Inmensa Demostración de Poder


Por Juan Ignacio Bartolomé Gironella y Jorge Fabra Utray, miembros de Economistas Frente a la Crisis -Madrid- (en PUBLICO 20 de SEP 2011)

“Es la medida más suave que podía tomar”. La justificación del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, al proponer, con el aplauso del PP, una reforma constitucional que condicionará durante décadas la política económica, nos deja perplejos. ¿Cuáles serían las alternativas menos suaves?

Desde la reunión del Consejo de Ministros de Finanzas de la UE, celebrada el 9 de mayo de 2010, el Gobierno ha ido tomando medidas a sabiendas de que incidirían negativamente en la crisis, que ralentizarían el crecimiento del PIB y aumentarían el paro, bajo el argumento de que se ve obligado a hacerlo. ¿Qué está pasando? La explicación, que parece contar con un consenso sorprendente, es que “los mercados”, orientados por las agencias de calificación de riesgo, castigan el déficit de las administraciones públicas con un aumento de las primas de riesgo e, incluso, con la amenaza de provocar la quiebra del Estado. Ante lo cual la UE exige reducciones drásticas del gasto público.

Lo asombroso es que se puede constatar sin dificultad que el origen del déficit no está en el incremento del gasto sino en la reducción de los ingresos públicos y que el volumen de la deuda pública española se mantiene en niveles muy aceptables. La parte esencial del gasto público va dirigida a la formación, a la sanidad, a la creación de infraestructuras, a la seguridad, a la cohesión social y territorial… son partidas necesarias para el funcionamiento eficiente de la economía y que, además, generan demanda efectiva en momentos en que la reducción de la demanda privada ostenta un protagonismo evidente en el origen y en la continuidad de la crisis.

Los gastos públicos se contabilizan anualmente con criterios de caja, pero no se contabiliza el retorno que generan en los ejercicios sucesivos, tanto desde la óptica de su contribución a la mejora de la economía del país y al bienestar social, como de su contribución al aumento de los ingresos públicos. Sin embargo, gracias a las orientaciones de las agencias de calificación de riesgos, los oferentes de financiación actúan coordinadamente frente a la demanda de recursos financieros de los gobiernos, lo que les proporciona un amplio poder de mercado. La agencia empeora la calificación y los agentes financieros incrementan las primas sobre la deuda, lo que aumenta el déficit y la deuda misma. Por cierto, las tres hermanas: Moody’s, Standar & Poor’s y Fitch, detentan, probablemente, el mayor grado de monopolio conocido en un mercado mundial.
Es decir, en los mercados financieros las condiciones de competencia perfecta decaen al actuar una inteligencia coordinadora, como también pasaría en cualquier otro mercado, el del pan o el del acero, si existieran unas agencias que van dando indicaciones de cuáles deben ser los precios de oferta. Y, abundando en el tema, ya nos hubiera gustado a todos que la calificación de los activos financieros basura, en los años previos a la crisis, hubiera estado sometida a la estricta observancia que dicen aplicar hoy al déficit público. Es, probablemente, el mejor ejemplo de los efectos perversos que pueden derivarse de actuaciones incontroladas en condiciones de oligopolio.

Parecería lógico que la UE tratara de contrarrestar estos efectos perversos con medidas que están a su alcance. Crear una agencia de calificación dependiente del Banco Central Europeo (BCE) rompería el monopolio de las tres hermanas. Emitir bonos del BCE estabilizaría los tipos de interés y reduciría el servicio de la deuda pública. Son sólo ejemplos de actuaciones contundentes. Sin embargo, las autoridades económicas de la UE se limitan a sacralizar la operativa de los mercados y a exigir reducciones del gasto público. No parecen entender que el primer objetivo es evitar la inactividad del sistema productivo y que esta actividad es la mejor receta para reducir el déficit y afrontar la deuda. ¿Cómo es posible que se insista en una política que implica cerrar escuelas, hospitales, fábricas, pequeños negocios…? ¿No está suficientemente probado que la realidad contradice con rigor sus argumentos?

A primera vista, el panorama presenta amplias dosis de surrealismo. ¿Qué está pasando? La tendencia apunta a la reducción de la capacidad del Estado para redistribuir la renta a través de las prestaciones sociales, con la consiguiente privatización de sectores como la sanidad, la educación o las pensiones, y al estrechamiento de los límites de las políticas socialdemócratas y las actuaciones sindicales. Ello consolidaría una sociedad dual. También se tiende a la pérdida de protagonismo de las instituciones comunitarias sometidas al predominio de unos países sobre otros. Es, en el fondo, una inmensa demostración de poder.

No debería ser necesario aclarar que nuestro crecimiento en los años pasados llevaba consigo cuantiosas compras a empresas alemanas y de otros países europeos, incrementando la rentabilidad de sus inversiones en instalaciones y en investigación. Y que una parte relevante de los recursos con que se han financiado estas compras proceden de entidades financieras que radican en esos países, a las que se pagan puntualmente lo intereses correspondientes. Se trata, simplemente, de crédito al cliente, una práctica comercial generalizada y perfectamente aceptable.

La reciente declaración en boca de mandatarios europeos, en el contexto de la crisis griega: “Quien cumpla no será expulsado del euro” o lo que es lo mismo, se expulsará del euro al que no cumpla, además de destilar un estilo de matón de barrio, trasluce ignorancia, miopía e incomprensión del papel histórico de la UE y de las ventajas de todo tipo que presta a todos y cada uno de los países que la componen.

http://www.economistasfrentealacrisis.com

No es economía, es ideología


http://politica.elpais.com/politica/2011/09/16/actualidad/1316197852_481440.html

El 9 de mayo de 2010 la mayoría conservadora representada en la reunión del Ecofin impuso a España, bajo el argumento de la consolidación fiscal como vía para prevenir situaciones de insolvencia, una política fiscal restrictiva que en la coyuntura actual es procíclica y contractiva. Se puso la atención no sobre el nivel de deuda pública, que constituye la referencia real de la solvencia financiera de los Estados, sino sobre el saldo presupuestario, una variable anual bajo la gestión y el control de los Gobiernos y de los Parlamentos nacionales.

Aparentemente se trataba de mandar una señal de estabilidad financiera a los mercados con medidas que garantizaran la capacidad de pago de la deuda a sus vencimientos. De esta manera, las primas de riesgo financieras deberían disminuir. Pero los mercados han respondido a las políticas restrictivas del gasto público exigiendo mayores primas de riesgo, y no menores, como aparentemente se pretendía.

¿Se han equivocado los mercados o se han equivocado las políticas?

La respuesta es clara. Aquí no hay equivocación alguna. A la política de la Europa conservadora lo que le interesa es la disminución del papel de los Estados en la economía. Y a los mercados lo que les interesaría es la recuperación de la economía, de los negocios, es decir, de la demanda efectiva, porque esa es la vía que suministraría a sus deudores, públicos o privados, mayores ingresos y con ello mayores garantías de que podrán hacer frente a sus compromisos. Por consiguiente, ambos consiguen lo que persiguen: los primeros, de manera directa, el empequeñecimiento del Estado, la disminución de las prestaciones sociales; y los segundos, aunque de manera indirecta, también, a través del aumento de las primas de riesgo de la deuda que es la variable que resuelve la ecuación de sus intereses ante las políticas contractivas que debilitan la solvencia de sus deudores.

Quienes ahora, con la crisis, claman por la austeridad, no hacen otra cosa que hacer lo que siempre han hecho con crisis o sin crisis: clamar por la austeridad, no en su sentido ético sino en su proyección sobre el contenido y alcance del Estado de bienestar, que consideran excesivo. La crisis es su coartada, no su argumento.

No son los mercados ni tampoco los especuladores, por muy imperfectos que sean los unos y por mucha información privilegiada que posean los otros, los culpables de la crisis, de su profundidad ni de su duración. Los culpables son las políticas que persiguen objetivos ocultos para la ciudadanía; la desregulación, que también es política; las señales confusas y equívocas de las instituciones financieras europeas y nacionales y de las agencias de calificación, que también son política. Es la política que orienta los mercados la culpable de que las primas de riesgo alcancen niveles inasumibles, incluso, para las economías solventes en sus fundamentos económicos. Los mercados no hacen, al fin, más que responder a las señales que reciben.

Detrás de las decisiones del Eurogrupo los fundamentos técnicos son menores que los ideológicos. La realidad está siendo concluyente: los mercados no se han calmado y el Estado de bienestar se resiente. La realidad está refutando los principios y las proposiciones declaradas que informan la política económica que emerge de las instituciones de la Unión.

Si la limitación del déficit público estructural se basara en una regla rígida, como por otra parte siempre sugirió el Partido Popular, las consecuencias serían desastrosas porque el Gobierno perdería la capacidad de gestión del saldo presupuestario con criterios anticíclicos, cuestión especialmente grave sin la autonomía de la política monetaria que está bajo la responsabilidad del BCE. Por otra parte, si se trata de diseñar una regla flexible, como parece querer ser reconducida la propuesta inicial de constitucionalizar el déficit cero, cabe preguntarse ¿qué es lo que realmente se quiere que no suministre ya el Pacto de Estabilidad y Crecimiento y sus correlatos en la vigente legislación española?

Nadie duda de las ventajas de mantener políticas fiscales y monetarias estables que reduzcan la incertidumbre y faciliten la toma de decisiones por parte de los agentes. Por consiguiente, la cuestión no es esta. La cuestión sometida a debate es si esa política debe establecerse o no mediante una regla que limite los grados de libertad de que disponen el Gobierno y el Parlamento sobre la gestión del saldo presupuestario.

No se trata de enfrentar la austeridad al derroche, la estabilidad a la inestabilidad, como arteramente se pretende, sino de cómo se debe ser austero y estable. Si mediante la gestión inteligente y responsable o mediante la pérdida de libertad. Se trata de discernir cuáles son las ventajas y los inconvenientes de una u otra opción y de comprender cuáles son sus implicaciones sobre el bienestar de los ciudadanos. Se trata de opciones políticas. Se trata de la política con mayúsculas.

Limitar la posibilidad de incurrir en déficits estructurales es coartar la posibilidad de que las Administraciones públicas, más allá de la actuación de los estabilizadores automáticos, confieran una orientación expansiva a la política fiscal en aquellas situaciones en las que el ciclo o la coyuntura lo aconsejen, siempre, claro está, que no se amenacen los niveles de una deuda sostenible. Es decir, supone la renuncia a la política fiscal como instrumento de política económica.

Pero no solo estamos ante una cuestión que afecte a la gestión del ciclo o de la coyuntura. Estamos también ante una cuestión de primer orden que afecta a la concepción del Estado: ¿queremos un Estado que sea un agente activo en la economía, tal y como establece el artículo 128 de la Constitución, o un Estado que se limite a la administración de sus gastos corrientes? Lo segundo sería la consecuencia ineludible de limitar, a través de la limitación del déficit estructural a valores cercanos a cero, la capacidad de endeudamiento del Estado. Su capacidad de inversión.

El debate de reglas frente a discreción no es nuevo y por tanto no es sorprendente que resurja en el marco de la crisis actual. La reforma puesta en marcha, no solo disminuye los grados de libertad de los que debe disponer un Gobierno democrático, es también una limitación al voto de los ciudadanos que quieran optar por propuestas políticas que promulguen una mayor presencia del Estado en la economía. La reforma anula, en definitiva, una de las razones que a muchos ciudadanos les conducía a introducir un voto socialdemócrata en las urnas. Por ello, lo que sí es sorprendente es que en España, país cuya estructura económica es particularmente procíclica y el Estado particularmente pequeño, sea un Gobierno que se reclama socialdemócrata el que haya decidido incluir el criterio de la estabilidad presupuestaria en la Constitución y su cuantificación en una Ley Orgánica.

El 9 de mayo de 2010 no solo se asestó un golpe al Estado de bienestar europeo. Fue también el día en el que las posiciones que nos llevaron a esta crisis triunfaron sobre el sentido común. La propuesta de la reforma constitucional del 23 de agosto lo ha confirmado. Esto no es economía. Esto es ideología.

Los economistas no deberíamos permanecer callados. Tenemos la obligación de decir estas cosas y las estamos diciendo aunque de manera aislada, con intervenciones puntuales y sin respaldo de institución alguna. Es el silencio de los Colegios de Economistas el que es clamoroso. Los Economistas Frente a la Crisis no podemos permanecer indiferentes. Por esta razón, quienes firmamos este artículo, encabezaremos una candidatura a las próximas elecciones del Colegio de Economistas de Madrid. Necesitamos abrir sus puertas de par en par, porque queremos impulsar en la sociedad la reflexión de los economistas y de todos los ciudadanos que quieran compartir el debate y las propuestas.

Jorge Fabra Utray fue decano del Colegio de Economistas de Madrid en 1981-1983. Juan Ignacio Bartolomé Gironella fue decano del Colegio de Economistas de Madrid en 1984-1988.

Crisis en el BCE


Publicado por JOSE CARLOS DIEZ en CINCO DÍAS:

http://blogs.cincodias.com/el_economista_observador/2011/09/crisis-en-el-bce.html

 

La dimisión de Stark ha provocado una grave crisis en el BCE. No es casual que estas crisis se produzcan en momentos de máxima tensión de los mercados. Las diferencias venían de antes y la necesidad de acción provoca la dimisión. El puesto de Stark es clave ya que además de formar parte del consejo, dirige el servicio de estudios y es el responsable de proveer de documentación e información al Consejo para tomar sus decisiones.

En 2008, Stark perdió toda credibilidad y su autoritas al no anticipar al consejo que la economía, lejos de una espiral inflacionista, se dirigía a una depresión y el riesgo era la deflación. Stark fue el mayor contribuidor al error histórico del consejo al subir tipos en julio de 2008 en medio de la peor recesión de los últimos setenta años.

Lo peor es que en 2011 ha vuelto a provocar la equivocación del consejo. En marzo la tensión en el norte de África se llevó el petróleo a 120 $/barril y había riesgo de 200$ barril a final de año. El temor a la inflación era real y justificó la subida de tipos del BCE con la economía alemana creciendo en el 1tr11 a su mayor tasa de los últimos 25 años y con fuerte tirón de la demanda interna. Europa había recuperado su locomotora, que llevaba gripada desde 2001. Pero de nuevo el consejo se equivocó subiendo tipos en julio de este año con la economía estancada en el mejor de los casos, con riesgo elevado de recesión en el 4tr11 y los mercados al borde de un nuevo episodio de inestabilidad financiera.  

Stark ha aludido motivos personales pero no es creíble. Ayer se paseó por los medios explicando sus divergencias con la decisión del consejo de comprar bonos. Pero esto tampoco ha debido ser la causa. El BCE empezó a hacer medidas heterodoxas en 2008 y comenzó a comprar bonos bancarios en 2009. En 2010 inició un programa de compra de deuda pública de Grecia, Irlanda y Portugal. Por lo tanto, si era contrario a la compra de bonos, se debería haber ido en 2009.

Cómo siempre la causa habrá sido un problema de poder, como ya sucedió con Axel Weber. Los europeos nos beneficiamos de la soberanía del marco alemán y esto siempre ha dado un voto de calidad a los alemanes en el Consejo. Pero formalmente, el consejo está formado por 22 miembros y Alemania sólo tiene dos sillas, la del Presidente del Bundesbank y la de Stark. La realidad es que esta sensación de control y de protectorado que su gobierno está vendiendo dentro de Alemania es pura ficción. Por esta razón, ha salido ahora Alemania con una propuesta de reformar los tratados, simplemente para recuperar cuota de poder.

Lo más increíble es que Stark siga yendo por la vida de ortodoxo. Stark es un político de carrera que siempre ha ocupado altos cargos de responsabilidad cuando ha gobernado la CDU. En 1989, en la unificación, los informes técnicos recomendaban un canje de conversión de un marco del Oeste por cada cinco del Este. El Bundesbank acabó recomendando uno a tres. La decisión política del Gobierno de Stark fue uno a uno. Aquello supuso un brutal aumento del dinero en circulación en Europa en una economía sobrecalentada al final de un ciclo expansivo. Esto forzó posteriormente al Bundesbank a subir tipos al 10% forzando la recesión generalizada en toda Europa. Aquello por ejemplo precipitó las crisis bancarias en Suecia, Noruega o Dinamarca y desde entonces se generó la visión en aquellos países de que mejor estar fuera del Euro. También acabó provocando la crisis del Sistema Monetario Europeo en 1992. ¿Qué hizo en aquél momento Stark? Tragar como buen correligionario político.

En los noventa Alemania se embarcó en planes brutales de gasto público para reconstruir los länders del Este. Y Stark tragó. Tras la crisis del 2000, Alemania entró en un profunda crisis a la japonesa y aquello forzó al BCE a bajar los tipos al 2% y mantenerlos hasta 2005, contribuyendo a la burbuja de crédito global que ha sido la causa de la crisis que ahora estamos padeciendo. Y Stark tragó.

Te adjunto un archivo Descargar Table_maas en el que podrás comprobar cómo Alemania ha incumplido el límite de deuda de Maastrich del 60% desde 2001 y en 7 de los 11 años de vida del euro ha estado al límite o por encima del 3% de déficit. Alemania ha hecho una gestión nefasta de sus finanzas y Stark ha tragado, como un buen alemán. Si te fijas en 2010 con un crecimiento nominal próximo al 5% y un déficit del 3% la deuda pública alemana ha crecido más que la española. El enigma es que están recapitalizando a sus sistema bancario con cantidades ingentes de dinero público de los contribuyentes.

Aún así, el temor es que el proceso de recapitalización aún no ha acanado y el de reestrcuturación aún no ha empezado y ya llevan 11 años de retraso. Por esta razón, cuando Lagarde y el FMI piden recapitalización de los bancos más débiles están hablando principalmente de Alemania. En nuestra querida España estamos en fase de autoflagelación y con síndrome de estacolmo provocado por Merkel pero la realidad es que estamos el podium como el tercer país europeo que mejor ha cumplido sus comprimisos fiscales desde 1999.

La salida de Stark es una excelente noticia para los ciudadanos europeos. Platón y Aristóteles ya nos recomendaban que gobiernen los mejores y este señor ha demostrado ser un auténtico inútil. Crisis en Asia es oportunidad. Hay que eliminar el excesivo poder del economista jefe. Cómo en la Reserva Federal debe ser directamente el Presidente el que controle al servicio de estudios para evitar bicefalias. Además el nuevo economista jefe que ya no será consejero tiene que tener prestigio académico y estar especializado en economía monetaria.

Lo más triste es que de nuevo los alemanes vuelven a proponer al actual secretario de estado de hacienda que tiene el mismo perfil que Stark y como él ningún prestigio académico. Esperemos por el bien del BCE y de la economía europea que la elección sea meritocrática y no atendiendo a la nacionalidad y las cuotas de poder que tanto daño hacen a largo plazo.

A Jurgen Stark simplemente hasta nunca. Ha sido un gran alivio para este economista observador comprobar que por fin nos libramos de él.

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Tertulia Hora 25


Intervención de Miguel Angel Aguilar en la tertulia de Hora 25 de la Cadena SER en la que habla de un artículo de Economistas Frente a la Crisis de próxima publicación. (a partir del minuto 33:10)

http://www.cadenaser.com/actualidad/audios/22-00-hora-25-05-09-2011/csrcsrpor/20110905csrcsr_23/Aes/