Elecciones Europeas: Cuidado con las expectativas

José Moisés Martín Carretrero (@jmmacmartin), economista, es miembro de Economistas Frente a la Crisis

La desafección de la ciudadanía hacia las instituciones europeas está llegando a niveles alarmantes, pero en nada ayuda generar falsas ilusiones y falsas expectativas en relación con las consecuencias de las elecciones del mes de Mayo.

El día 25 de Mayo se celebrarán las primeras elecciones europeas bajo el nuevo formato emanado del Tratado de Lisboa. Se supone que, a partir de las mismas, el nivel de transparencia democrática de las instituciones europeas mejorará gracias a la vinculación entre la elección del presidente de la Comisión Europea y los resultados en las elecciones al Parlamento. De esta manera, una mayoría clara de una determinada tendencia en el Parlamento Europeo tendría una relación directa con el nombramiento del Presidente de la Comisión.

No obstante, y precisamente debido al fervor participativo que se puede generar en relación con este avance, conviene clarificar algunos aspectos antes de llamarnos a engaño.

En primer lugar, hay que situar exactamente a la Comisión Europea en el entramado institucional que nos ocupa. Efectivamente, la Comisión mantiene un importante conjunto de competencias en los asuntos que han sido transferidos, como política de competencia, comercio exterior, aspectos de la agricultura, medio ambiente, protección de consumidores, etc[1]. También tiene el derecho de iniciativa legislativa, esto es, el primer texto de los reglamentos y directivas sale de su seno. Estos poderes son de importancia capital, pero su vinculación con las políticas macroeconómicas es relativamente débil. La Comisión tiene, en el ámbito de las políticas macroeconómicas, una competencia limitada a un rol de coordinación y sometida al dictado del Consejo, y actúa, en realidad, casi como un secretariado técnico de un Consejo con un fuerte componente intergubernamental. Su papel en el marco del Pacto de Estabilidad y Crecimiento y en el Pacto Fiscal está muy mediatizado por el carácter intergubernamental en la toma de decisiones. Esto es, no tiene toda la capacidad de decisión en su mano, sino que examina y propone, teniendo el Consejo –los estados miembros- la última palabra en prácticamente todos los asuntos estratégicos.

La política monetaria de la Eurozona, aún siendo competencia exclusiva de la Unión Europea, está dirigida por el Banco Central Europeo, cuyo carácter independiente le aleja de cualquier proceso de designación parlamentaria.

En segundo lugar, la Comisión Europea no es un gobierno, aunque a primera vista se le parezca mucho. El colegio de comisarios es exactamente eso, un colegio, y el presidente de la Comisión no puede hacerse un equipo –un gabinete- sino que el resto de Comisarios son designados por sus estados correspondientes, y en cuyo seno conviven las principales corrientes ideológicas. Es “de facto” una gran coalición. Y lo ha sido desde el inicio de los tiempos, en la medida en que conservadores, socialdemócratas, y liberales han mantenido comisarios en el mismo mandato y bajo presidentes de diferentes ideologías.

En tercer lugar, y obviando lo anterior –que ya sería mucho obviar- le resultará difícil a cualquier presidente de la Comisión sacar adelante un programa de “gobierno”. En primer lugar porque los grandes lineamientos del presupuesto comunitario están ya prefijados en el marco de las perspectivas financieras 2014-2020, en segundo lugar porque el margen de maniobra de un presupuesto que tiene un peso de menos del 1% del PIB europeo es francamente limitado. En tercer lugar, y lo más definitivo, es que cualquier medida de calado que pueda tomar se encontrará con la necesidad del beneplácito del Consejo, donde se podría encontrar con una mayoría de signo político diferente. Conviene señalar que el papel que ha jugado el liderazgo de la Comisión Europea ha tenido que ver más con los aspectos declarativos que con los ejecutivos. El presidente de la Comisión juega un papel de protector del interés común (la Comisión es la “guardiana de los tratados”) y, conjuntamente con el Presidente del Consejo –cuya designación corresponde exclusivamente a los estados miembros- de moderador y facilitador de acuerdos. Será difícil –por no decir prácticamente imposible- que el presidente de la Comisión pueda ejecutar un programa de “gobierno” que oriente la balanza hacia una determinada orientación política que no sea la mayoritaria en el Consejo. Si el futuro presidente de la Comisión Europea ejerce su liderazgo confrontando con parte de los estados miembros, el conflicto interinstitucional estará servido.

Con todo, la designación del presidente de la Comisión Europea teniendo en cuenta los resultados de las elecciones al Parlamento Europeo es un paso importante. Seguramente la orientación política del presidente de la Comisión se notará en muchos aspectos sustantivos. Pero este avance debe ser puesto en su contexto. Su máximo impacto se plasmará en las políticas que son competencia exclusiva de la Unión Europea, mientras que en otras será prácticamente inexistente. Aunque es un lugar común decir -hasta la saciedad- que el 80% de la legislación tiene su origen en iniciativas europeas, lo cierto está en que estudios empíricos han demostrado que en realidad esta cifra se reduce a aproximadamente una de cada cinco leyes, aunque esta cifra no representa realmente el grado de influencia de la Unión Europea en los procesos legislativos nacionales.

De no ser tenidos estos matices en cuenta, la ciudadanía podría encontrarse con un nuevo desengaño cuando descubran que han participado en unas elecciones al Parlamento Europeo pensando en un determinado programa de gobierno, y que dicho programa de gobierno no es factible porque ni el Parlamento ni la Comisión tienen el poder suficiente para hacerlo realidad

Ténganse en cuenta esta importante matización, también por parte de los diferentes partidos políticos que están afinando sus estrategias, en la esperanza de que se distinga bien entre proyecto político –visión a largo plazo, futuribles- y programa de gobierno –lo que realmente se puede hacer y lo que efectivamente se va a hacer. Es comprensible que se busquen discursos movilizadores, capaces de atraer voto y de generar participación en unas elecciones que en términos nacionales son consideradas menores. Pero cuidado con las expectativas. Al europeísmo le quedan pocas balas en el cargador, y conviene usarlas sabiamente.


[1] Un buena exposición esquemática de las competencias de la Unión Europea y de la Comisión se encuentran en la siguiente dirección: http://ec.europa.eu/citizens-initiative/public/competences/faq?lg=es#q1

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