El BCE reconoce sus errores pasados

Bruno Estrada López es Director de Estudios y Proyectos de la Fundación 1º de mayo y miembro de Economistas Frente a la Crisis

Creo que la pregunta del millón sobre la actuación del Banco Central Europeo, dada la gravedad de la situación en la zona euro, es si se debe valorar por el impacto, no solo sobre el nivel de precios, si no también sobre el crecimiento económico y el empleo, más allá de lo que figura en sus propios estatutos.

Las recientes medidas tomadas por Draghi, de reducir los tipos de interés a un 0,05% y destinar 400.000 millones de euros para subastas de liquidez para los bancos, suponen una respuesta afirmativa por parte del propio Banco Central Europeo a esta pregunta, aunque se enmascaren bajo la excusa de la lucha contra la deflación. El problema es que la respuesta llega tarde y esta mal dirigida, por el destino que se va a dar a ese dinero fresco y barato.

Evolución de los tipos de interés del BCE y la Reserva Federal 1999-2014.

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La respuesta es tardía, como se observa en el gráfico superior. En noviembre de 2013 el BCE redujo los tipos al 0,25%, cinco años después de que la Reserva Federal hubiera alcanzado ese nivel. Hemos perdido cinco años y, más grave, millones de puestos de trabajo.

Y, sobre todo, es una respuesta mal dirigida, ya que solo se dirige a los bancos, mayoritariamente privados, de la zona euro, y no a los estados. A diferencia de lo que ha venido haciendo la Reserva Federal.

2Fuente: La Caixa.

En este otro gráfico se observa claramente el diferente compromiso de la Fed y del BCE con las políticas de expansión fiscal. En el periodo 2007-2012 el balance del BCE se amplió en mucho menos que el de la Fed, en torno un 25% menos, medio billón de dólares. Pero la diferencia más relevante es que la Fed destinó aproximadamente la mitad de sus compras de activos a prestar dinero casi a tipo cero a los bancos privados (1.032 mil millones de $) y la otra mitad (979 mil millones de $) a financiar a bajo coste al gobierno de EEUU. Mientras que el BCE lo hizo en proporciones muy diferentes, el volumen de financiación destinado a la compra de deuda pública fue apenas un 18% del total. Apenas 201 mil millones de $, una cifra muy inferior a la de la FEd, que además se ha hecho en los mercados secundarios, es decir, a tipos de interés de mercado, lo que ha penalizado aún más las cuentas públicas de los países del euro que tenían problemas de financiación exterior.

Las medidas de Draghi son un reconocimiento de los errores del pasado cometidos por el BCE, aunque llegan con mucho retraso y están mal dirigidas.

Con tipos de interés cercanos a cero puede desaparecer la línea divisoria entre la política monetaria y la política fiscal, ya que aumentar el gasto público no requiere de un incremento de la presión fiscal que pudiera dificultar aun más la recuperación de la actividad en el sector privado. Esto es, financiar una política fiscal expansiva mediante emisión de deuda pública, sale muy barato. Pero esto no ha sucedido en los países del sur de Europa, el estado no ha podido jugar un papel como dinamizador de la economía, porque las autoridades comunitarias (Comisión Europea y BCE) no han dirigido el crédito barato del BCE a la compra de su deuda pública a tipos cercanos a cero. Es cierto que una política como la de la Fed no se puede mantener indefinidamente en el tiempo, cuestión que ahora es objeto de debate en el seno de la propia Fed, ya que genera un incremento de la deuda pública que a largo plazo sería insostenible, pero hay que reconocer que durante un tiempo determinado tiene más pros (impulsa el crecimiento económico y el empleo), que contras, (endeudamiento creciente y un supuesto riesgo inflacionista que se ha demostrado inexistente).

La razón de la diferente evolución del PIB en la zona euro (en 2013 solo representaba un 98,3% del valor alcanzado en 2007) y, particularmente de los países más afectados por los problemas de endeudamiento exterior (el PIB de Grecia en 2013 era un 76,4% del de 2007, el de Italia un 91,3%, el de Irlanda un 92,4%, el de Portugal un 93,3% y el de España un 94,3%), y el de EEUU (en 2013 fue un 106% del de 2007) y del empleo (las tasas de desempleo de la zona euro son casi el doble de las de EEUU, y las de algunos países como España y Grecia, cuatro veces superiores) estriba precisamente en el diferente comportamiento de sus respectivos Bancos Centrales en relación con la capacidad de intervenir en la economía por parte del sector público.

EEUU, gracias a una política fiscal expansiva, en la cual fue determinante el apoyo prestado por la Fed mediante una heterodoxa política monetaria, inició antes que la zona euro la recuperación del crecimiento económico y de su capacidad de crear empleo. Las tasas de desempleo empezaron a reducirse a partir de 2009, tras la recuperación de su demanda nacional.

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Después de varios años con tasas de crecimiento del gasto interno total en torno al 2%, en la actualidad el desempleo en EEUU está por debajo del 7%.

Las políticas monetarias no convencionales son necesarias, pero sólo pueden ser efectivas si se acompañan de otras políticas económicas que ayuden a reducir el exceso de ahorro, para que no se genere una nueva espiral especulativa en los mercados financieros. Es decir, una política monetaria expansiva para que sea efectiva en términos de crecimiento económico y generación de empleo debe estar acompañada de: 1) un impulso de la demanda pública, vía aumento del gasto público, y 2) un estímulo de la demanda privada, incrementando los salarios y el crédito.

Es decir, las actuales medidas de política monetaria del BCE son una muestra de sus anteriores fracasos, pero para que sean realmente efectivas en términos de empleo y crecimiento económico, que es lo que demandan los ciudadanos europeos, deben dirigirse en primer lugar a financiar la deuda pública de los estados. Esto se podría hacer sin saltarse los estatutos del BCE, si este prestará dinero a gran escala al 0,05% al Banco Europeo de Inversiones (BEI), y/o al Fondo Europeo de Inversiones (FEI), que podrían comprar la deuda publica de los países mencionados a un coste significativamente menor, y sin que los bancos privados hagan negocio a costa del sufrimiento de millones de europeos.

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