias por las respuestas. Más que entrar en una diatriba estéril y prolongada en el tiempo, adjuntaré dos links donde se documenta mi opinión:
        El 1º es un informe de Tullet Prebon donde se describen las razones de la imposibilidad del mantenimiento del crecimiento económico:

        http://www.tullettprebon.com/Documents/strategyinsights/TPSI_009_Perfect_Storm_009.pdf

        El 2º es para explicar en qué consiste el Decrecimiento, que sería ni más ni menos que aplicar el 2º principio de la termodinámica a la economía, para así poder sustituir un modelo económico consistente en dilapidar el capital natural como sucede actualmente, por otro que respete los tiempos de reposición de nuestra naturaleza o capital natural y poder vivir con los “intereses” que nos ofrece dejando intacto dicho capital. Evidentemente esta idea está reñida con el crecimiento exponencial que nos ofrecen ustedes y que nos ha traído a la situación actual. Decrecer o morir, así de simple.

        http://es.wikipedia.org/wiki/Termoeconom%C3%ADa

        Un saludo y gracias por su atención.

  4. Por último me gustaría que entendieran que las llamadas Energías Renovables son cada día más reconocidas como extensiones de los combustibles fósiles y que resultarían absolutamente inviables a escala masiva sin la existencia de estos. Con el Hidrógeno más de lo mismo. Lo siento señores, pero me temo que el sector energético será transmisor de pésimas noticias:

    http://ourfiniteworld.com/2011/01/26/clean-energy-wont-save-the-world/

    • Nosotros somos pesimistas. Pero la diferencia con usted es que somos mucho más pesimistas que usted. Consideramos que es imposible que un perro maúlle o que un gato ladre. Tan imposible como que en el intercambio de bienes y servicios que relaciona a los individuos con otros, o a un conjunto de individuos con otro individuo o con otro conjunto, las partes o alguna de las partes que participan en ese intercambio admitan permanentemente perder en la transacción. Es decir, disminuir su riqueza. No hay transacciones si alguna parte pierde. Siempre todas ganan… y eso implica crecimiento. Sí: CRECIMIENTO. El crecimiento es inevitable, inherente a nuestra especie… como lo del ladrido de los perros. Y si crecemos , como hasta ahora estamos creciendo, acabaremos con nuestro planeta. Sí, somos pesimistas y tan pesimistas somos que casi podríamos ser calificados como catastrofistas.
      Nosotros lo que queremos es que los gatos ladren y que los perros maúllen… y que los homínidos modernos no tuvieran/tuvieramos comportamientos incontrolables hacia el crecimiento. Pero el asunto es que la trasmisión del conocimiento en el mundo animal -excluida la especie a la que pertenecemos- se trasmite por selección natural. Es decir, se trasmite por vía genética -admítase aquí esta simplificación- una vía mucho mas lenta e ineficaz -en términos de adaptación- que el conocimiento trasmitido por vía cultural -que es la vía que ha emancipado a nuestra especie animal de los limites que impone la naturaleza… por el momento y sólo aparentemente-
      Así es que ¡atención! no se equivoque usted. No proponemos ningún crecimiento exponencial. Proponemos la distribución de la riqueza, la disminución de las desigualdades sociales en un proceso dinámico en el que esperamos con escepticismo, pero sin rendirnos, que el desarrollo tecnológico encuentre una solución, compatible con el 2º principio de la termodinámica, a la cuestión de que los perros no puedan maullar y los homínidos modernos no puedan decrecer .
      Un apunte -sólo a modo de reflexión- : la energía solar nos llega a nuestro planeta dispersa, muy degradada, con enormes grados de entropía. Sin embargo, la función clorofílica de las plantas captura esa energía degradada y la ordena: desde inapreciables hierbajos hasta imponentes arboles. Es como un alto en el proceso de degradación entrópica de la energía solar; una singularidad del cosmos que permite la existencia de planetas habitables… es sólo un ejemplo y sólo a modo de metáfora. Quiero decir que la trasmisión del conocimiento por vía cultural y no sólo genética -como les pasa al resto de nuestros queridos colegas terrestres- podría llegar a suministrarnos tecnologías clorofílicas -expresión también metafórica- que pudieran hacer compatible un cierto crecimiento con la sostenibilidad de la naturaleza que da soporte a nuestra especie y al resto de especies que nos han acompañado hasta aquí. Al respecto, somos muy escépticos. Pero no por eso dejamos de intentarlo. Nuestra propuesta: la transición energética. Ya la conoce… y cuidado, mucho cuidado con los lobbys fósiles y nucleares.

      • Pues nada entonces, sigan rezando uds. a ver si el “milagrito” tecnológico aparece pronto. Otros intentaremos tomar otros caminos e intentar conservar el control de nuestras vidas sin esperar “manás” caídos del cielo en forma de “tecnologías”. Que tengan uds. mucha suerte, sigan teniendo Fé y no olviden sus oraciones por las noches con sus sagrados libros económicos, algunos ya casi con tanta antigüedad como La Biblia. Que el Dios Mercados se apiade de uds. Amén.

      • Tengo la sensación de haber llegado tarde al debate.

        Estoy de acuerdo en lo que dice, salvo en que la transición energética deba ser única y sin fisuras la utilización de energías renovables (eólica, solar, maremotriz). Estas energías han mostrado ser caras y su utilización es problemática debido a su variabilidad y su alto grado de correlación temporal. Ello obliga a plantear sistemas de acumulación que son aún más caros que la energía primaria que producen (caras no sólo en términos económicos, también en términos de EROEI, como bien indica el Informe de TulletPrebon.com). Estoy de acuerdo en que hay un gran margen para ahorrar energía y que este ahorro debe llevarse a cabo, pero agotado el margen de ahorro que proporciona la utilización de tecnologías menos intensivas en energía vamos a seguir necesitando transporte, energía eléctrica para la industria y los hogares, etc.

        Existen otras transiciones que pueden hacerse… la cuestión es tener la voluntad (política) y los conocimientos técnicos para hacerlas. Por ejemplo, la última línea escribe “cuidado, mucho cuidado con los lobbys fósiles y nucleares”. ¿Es esto un rechazo frontal a cualquier forma de energía nuclear, cualquiera que tengamos actualmente o que pudiera desarrollarse en el futuro? Verdaderamente suena ideológico. Si es así, se estará cerrando la puerta radicalmente a un desarrollo tecnológico potencialmente importantísimo. Cualquier rechazo radical como el que se expone debería tener fundamentos técnicos extraordinariamente sólidos, teniendo en cuenta, por ejemplo, que la energía que se extrae de la fisión de un átomo de plutonio es del orden de un millón de veces la que se obtiene de la rotura de un enlace de hidrocarburo.

        Yo no cerraría la puerta a formas de energía potencialmente interesantes si el salto de eficiencia fuera del orden de millones de veces (decenas de veces posiblemente ya justificarían su uso), por potencialmente peligrosas que fueran aunque estemos a décadas de su utilización comercial. Siempre podemos perfeccionar soluciones tecnológicas para limitar el peligro o mitigar los efectos de algún accidente a la que cualquier tecnología está expuesta.

  5. Thermoeconomics, su asertación: “las llamadas Energías Renovables son cada día más reconocidas como extensiones de los combustibles fósiles y que resultarían absolutamente inviables a escala masiva sin la existencia de estos” está fabricada en los despachos de los lobbys antes mencionados. Y sí, estos lobbys prefieren hacer llamamientos al buenismo de los individuos ¿de cuantos? ¿de 7.000 Millones? como alternativa al desarrollo de las tecnologías que utilizan fuentes primarias renovables…. pura intoxicación que a lo que se ve da resultados.
    Pero Thermoeconomics, su último comentario no forma parte del debate. Es una descalificación. Y sólo se recurre a las descalificaciones cuando se carece de argumentos o se es incompetente en la materia que se debate.

    • Si a uds. les parece de recibo la contestación del Sr, Jorge Fabra Utray a mis comentarios deberían hacérselo mirar, yo consideraba este lugar como un sitio serio y con cierto rigor, estaba equivocado…
      El que propina desprecio por los argumentos de los demás recibe desprecio en justa correspondencia. Su ecuanimidad se retrata en el hecho de llamar la atención únicamente a un servidor, en fin… barriendo para casa.
      Lo suyo es más de lo mismo, dogmas y más dogmas, el argumento mainstream de toda la vida, el mismo de la tele…
      Lo más preocupante es que uds. demuestran una profunda ignorancia sobre la auténtica realidad energética mundial, pero pretenden ofrecer recetas sobre algo de lo que son sumamente ignorantes. Esto si que da mucho miedo.
      En fin, no se preocupen, está claro que los argumentos de otras disciplinas como la Física o la Biología no les interesan, sigan insistiendo en los mismos errores, sigan vendiendo soluciones tecnológicas que no existen y continúen haciendo creer a sus semejantes que esto es un problema pasajero.
      Eso si, cuando se consume el desastre luego no vengan diciendo que nadie lo había previsto.
      Un saludo y suerte.

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